A la deriva

A la derivaJusto cuando creo estar de luna de miel con la tecnología, embelesada con el espejismo de la libertad en esta red de redes, algo sucede -intrascendente en apariencia, como las grandes cosas- y termina por darme la razón: que los avances científico-técnicos pueden durar lo que un merengue en la puerta de un colegio, que todo triunfo tecnológico es efímero, que este mundo de la ciberconexión, definitivamente, no se inventó para mí.

De ello me convencí la primera vez que intenté administrar Cuba profunda y no pude. Entonces ni siquiera le di importancia: “Debe ser culpa de los spam, que llenan de mensajes insulsos el escritorio del blog, y una se siente igual de insulsa al tener que borrarlos sistemáticamente”, me dije.

Luego lo volví a intentar, ansiosa como estaba de ver las barras de lectoría creciendo, el número de comentarios aumentando y tantas otras chocheras que solo pueden entender quienes, alguna vez, hayan sufrido por un blog. (Algo de ti misma va quedando desperdigado en esos post que puede leer cualquiera o nadie, y después vas recomponiéndote a pedazos en la figuración del otro).

Esa tarde iba a escribir sobre los trenes, de lo románticas que me han parecido siempre esas moles de hierro que, al menos en Cuba, forman parte de la esencia nacional. Iba a escribir de los trenes, a explicar lo que muy pocos de mis amigos saben: por qué recuerdo cada año, con una devoción casi adolescente, la fecha exacta en que la primera locomotora estrenó los raíles entre La Habana y Bejucal, y por qué esgrimo precisamente ese argumento para demostrar nuestra supremacía en toda Iberoamérica -algo así como mi ya ontológico regionalismo, pero a mayor escala-.

Iba a mezclar el pitazo del tren con la emoción metálica que me corre por el espinazo cuando lo escucho a lo lejos -en ciertas líneas más que en otras-, pero traté de confesarlo y wordpress me rechazó. En ese instante -frente a la página muerta, no escuchando alejarse el tren- me sentí en pánico.

Llegué a sospechar de algún operativo orquestado para dejarme sin este “espacio para las catarsis cotidianas”, de una represalia a mis diatribas contra la ley de oferta y demanda, sobre la incapacidad de mi bolsillo para sostenerme -menos aún para darme gustos-, sobre alguna foto que pudiera haber resultado incómoda.

Pero descarté semejante idea: andan por ahí, también desperdigadas, páginas personales mucho más irreverentes, que me roban sin saberlo todo cuanto yo quisiera escribir, que yuxtaponen la visita del Papa con Camila Vallejo y la nulidad de nuestra juventud, que emplazan sin que nadie les demarque los linderos del “hasta aquí”.

La presunción me duró poco: ¿quién iba a querer boicotear un blog que únicamente habla de mis crisis existenciales, de las obsesiones que solo comparto con unos cuantos, de esas historias urdidas entre Sancti Spíritus y Sagua, de Anita y Jorge, de mis naufragios físicos y espirituales?

Todo era cuestión de tecnología, del navegador obsoleto, de no saber exactamente qué pasó con el sacrosanto cable submarino, de sustituir un sistema operativo por otro y Sanseacabó. Los asuntos informáticos son así, de mucha incomodidad y fácil solución.

Ahora que ya he recuperado la soberanía sobre mi finca virtual, me queda la zozobra de haberla perdido, de haber tarareado con más amargura de la cuenta el estribillo de Buena fe: “Porque todo lo que fue y no es, es como si nunca hubiese sido”. Tal vez de eso se trate: no de las perretas tecnológicas, que para remediarlas hay ingenieros de sobra, sino del dolor que la ausencia provoca cuando nos deja, irremediablemente, a la deriva.

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11 comentarios en “A la deriva

  1. Gisselle: Sencillamente espectacular!!!! Preciso de mucho tiempo y es lo que no tengo ahora para transmitirte todo lo que me provocó tu catarsis. Fuiste genial, por la creatividad con la que describes los problemas que enfrentas que son en buena medida los que sufrimos tantos, si te digo que me sorprende tu texto no sería del todo honesto, porque he podido seguir tu quehacer periodístico por medio de Escambray, pero adentrarme en tu blog ha superado las expectativas. Es el descubrimiento al menos para mí, de una joven profesional talentosa, romántica, repleta de sueños y aspiraciones, comprometida con su tiempo, protegida de banalidades y absurdos, con preocupaciones racionales que por el solo hecho de pensar en ellas resultamos en ocasiones extraños. Por último, no dejes de actualizar tu finca virtual, a la que acudiré para saciar la necesidad de leer textos apasionados, desprejuiciados, que incitan auto reflexión y marcan un destino que no debe quedar a la deriva. Adrián…

    1. Adrián, me has dejado sin palabras en medio de mi finca virtual, jeje. Muchas gracias por los elogios, aunque los creo un poco sobredimensionados. Espero haberte ganado como un lector de miércoles para esta Cuba profunda, y espero también que algún día el cable o sabrá Dios qué razones tecnológicas nos permitan navegar con menos zozobras. Un saludo y gracias de nuevo.

  2. Me consta porque soy el informático de Escambray que todo lo que esta talentosa periodista vivió con su blog fue tan dramático y real como ella mismo lo relata, eso me hizo exigirme a buscar una solución a aquel percance tecnológico que todavía me estoy preguntando que lo ocasionó. Pero al final no fue tan dura en su escrito como esperaba porque a decir verdad hasta para mi esto de la tecnología en ocasiones me deja sin respuestas.

