La fiebre del oro

La fiebre del oroSi en tiempos del conquistador Francisco Pizarro las hordas peninsulares arrasaron el Imperio Inca, deslumbradas por la cantidad exorbitante de minerales preciosos en templos, palacios y edificios públicos, hoy en día los saqueadores de entonces hubieran preparado de nuevo los arcabuces ante el desfile de cadenas, anillos, aretes, pulsos y hasta dientes de oro que amenazan con perpetuar la moda de la frivolidad.

Por desgracia, no se trata de manifestaciones aisladas. Basta con sentarse en una esquina del parque Serafín Sánchez para aquilatar la magnitud de un fenómeno que, si bien existe desde que el mundo es mundo, adquiere nuevas connotaciones en una sociedad como la cubana, opuesta por principio a patrones consumistas que, sin embargo, ya asoman sus pespuntes grises.

Con muchos años de austeridad acumulada, el espirituano de a pie se resiste a validar tales derroches de ostentación: en pleno bulevar, una muchacha soporta el peso de siete cadenas de oro; con el zapato apoyado en la librería Julio Antonio Mella, un merolico de casi 40 años presume su enorme dije al más burdo estilo Don Omar; la dependienta de cierta caja contadora ya no tiene dedos donde poner más anillos…

“Lucecitas para escena”, diría el poeta. Y aunque algunos pretendan asociarla únicamente a la juventud, lo cierto es que la fiebre del oro se cuela entre las brechas del nivel cultural y del gusto estético, sin miramientos generacionales.

Vale aclararlo: no es esta una diatriba contra las prendas sencillas, discretamente llevadas. Lo que realmente asusta es la rimbombancia desmedida, la avidez de algunos por demostrar que valen tanto como los enchapes que casi les tumban el cuello.

A semejante fauna, que ronda con frecuencia shoppings y centros nocturnos por divisa, nos hemos acostumbrado con la naturalidad de quien se resigna ante lo irreversible. Están ahí, validando con buena dosis de sorna la condición de “nuevos ricos” que otros prefieren ignorar.

Por ello, frente a una tendencia en ascenso, proliferan las quincallas al punto de que, según algunos exagerados, la cabecera provincial se ha convertido en la ciudad con más joyeros por kilómetro cuadrado. La curiosa cifra de tres en una misma cuadra no ilustra sus escasas luces en estrategias de mercadeo, sino la bonanza de un servicio que les permite repartirse los clientes sin que mengüen los ingresos.

Después de todo, quienes aún se dejan encandilar con el brillo de las joyas, pese a décadas de formación humanista, no difieren tanto de aquellos colonizadores ibéricos que forzaron al inca Atahualpa a llenar una habitación de riquezas a cambio de su libertad; o de los buscadores de tesoros que, hasta bien entrado el Siglo XIX, exploraron cada palmo de América tras el mito de El Dorado.

Quizás el de hoy sea un delirio demasiado pragmático, no tan inspirado en el valor simbólico de la máscara mortuoria de Tutankamen como en los 100 000 dólares que el reguetonero Daddy Yankee ha invertido en alhajas.

De modo que, para desterrar el vicio de la banalidad y el mal gusto, se impone analizar sin tapujos las manifestaciones consumistas que retoñan por estos días y que hubiesen dado la razón a Píndaro, el poeta griego que en el Siglo V a.n.e. describió el oro como “hijo de Zeus, al que no devoran ni la polilla, ni la herrumbre, pero cuya suprema posesión devora la mente del hombre”.

Y ahí radica el mayor reto, en disfrutar de sus innegables cualidades decorativas sin sucumbir bajo el peso desvirtuador de sus espejismos.

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17 comentarios en “La fiebre del oro

  1. Flor, tienes toda la razón en lo que dices, Martí le dijo a su María Mantilla que la elegancia, está en el buen gusto, y no en el costo. Muchos creen lo contrario, qué lástima.

  2. Es tan difícil percibir sencillez hoy en día, y no tienen ni que “semejante fauna” llevar joyas (me encanta jejeje), con solo abrir la boca, o quizás verlos actuar con “lucecitas para escena” por unos minutos basta para darte cuenta de que se te hace tan difícil aceptar ese tipo de cosas. Mucha suerte mi rubia bella, sigue siendo tan hermosa como siempre. Como diría el apóstol: “no necesita tu belleza esmalte….si brillan en tu faz tan dulces ojos”…un beso mi hermana del alma…lele.

