Archivo mensual: mayo 2012

Viendo llover en Macondo

Alguien dijo junto a mí: “Es viento de agua”. Y yo lo sabía desde antes.

Gabriel García Márquez

Llovió tanto que las casas se desprendieron de los cimientos y algunas rodaron por las calles, loma abajo. Viéndolas desde un postigo, más bien parecían barcos a la deriva, de esos que no van a ninguna parte. Puertas adentro, los pollos dormían en las repisas, tratando de mantener las patas alejadas de los charcos; las goteras comenzaron a horadar los pisos; las paredes exhalaban un vahído ocre y los espejos se cubrían de una nata blanca impenetrable. El acabose, hubiera murmurado mi abuela. Sigue leyendo

Acreditación forzosa

El tribunal sabía lo que buscaba: “¿De cuánto te valieron los conocimientos adquiridos en la universidad para tu posterior desempeño profesional? ¿Cómo juzgas el rigor de las clases y de los ejercicios académicos? ¿Qué piensas del plan de estudios? ¿Cuánto influyó la carrera en la formación de las habilidades necesarias para el desenvolvimiento laboral?”.

Las preguntas me sonaban insulsas, no porque lo fueran realmente, que es cosa muy seria esa de cuestionarse si la calidad de nuestra Educación Superior es tan de pedigrí como sostenemos, sino porque estaban diseñadas para que respondiéramos con apologías. Sigue leyendo

Frijoles negros

Algo debí decirle a mi primo aquel mediodía -algo que de seguro él tampoco recuerda- para que me respondiera con un disparo de frijol. Estábamos almorzando solos en la mesa de la saleta, donde aprendimos a jugar ajedrez y desde donde podíamos ver los muñequitos rusos sin dejar de comer. El grano de frijol negro rebotó en las paredes y terminó escachado en algún sitio no tan recóndito.

Entonces se desató la guerra: disimulada al principio, mientras velábamos cualquier movimiento allá atrás, en la cocina; desaforada después, en un fuego cruzado de balines negros que desaparecieron de los dos platos para convertirse en la artillería pesada de nuestro propio Waterloo. Sigue leyendo

La fiebre del oro

Si en tiempos del conquistador Francisco Pizarro las hordas peninsulares arrasaron el Imperio Inca, deslumbradas por la cantidad exorbitante de minerales preciosos en templos, palacios y edificios públicos, hoy en día los saqueadores de entonces hubieran preparado de nuevo los arcabuces ante el desfile de cadenas, anillos, aretes, pulsos y hasta dientes de oro que amenazan con perpetuar la moda de la frivolidad.

Por desgracia, no se trata de manifestaciones aisladas. Basta con sentarse en una esquina del parque Serafín Sánchez para aquilatar la magnitud de un fenómeno que, si bien existe desde que el mundo es mundo, adquiere nuevas connotaciones en una sociedad como la cubana, opuesta por principio a patrones consumistas que, sin embargo, ya asoman sus pespuntes grises. Sigue leyendo

Un hombre del renacimiento

El doctor Ercilio Vento Canosa no existe. Es una fabulación, un espejismo, un personaje plantado en medio de la ciudad de Matanzas para hacernos creer al resto de los mortales que es posible vivir en pleno siglo XXI, en el bullicio de la sociedad posmoderna, a la usanza de los enciclopedistas de antaño.

Y si, en última instancia, aceptamos que es real, de carne y hueso, porque no puede ser una aparición este hombre venerable que te confiesa hasta lo que no te has atrevido a preguntar de sus 64 años; en ese caso no queda más remedio que admitirlo: el doctor Ercilio Vento Canosa existe, pero fuera de todo tiempo conocido, al margen de este devenir asfixiante, en una suerte de universo paralelo donde habitan las nostalgias de su infancia, las visiones de un futuro que no le preocupa en lo absoluto y el recuerdo de todos los muertos ilustres que ha rescatado del olvido. Sigue leyendo