    1. Jorgi, no te me vayas a poner bravito con esa referencia a los informáticos. Qué sería de esta Cuba profunda sin ti? Qué sería de todas las máquinas del periódico sin ti? Te prometo que, para limpiarme, algún día voy a escribir un post sobre nuestro equipo de pelota -Villa Clara, por supuesto, cuál si no-. Aunque para eso debemos esperar a que seamos los campeones de la Serie 51. Gracias por rescatar de la red de redes a este blog que ya creía perdido para siempre. Un beso…

  3. Giselle, ya sabes de mis historias con la tecnología, en esa materia soy analfabeta, para mí es algo que no logro dominar. Por tanto, no la amo pero no la puedo odiar porque gracias a ella puedo acceder a cosas como tu blog que me llenan espiritualmente. No te agobio con los tropiezos a los que me enfrento, dígase oportunidad, conexión lenta, se cayó, etc. Hoy, cuando más embullada estabavino un apagón. Por tanto, tú no puedes derrumbarte porque aquí estamos tus seguidores , te esperaremos siempre para recorrer tu finca virtual, lo hice en esta ocasión montada en el viejo tren que unía a mi pueblo con Santa Clara, en él cabíamos todos, los estudiantes que lo tomábamos por asalto y nos sentíamos sus dueños y cuanto campesino vivía en el lomerío que lo mismo iba solo que acompañado por una chiva o diez sacos de viandas. Llegábamos retrasados, con un descarrile por medio o en hora a la ciudad, con olor a hierro pero felices. Siento que la nueva generación no pueda disfrutar de esos bellos paisajes, de los puentes en las nubes donde cuando mirabas las palmas parecían miniaturas y los animales, de juguete. Sueño que un día reconstruyan la vía; de todos modos, los amo y en las tardes cuando siento pitar el viejo tren de vapor que pasea a los turistas lo asocio con mi abuelo, del que no tengo recuerdos, pero que trabajó tantos años y murió siendo obrero de un tren. Gracias por este post, saludos.

    1. Galinka, de verdad debías pensar seriamente en abrirte un blog, una finquita virtual para que narres esas historias preciosas. Me has emocionado con tus remembranzas con los trenes. Ves? Ahora tenemos también eso en común: la nostalgia por el tiempo romántico y fascinante de los trenes, cuando la vida era menos agitada y, de seguro, mucho más espiritual. Prometo que cuando escriba finalmente de los trenes -es una deuda que tengo desde hace tiempo, casi tanto como la invitación de pasarme un fin de semana en Trinidad-, voy a incluir el apego que le tienes a esas moles de hierro que, al menos en Sagua, se detenían en todos los andenes, en todos!!! y desde donde mejor se puede deslumbrar uno con esta naturaleza que Dios nos dio. Un beso, Galinka, y gracias por leerme.

  4. Gisse: Creo que mi madre me ha dejado sin palabaras para mi comentario. Ella es dueña de unas historias tremendas que espero poder contar en mi casi lista Isla nuestra de cada día, aunque me falte mucho por aprender de tu Cuba profunda. Creo te comenté una vez, cuando hice prácticas por segunda vez en Escambray, mi fascinación por los trenes. Es algo, como ves, que me viene desde mi bisabuelo. Lamento mucho no poder ser testigo de esos paisajes maravillosos que mi madre describió, pero todavía albergo la esperanza de vivirlos. Por eso, a pesar de los dolores y las incomodidades, agradezco cada viaje que he dado desde Santa Clara hasta Cienfuegos en el tren universitario.
    De los infortunios en la red mejor no hablamos, Te dije que la semana pasada estuve una hora para actualizar Lente Compartido. Pero lo importante es insistir hasta el cansancio. Un sitio web no nos puede vencer!!! De eso, nada!!!!. Ya verás como con tu nuevo “Safari” te va de maravillas y no tendrás que entrar en pánico cuando te dispongas, cada miércoles, a regalarnos tu peculiar y ya necesaria Cuba profunda. Un beso

    1. Carli: Los trenes, el azúcar, el amor por Trinidad y su valle, por la literatura… son tantas las cosas que tenemos en común que ambos deberíamos hurgar en nuestros árboles genealógicos. No será que estamos emparentados? Por la sangre, no sé; por el afecto mutuo, eso es seguro!!! Un besote, mi niño.

  5. Entro por primera vez a tu blog, aunque ya te conozco a través de varias amistades. Me encantó tu escrito. Aunque solo tengo 21 años no me considero de la generación virtual, sino que me he tenido que convertirme a la fuerza. No obstante, encontré amistades este mundo de redes, que muchas veces ha sido la única vía de mantener el contacto. Entonces he temblado ante la perspectiva de perder, un día, como ya ha pasado, el alcance de esos amigos.
    Me encanta tu ciudad de origen y, también, me gustan los trenes (y los viajes en ellos, incluso hasta el Oriente).
    Besos, aunque no me conozcas.

    1. Ya ves? Estas sorpresas gratificantes tiene la tecnología, por mucho que nos neguemos a ella: encontrar amigos distantes pero certeros. Bienvenido a este blog y saludos, a ti y a los amigos que tenemos en común que, por cierto, quiénes son? Un beso medio intrigado, jejeje.

  6. Sí, es cierto, a veces la tecnología me ha traído gratas sorpresas, sobre todo la amistad, que es la mejor.
    Los amigos son Maykel, de Sagua, y Oscar, de Jatibonico, con quien estudio en 2do año de periodismo en la UCLV.
    Un beso que termine la intriga.

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