Estos días tan cortos y estas noches tan largas

Estos días tan cortos y estas noches tan largasDesde la primera vez que leí El anhelo inútil, de Rubén Martínez Villena, un día que no sé precisar en aquella época remota de la primaria, supe -ya de niña me las daba de cartomántica- que habría de recordarlo para siempre.

“¡Oh, mi ensueño, mi ensueño! Vanamente me exaltas:/ ¡Oh, el inútil empeño por subir donde subes!/ Estas alas tan cortas y esas nubes tan altas/ y estas alas queriendo conquistar esas nubes…”

Debió ser una profecía de esta inconformidad constante que he padecido desde entonces. O de esta impotencia, no sé bien. Lo que sí sé, a pesar de lo poco anecdótica y sin claroscuros que me fue enseñada la historia de Cuba de los años 30, es lo fascinada que quedé con la personalidad de Villena, el intelectual joven que lideró la Protesta de los Trece y murió, prosaicamente, del pulmón, como también él había vaticinado.

De su vida no conozco todo lo que debiera, lo admito, pero declamo de memoria su Canción del sainete póstumo, La pupila insomne y algunos sonetos. Sin embargo, ninguno como ese anhelo inútil que ni siquiera en este espacio diseñado para las catarsis me atrevo a definir. Es un misterio, al menos para mí.

Tal vez a esa predilección por el poema se deba que me haya pasado tanto tiempo tratando de parafrasearle uno de los versos, de acomodarlo como título de algún trabajo sin que, hasta ahora, lo haya conseguido.

El más reciente y cañonero de mis intentos fue un comentario que pretendía titular Estos salarios tan cortos y esos precios tan altos. Ya hasta me imaginaba a Villena, desde el Edén de los proletarios convencidos, autorizando semejante plagio.

Así que ahora me doy el gusto -alguno me tengo que dar- de convertir el verso de Rubén en esta frase de desesperación que musité a las seis de la tarde del pasado domingo, cuando me percaté con la noche encima que cesaba el horario de verano y volvíamos todos a la hora de Dios: “Estos días tan cortos y estas noches tan largas…”

Aunque no sea para nombrar un comentario crítico sobre la carestía de la vida o nuestros exiguos salarios, yo sé que Villena hubiese aceptado que le escamoteara el verso. También él sabía de la soledad.

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