Los dos Virgilios

Los dos VirgiliosNunca, pese a mis casi cinco años de graduada, he podido superar ese sobresalto en la boca del estómago cuando voy a entrevistar a alguien. Me siento insignificante detrás de la grabadora, haciendo preguntas predecibles y manidas. Y quizás es un buen síntoma después de todo: no perder el sobresalto.

Con semejante nudo en la garganta -esa sí que es una imagen manida- le pedí una entrevista a Virgilio López Lemus durante la más reciente Jornada de la Poesía en predios espirituanos, una cita que solía reunir a lo más selecto del parnaso insular y que hoy apenas lidia con las asonancias del presupuesto. Hasta aquí llegó Virgilio, más por cierta conmiseración con sus coterráneos que por el poder de convocatoria del evento.

Lo que no sabía antes de sentarme con él bajo la pérgola sin enredaderas del patio de la UNEAC es que López Lemus conserva la ingenuidad casi intacta -nadie que viva en La Habana puede preservarla del todo-, desciende unos cuantos escalones del pedestal al que lo hemos confinado sin que él crea merecerlo y recuerda con precisión cinematográfica los días de su infancia en Fomento.

Tras unos minutos de conversación me percaté de dos hechos, a esas alturas sin remedio: que haber leído dos textos suyos sobre la décima y su libro más entrañable, Narciso, las aguas y el espejo, no bastaba para presumir de conocerlo, y que con ese guajiro culto de Fomento hubiese sido de mayor provecho una charla informal, café mediante, que la camisa de fuerza del cuestionario que había ideado la noche anterior.

Desde ya me auguro que habrá de sucederme con Virgilio lo que con Arístides Vega Chapú, el escritor santaclareño de ascendencia árabe, y con Antón Arrufat: que los creo míos y persigo sus entrevistas, sus presentaciones en público, sus libros más recientes, solo porque me deslumbraron con la irreverencia de sus confesiones. Una suerte de enamoramiento platónico e intelectual.

Casi en las postrimerías de la entrevista, otro poeta lo llamó en sorna “nuestro Virgilio, el bueno”, y desde entonces no he dejado de preguntarme cómo sería tener al otro delante, el problemático, el de “la maldita circunstancia del agua por todas partes”.

Ni todo un mes de lecturas sistemáticas de sus obras de teatro, sus sonetos oscuros y sus cuentos del absurdo; ni todo un mes de fisgonear en sus encontronazos con Lezama me hubiese alcanzado para esbozar alguna interrogante que le acomodara a su temperamento díscolo, a su todavía incomprendida genialidad.

No creo que él hubiera accedido, en primera instancia, a tertuliar en esta ciudad de cultura orgullosamente provinciana; menos aún, a concederle entrevista a una chiquilla recién salida de la cáscara que, por demás, ha plagiado sin el menor recato su célebre y maldita circunstancia. Algo me hubiese reclamado en virtud del derecho de autor.

Tampoco lo imagino edulcorando sus muy chocantes declaraciones, sus criterios cáusticos sobre lo humano y lo divino, el profético estertor de su “tengo miedo”. Me hubiese recalcado una y otra vez para sonsacarme: “Tengo miedo, tengo miedo”, y yo no habría tenido osadía suficiente para cuestionarle por qué.

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5 comentarios en “Los dos Virgilios

  1. Gi, veo que tienes la espada… el escudo lo encontrarás por el camino, no tengo dudas que está esperándote en algún rincón de tus búsquedas. La entrevista es de esas modalidades de esta profesión donde jamás perderás la inquietud y el temor de “lo por venir”. Te lo digo yo, que 26 años después de estarme enfrentando a ese momento, no consigo llegar con tranquilidad ante mi entrevistado.
    Lee, nútrete, aprende cada día. Fisgonea en todas las aristas de la persona que tendrás del otro lado de la grabadora, pero sobre todas las cosas… no te aferres a los escolásticos cuestionarios y dale rienda suelta a la charla. Esa espiritualidad quedará en letras negras y tus lectores la disfrutarán, como hoy disfruto yo, desde la lejanía de la Patria, cada entrega tuya.
    Felicidades

  2. Después de esta presentación tan virginal, sólo me queda una interrogante: ¿dónde puedo leer la entrevista a ese otro Virgilio, acaso el bueno, que también te deslumbró? O es que la estrategia resulta tan simple como hacernos sufrir con este marketing de buena factura para tener que esperar hasta el miércoles que viene. Por favor, dile a tus seguidores dónde encontramos la entrevista a este Virgilio que te hizo sentir insignificante y con nudo en la garganta y todo. Dícelo y no los (nos) hagas esperar, anda.

  3. Gisselle:
    yo tampoco me desprendo de los nervios en las entrevistas. Llegar a tiempo, que no se me acabe la batería de las pilas, poder notar los gestos, hacer las preguntas en el orden que las llevo…lo más difícil, como dices, es tener preguntas nuevas.
    Sigue persiguiendo entrevistas a Virgilio, a Arrufat….si con esas persecusiones nos regalas post como estos.

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