La Habana es ancha y ajena

La Habana es ancha y ajenaEl Malecón y sus lucecitas para escena; las olas embistiendo ese muro de piedra con que los habaneros pretenden contener el mar; los carros de embajadas que pasan, salpicando sin cargos de conciencia a los vendedores de maní; la silueta provocativa del Hotel Nacional, fuera del alcance de mis bolsillos: todo en La Habana me es hostil.

A veces me pregunto cómo hubiera sido estudiar allí, instalarme en un modo de vida más cosmopolita, menos bucólico, casi tan ancho y ajeno como el mundo de Ciro Alegría. No sé si me habría adaptado. Tal vez sí, y a estas alturas aplaudiría a Industriales con la misma vehemencia con que le voy a los Gallos, mientras no jueguen contra Villa Clara.

Habría sido feliz acaparando las credenciales de todos los festivales de cine, jornadas de teatro polaco, simposios en Casa de las Américas, cursos de técnicas narrativas, descargas en la calle G… Habría sido una “otra” feliz.

De seguro le pasaría por un costado al Capitolio sin mirarlo, para que no se me notara el brillo en los ojos con que los guajiros nos delatamos frente a esa cúpula gigante, a los pies de La República. No disfrutaría a pierna suelta el espectáculo de ese edificio monumental que es también el kilómetro cero de mi propia Carretera Central -a veces uno, como los caminos, tiene sus puntos de partida, sus bifurcaciones, sus encrucijadas-.

De modo que ahora mismo vendría Rampa arriba de cualquier parte, y no andaría lamentándome, como hoy, por ese viaje a Oriente malogrado por falta de combustible que me dejó la vaga sensación de estar perdiéndome las esencias más raigales del cubano. Oriente es otro mundo, más estrecho pero definitivamente menos hostil.

Rumbo a esa antípoda de la isla hubiese preferido partir, aunque mis padres me reprocharan lo que ellos llaman mi “tendencia al subdesarrollo”. Debo entonces convencerlos de que no me voy a quedar en Santiago, aunque se me note a la legua la misma obsesión de Lorca -ay, estas muchachitas que no disimulan nada-; o de que mi interés por el este de Cuba es puramente etnográfico, folclórico, coyuntural. Ni yo misma me lo creo, en principio.

Lo cierto es que en La Habana, mientras me montaba en la barriga de una guagua de cuyo número no logro acordarme, terminé por convencerme de lo que ya intuía desde que extendí hacia Oriente las fronteras de mi Cuba conocida: prefiero la trova santiaguera, el monumento de Dos Ríos, el regionalismo de los tuneros, la Loma de la Cruz, hasta el peligro latente de los terremotos, a los fuegos fatuos de la capital.

Vivo a gusto con la “otra” que soy en estas lejanas tierras del interior.

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10 comentarios en “La Habana es ancha y ajena

  1. Era demasiado tarde anoche -o demasiado temprano hoy- para escribir … pero juro que si hubiese sido lunes el tema de este post fuera entonces la pasión incontenida de la Gisso por X Alfonso, ese cantautor que anoche nos hizo recordar los años universitarios cuando todo nos parecía menos complicado… Yo sé que en algún momento llegará ese post… Desde ya, espero por él. Como sé también que sabrás disculparme por haberme “desviado” del tema de esta crónica jejejeje.

  2. Eran otros años cuando disfruté de todo eso que escribes es el post, pero no dejé por nada de eso a mi Sancti Spíritus, aunque no le niego a nadie que me recreo y me emociono muchísimo con los recuerdos de esa etapa de mi vida, pero solo fue eso, una etapa en mi vida, la de estudiante universitaria, una chiquilla sin preocupaciones y sin muchas ocupaciones, solo las propias de la edad.

  3. No se compliquen señores, todo parte del terruño natal, del hogar, de tu famila y tu gente. No vean a La Habana como una ciudad que aplasta por favor. Soy un habanero 100% orgulloso de su ciudad de origen, pero que igual le encantaría vivir en Baracoa, Gibara, Cienfuegos o Matanzas).

    1. Gracias por el comentario, Jorge, pero evidentemente eso de que La Habana no aplasta es porque usted vive allá: sí que aplasta, margina y se pretende Cuba, “lo demás es áreas verdes”, acaso nunca ha escuchado esa frase? Pero bueno, hay que reconocer que es una ciudad preciosa, la más linda del país, la más cosmopolita, aunque para vivir no la quiero ni regalada… Bueno, regalada sí, jejeje. Saludos desde mi campo.

      1. Si puede ser que como haya nacido aqui esté acostumbrada, lo de los comentarios que me dice son solo eso… comentarios, es como cuando hablan del calor de Oriente o de la fogosidad de los orientales (por poner un ejemplo). Por lo demás si que es cosmopolita y preciosa aunque poco a poco por mirar para otros lados la estemos perdiendo. Por eso me gusta tanto ver otras ciudades de Cuba como se recuperan y avanzan (Cienfuegos, Ciego, Guantanamo, Gibara, Baracoa). Muy bueno tu blog, lo voy a seguir…. como llegué a el… ni me acuerdo francamente. Otro saludo desde la “Llave del Golfo” 😉

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