Crónicas de la guerra

Crónicas de la guerraDesde que lo descubrí, en el fondo de una caja de libros que hasta ahora ha sido mi más valiosa herencia, supe que iba a perderme entre esas páginas que guardan el olor de lo que debió haber sido una tarde cualquiera, a principios del siglo XX.

La encuadernación, precaria: sin carátula ni contraportada; los folios, de ese tono aceituna con que los años van tiñéndolo todo. Apenas el nombre de cada capítulo sobre las páginas derechas y, sobre las otras, el título del libro sin necesidad de más cartas credenciales: Crónicas de la guerra.

Son las memorias que José Miró Argenter, jefe del Estado Mayor de Antonio Maceo, fue archivando durante el conflicto bélico entre Cuba y España, las que logró salvar de su propio olvido e imprimió para la posteridad, o para que ahora esté yo embelesada y sin saber cómo manejar este cuaderno inmenso para que no se me pulverice la historia.

Tal vez de eso mismo se trate, de manejar los textos para que no se nos haga trizas el pasado. De eso y de humanizar a los héroes, desacralizar a esos santos que hemos ubicado en el panteón de nuestra propia hagiografía insular como si los próceres que forjaron la Patria no hubiesen sido también hombres, sublimes pero imperfectos al fin. De carne y hueso.

A fuerza de enseñarnos la historia de Cuba en blanco y negro, sin los matices de la contradicción, hemos llegado a justificar hasta los errores de unos y a satanizar a otros, como si, por ejemplo, el mismo Vicente García que se atrincheró en Lagunas de Varona no hubiese sido temido por su valentía al punto de ganarse el sobrenombre de El León de Las Tunas.

No sé si en estas crónicas de Argenter habré de encontrar respuesta a todas mis dudas, pero creo, como tantas veces escuché decir a cierto profesor de Filosofía, que “hay que ir a las fuentes”, frase con la que invalidaba por epidérmicos a todos los manuales de segunda, y a seguidas, concluía: “Manipulaciones, las justas”.

De modo que hoy tengo esta fuente primigenia frente a mí, calcinada por un tiempo que ni siquiera me aventuro a predecir. Cualquier otra lectura deberá esperar a que termine la guerra.

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2 comentarios en “Crónicas de la guerra

  1. La gente lo acusa (A Miró, no a Maceo) de contar una historia demasiado imparcial y un poco alejada de los hechos, algo similar a lo que le ocurrió al Padre las Casas, pero yo los perdono a ambos porque al menos nos legaron estas visiones. Si no tuviéramos a Miró de qué manera sabríamos de esa campaña de Pinar del Río, de esa invasión legendaria, de la encarnizada defensa española. Ya verás que muy pronto vas a atener que escribir un segundo post.

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