El umbral de la paranoia

El umbral de la paranoiaAntes de que alguien me lo diga y para ser consecuente con las décadas de crítica y autocrítica, lo reconozco yo misma: últimamente tengo ideas fijas. Les doy la vuelta, las acomodo de medio lado, las viro al revés, pero terminan escabulléndose por los intersticios de mi propia censura.

Basta revisar Cuba profunda desde el principio, coincidir conmigo en la barriga de una guagua o leer mis parlamentos en las actas de las mil y una organizaciones en las que milito para constatar lo que un amigo define, en su argot de médico apenas inteligible, como “el umbral de la paranoia”.

A veces temo aburrir con la misma cantaleta: el chícharo en el café -o viceversa, no estoy segura-, la contradicción al parecer irreconciliable entre los precios del mercado y mi salario del día cinco, el eufemismo de la oferta-demanda (en sentido general, todos los eufemismos), mis oscilaciones pendulares entre Sagua y Sancti Spíritus, los claroscuros de la identidad nacional y Martí omnipresente, por sobre todas las cosas -he llegado a cometer el sacrilegio de fabular con la historia: si yo hubiera conocido a Martí, me hubiese escapado con él hasta los montes de Oriente-.

Para no lucir reiterativa y machacona debo contenerme -esto de la contención tiene su morbo- y pasar por alto que justo hoy, 4 de abril, la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) llega a su medio siglo -de todas maneras no sería el primer tema ni el último que se escurre sin penas ni glorias en la prensa, o peor: como si no hubiera sucedido-.

De lo contrario, correría el riesgo de cansar con la misma letanía de siempre: que habría preferido recordar a todo color aquellos maravillosos 80; que mi generación hubiese crecido menos torcida si en lugar de Versace, Converse o cualquier otra marca de pedigrí, hubiéramos vestido las majatas y pantalones de caqui de nuestros padres; que los años de transformar, de ser contestatarios, de revolucionarlo todo se nos escapan a mansalva, como ya había advertido Rubén Darío en su Canción de otoño en primavera: “Juventud, divino tesoro/ ¡ya te vas para no volver!”. Así de fugaz, de efímero, es el breve instante de eternidad que nos ha sido concedido y con el que, debo reconocerlo, no sé qué hacer.

Pero semejante desasosiego ya es parte de este umbral de la paranoia en el que caigo, y no de Pascuas a San Juan, sino con más frecuencia de la que quisiera permitirme; la paranoia de los temas recurrentes, las ideas fijas, el eterno deja vu, la insoportable sensación de estar mirando el juego desde la valla, desde estas quietas aguas de la contemplación que me obligan a morderme una y otra vez la cola, y no precisamente en signo de infinito.

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7 comentarios en “El umbral de la paranoia

  1. Gisse, deja de sentirte un caso raro, ¿quién se salva del miedo, de la incertidumbre, de la sensación de estar mirando desde la valla? Creo que debes dejar el espíritu a un lado, sé práctica, sal de las cuatro paredes de la paranoia y te sentirás mejor

    1. Créeme, Yoly: esa sensación de ahogo e incertidumbre también tenía que ver, aunque tangencialmente, con el ahogo real que fue solucionado esta mañana. Un beso, prometo que el próximo post lo escribiré con menos desasosiego.

  2. Si no supiera que cuentas con solo 28 marzos en tu humanidad,podria pensar que vivistes completo “aquellos maravillosos 80”.nacistes en el 84 entonces, cuando se acabo la “Maravilla”que nunca vi,solo tenias 6 añitos,pero yo que ya estaba en los 20,cuando el exodo del Mariel en el 80,te puedo contar de los actos de repudio,la tiradera de huevos y tomates.los gritos enfuricido de escoria! a aquello que sencillamente querian emigrar,puedo contarte de las insufribles peliculas rusas,las repetidads camisas a cuadros,el aguardiente coronilla y la biblioteca como unico oasis de cultura,pudiera decirte de los barrios marginales de Toyos,Escribano y K12,donde me crie,con sus calles de tierras y casa de maderas con huecos..Puedo asegurate que jamas Sancti Spiritus fue mejor que ahora,ni hubo tanta libertad para que ustedes,los periodista,pudieran criticar y un lector como yo,pueda ver su opinion en tu espacio,…..Cualquier tiempo pasado fue peor,te lo aseguro

  3. Giselle, como has podido constatar mi perseverante hijo me ha arrastado a estos mundos que por supuesto me ha costado trabajo , adaptarme y mucho más comentar, desde hace ya bastante tiempo leo cada miércoles tu blog pero se lo comento a él y siempre me dice mami pero escribele, nada la vida le juega malas pasadas a uno y cuando Leidy me dedicó uno a mí pues la educación se impuso y le comenté, he perdido un poco la timidez y tenía esto pendiente conmigo misma, quiero que sepas que te digo fielmente y lo demas sobra decirlo, aquí me tendrá.s por siempre besos

    1. No se imagina, Galinka, lo feliz que me siento al saber que me lee todos los miércoles. En verdad, no solo tengo que agradecerle por la lectura sistemática, sino sobre todo por ese hijo tan especial y talentoso que ha traido al mundo y que yo puedo contar como mi amigo. Créame: no soy exagerada en los elogios, de verdad le quiero mucho a Carli, y tengo en muy alta estima la amistad que me une a su familia. Muchos besos, y regrese siempre a esta pequeña finquita de la Cuba profunda.

  4. “…la insoportable sensación de estar mirando el juego desde la valla, desde estas quietas aguas de la contemplación…” , dice la autora de sí misma, pero cada vez que la leo me convenzo de todo lo contrario, por lo menos ella no está mirando el juego desde la valla, eso es lo que veo en esta Cubaprofunda.

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