Archivo mensual: febrero 2012

La inconsciencia del racismo

Ando deslumbrada por estos días con la telenovela brasileña que comienzan a transmitir a las seis de la mañana. Deslumbrada y con ojeras, por aquello de levantarme media hora antes de lo que normalmente hago -eso de inexplicable tiene la fascinación: es un impulso contra el que no se puede luchar-. De modo que me tiro de la cama a las seis en punto, pongo la cafetera en el fogón y me deleito durante 45 minutos con una historia altamente improbable que, como todas las novelas de O’Globo, tendrá un final feliz. Ojalá la vida misma fuera uno de los culebrones de turno; de los brasileños, claro. Sigue leyendo

Las cumbres más altas de mi mundo conocido

Esta sí es la última vez que hablo del avión, lo juro…

Subiendo el Escambray, con las lomas casi al alcance de la mano, recordé por enésima vez a mi mamá. Por mucho que me empeño, que trato de explicarle el embrujo de esas, las montañas más altas de mi mundo conocido, ella no anda creyendo en semejantes visiones de románticos. Con lo que le fascina La Habana, siempre dice que mi deslumbramiento con el campo es únicamente para contrariarla.

Pero esta tendencia mía al monte no es de ahora, que tengo todo el “macizo de Guamuhaya” a la vuelta de un antojo, sino desde mucho antes, por aquellos todavía no tan lejanos años en que Anita y Jorge me llenaban de lazos, cogían un frasco con alcohol para mis mareos -los de verdad y los teatrales, de niña era un poco dramática- y nos trepábamos en una de las cinco o seis guaguas que por ese entonces salían de Sagua rumbo a La Habana. Aquellos maravillosos 80… Sigue leyendo

Xenofobia tropical

Hubo un segundo, un instante brevísimo, fugaz, en el que mi nacionalismo rozó con la xenofobia. No fue intencional -lo juro- pero duró el tiempo justo para confirmar que, por más que se empeñen los filósofos del Primer Mundo en demostrar que no pertenecemos a un país en específico sino a la humanidad en su conjunto, a mí me sigue pareciendo que esas teorías posmodernas y trasnacionales no se inventaron para este Caribe nuestro. Hay demasiado calor aquí, hasta en invierno.

Fue una madrugada de diciembre en la barriga de una Yutong, esa suerte de congelador chino donde nunca se es lo suficientemente pequeño para viajar cómodo. Experta como soy en la ruta Sancti Spíritus-Santa Clara, tomé la carta credencial de mi pasaje, la paseé frente a las narices del taquillero, el jefe de turno, el conductor y el chofer de la guagua, y subí al ómnibus como suelo hacerlo un sábado sí y otro no. Nadie me indicó nada, lo hice por inercia. Sigue leyendo

La historia es relativa, supongo yo

A veces tengo la impresión de que la historia no es como me la contaron: los héroes demasiado nobles, los villanos demasiado infames, las circunstancias tan providenciales que los hechos parecieran no tener más remedio que pasar. Una especie de fatalismo histórico, supongo yo.

Tal vez porque le hago rechazo -inconsciente, pero rechazo- a las verdades que se me dan por sentadas, a los axiomas inamovibles, a los argumentos fuera de discusión alguna, no me identifico del todo con los hombres que han venido esculpiéndose en mármol a lo largo y ancho de la historia de la humanidad. Imponentes, ecuánimes, incapaces de errar. Sigue leyendo

Cubano sin Cuba

Que me sé de memoria todo el repertorio de mi padre, incluidas las canciones que me ha ido dedicando desde que yo no era más que un empacho en la barriga de Anita; que sería capaz de reproducirlas de un tirón y hasta por el orden cronológico en que fueron escritas es una prueba convincente de los extremos de hija obnubilada a los que me lleva la chochera.

Más que a mí, a ningún jurado del festival OTI pudieran gustarle sus composiciones. Por mucho que me haga la hipercrítica, que le cuente las palabras repetidas y le reproche esa tendencia que siempre ha tenido al “machete rima con lima” -creo que se busca las consonancias solo para probar mi oído-, Jorge sabe que sus temas han pasado a formar parte de la banda sonora de mi vida. Sigue leyendo