Tiempos de polémica

Tiempos de polémicaA riesgo de contradecir el axioma de que todo tiempo futuro debe ser mejor, a mí me habría encantado presenciar aquellos años ya idos en que Jorge Mañach litigaba con Rubén Martínez Villena; en que Jorge Mañach rompía lanzas contra el hermetismo de Lezama; en que Jorge Mañach desafiaba públicamente a Raúl Roa. (Jorge Mañach fue, sin dudas, el intelectual más incómodo y chocante de la República).

La polémica era, como nunca más ha vuelto a ser, el estado natural del arte y la sociedad, una postura racionalmente asumida y conscientemente practicada. Era posible, y punto.

Luego, el debate se fue apagando, atrincherándose en los recuerdos de unos pocos que no lograron sino sucumbir a la unanimidad imperante, que de pronto se descubrieron sin motivos, sin argumentos, sin ganas de protestar.

Todavía en los años 60 algunos levantaron sus voces para defender la libertad creativa, esa suerte de libertad de expresión artística que otros interpretaban como enajenación o individualismo y que, en la mayoría de los casos, mereció el peor de todos los epítetos: el arte burgués.

Pero antes, durante y después, de lo que jamás ha logrado desprenderse la polémica es de esos rescoldos de amor propio que subyacen en cada encontronazo. Cierta animadversión se percibe siempre, por ilustrados y certeros que sean los argumentos, por doctos y encopetados que sean los contendientes.

“El autor parece olvidar que…”, “el señor M. de seguro no recuerda…”, “si Z. se hiciera entender mejor…” son incidentales que, a fuerza de poner en tres y dos, hieren al otro en conflicto, y la controversia que comenzó siendo intelectual, nacida del raciocinio, termina desbocada en el escarceo de las más bajas pasiones humanas.

De esa estirpe es, precisamente, el mensaje que recién aterrizó en mi buzón de correo, una especie de novela anónima -suelo desconfiar de los anónimos- sobre cierto escritor de provincia que ha ganado notoriedad en los últimos tiempos, no solo por su obra, sino también por la virulencia de los ataques en su contra.

Esta polémica de hoy, demasiado encarnizada como para ser creíble, me deja extrañando aquellas diatribas filosóficamente apuntaladas de Mañach, esos contrapuntos de la prensa de antaño, cuando todos tenían potestad para emplazar y ser emplazados, para preguntar y responder.

Leyendo este chancleteo espirituano compadezco el sino de los escritores y artistas: imposibilitados como estamos para cuestionar la gestión de tal ministro o pedir cuentas por los viajes de mascual funcionario, solo quedan los mansos reductos del arte para descargar toda la ira contenida durante décadas de opinión homogénea.

Mañach de seguro habría tenido un argumento válido para ignorar -porque no lo hubiera considerado digno de contrarréplica- este forcejeo mucho más visceral que poético.

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6 comentarios en “Tiempos de polémica

  1. Probablemente fue la misma ofensiva emocional vertida sobre cierto escritor espirituano que apareció en mi buzón.

  2. Una vez más logras un efecto que me obliga a meditar, pensar en las causas por las cuales actualmente no se producen esos encarnizados debates, que se caractericen por la objetividad y trascendencia, la veracidad y la pertinencia. Envidio realmente no poder disfrutar de esos tiempos de buenas y productivas polémicas, pero no pierdo las esperanzas de que vuelvan más temprano que tarde!!!!

  3. Si tenemos Comisión Nacional de Béisbol, parrandas de Remedios (porque los sagueros, profundos como Mañach o como la autora no pierden el tiempo en fiestas de barrio), telenovelas made in Cuba y escarceos sociales de todo tipo, realmente no comprendo por qué razón el debate se nos “fue apagando, atrincherándose en los recuerdos de unos pocos que no lograron sino sucumbir a la unanimidad imperante, que de pronto se descubrieron sin motivos, sin argumentos, sin ganas de protestar”, como bien nos reprocha este post que debiera publicarse en Granma mañana mismo. Debate siempre hubo -nos reíamos de los rusos (los bolos) hasta cuando nos tenían la Isla llena de misiles, hacíamos y hacemos cuentos de Pepito hasta en el sacrosanto Comité Central, donde seguramente estaban y están prohibidos y debatíamos y debatimos en público sobre si Gómez arrancó o no la página perdida del Diario de Martí porque este se le explotó a Maceo en La Mejorana-, pero no trascendía, lo escondíamos a lo coreanos del Norte como si con ello le hiciéramos bien al país y al Socialismo. Aplaudo todo intento por derribar esta muralla que en buena medida todos hemos ayudado a levantar, pero lo más lindo o mejor feo del caso es que hemos reconocido muchas de nuestras equivocaciones como la zafra de los diez millones, el quinquenio gris o la tiradera de huevos cuando el Mariel, pero todavía no hemos sido capaz de admitir que perdimos el debate por esa censura fatua y poco disimulada, que la autora, sutil y peligrosamente, como espiguita de primavera, viene rompiendo en este, su medio más querido, como ella misma nos recuerda a cada rato.

    1. Sin palabras, Panchito. Así me he quedado después de este comentario que debía poner ahora mismo en lugar del post. Estoy de acuerdo en casi todo: en lo de reirnos de los rusos con sus muñequitos de palo incluidos, en los chistes de Pepito en el CC -aunque no pudiera dar fe de ello-, en la casi seguridad que tenemos todos los cubanos de que estuvo a punto de acabarse el mundo en La Mejorana. En lo que no concuerdo es en que esa muralla de la unanimidad a ultranza en buena medida nosotros mismos la hayamos ayudado a levantar. Creo que nos fue levantada en las narices y si en algo tenemos culpa, es en haberla visto crecer sin reaccionar. Por lo demás, esta espiguita de primavera puede suscribir con puntos y comas todo cuanto dice. De hecho, ya se le extrañaba por esta página. Saludos y una última rectificación: a los sagüeros también nos encantan esas fiestas de barrio, de hecho, si antes no se nos acaba el mundo, para los próximos carnavales pudiera hasta invitarlo…

  4. Hola Gisselle… me encantó este trabajo tuyo… a partir de ahora te sigo siempre el blog… Escribes genial… y me llevaste de la mano hasta el punto final como agua en torrente… Y sí, esas guerras “imeilísticas” andan por ahí… y lo peor, lo que subyace, es que no se nos está permitida la polémica, esa rica polémica que destituía ministros sin tener que llegar a “cámaras contrainteligentes”…

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