    1. Mi Lele lindura, no te imaginas cuánto te recuerdo cada vez que leo las cartas de Martí a María Mantilla. Es como si te las hubiera escrito a ti. Un besote y piensa mucho en esta hermana piscis tuya…

  3. Gisselle: Como siempre convida a la reflexión “profunda” tu catarsis. No eres la única que padeces ante la carencia de sencillez, cordura, el respeto a límites meramente lógicos. Por otro lado el ascenso de la banalidad, el bullicio, la especulación, la superficialidad, la ignorancia despanpanante con la que muchos hasta se enorgullecen de poseer!!! En fin que debemos buscar buenas razones constantemente para enfrentarnos ante esa cruda realidad que nos invade.

  4. Gisse: Nada más actual para los jóvenes que este post. Aquí en Santa Clara es increíble la cantidad de personas que usan un número incontable de cadenas a toda hora del día. Pienso que las personas han perdido el sentido del momento oportuno para usar este tipo de prendas. El criterio que prevalece por estos días, desafortunadamente, es el de “mientras más tengo, más lo demuestro”.
    Últimamente han entrado en el gusto popular unas cadenas bien corticas y gruesas que, en mi modesto criterio, parecen dignas de un animal de pelea, o algo por el estilo. Al final, si derritiéramos todas esas cadenas, el gramaje real sería ínfimo. Lo “dorado” no significa que es de oro de ley, como decían los antiguos joyeros.
    Me da pena que la mayoría de los jóvenes de mi generación apuesten por esta cultura tan lejana a la nuestra, que imiten modelos o patrones culturales de países que nada tienen que ver con Cuba y que conduce, de a poco a una falta de identificación con la realidad, la cultura del país donde viven.
    Lindo el post, como siempre. Un beso

  5. Quisiera que alguien me aclarara que es una sociedad “consumista”..Todas las sociedades y todos los individuos consumen algo y esta en la naturaleza humana aspirar a consumir mas.La sencillez,como cualquier otro atributo personal es cuestion de apreciasion.Algunos prfieran mostrar su exito economico a traves de las prendas,los vestidos,perfumes etc y eso no es malo siempre que su origen sea honestos..Otros exhiben sus conocimientos como una cadena de oro,algunos sus titulos universitarios,como otros sus carros,aquellos su sexualidad etc etc..como individuo y como sociedad tenemos mucho que andar en el camino de lqa democracia y la tolerancia..Aceptar a los demas como son y no creernos propietario de la verdad absoluta..aprender a discentir y de lo oficial, por que en definitiva hasta el marxismo acepta que el desarrollo esta en la lucha de contrarios..pretender que todos piensen igual que el que gobierna es una quimera tan inalcansable como el “hombre nuevo” y este articulo sobre los jovenes de hoy y su amor por el oro lo confirman..Cuando en mis visitas me siento en el parque Serafin veo mas adoradores del “Consumismo” que aqui en Miami

    1. Su comentario es tan elocuente, Jose Luis, que bien debiera eliminar el post: un ejemplo vivo de cómo el consumismo transforma la mente. Si en el Parque Serafín Sánchez cuando usted lo visita -de Pascuas a San Juan, no?- hay tantos adoradores del oro como en Miami, más que motivo de júbilo, es, al menos para mí, un síntoma de decadencia espiritual. Confío en que los cuatro gatos “dorados” -porque no todos tienen como para invertir en lucecitas para escena- que usted ve desperdigados por Cuba sepan donar todas sus joyas, como ya una vez hicieron los hacendados del siglo XIX, en pos del bien común. Al menos en eso prefiero confiar, en que todavía no olvidemos la sentencia de Martí: “mucha tienda, poca alma”…

  6. Voy en pascuas,en San Juan,en Santiago y,por supuesto en San Jose..pero no necesito ir con demasiada frecuencia para saber lo que quieren los jovenes.Tuve dos hijos alla y todavia tengo hija y nietos que sabian y saben mas de marcas y precios de aqui que yo..Mis hijos , cuando llegaron a este “consumismo”quiseron tener mas de esas cosas y se dieron cuenta que para ello hay que superarse y trabajar duro,ahora uno es medico y el otro tecnico y se compran lo que le gusta.En el humano el deseo de poseer lo que se desea es mas fuerte que cualquier teque llamando a la conciencia,en Cuba ninguno de ellos trabajaban,..Mis correos estan llenos de pedidos,nunca para comer o curarse y no lo veo mal por que el consumo es lo que mueve la economia y da trabajo y salarios.En lo personal soy bastante modesto y sencillo(Vivi alla casi 4 decadas)..Pero aqui aprendi a ser tolerante con quienes no lo son..Uno de los riesgos de la internet es que es libre y cuando tienes un blog puedes encontrarte con opiniones opuestas a las tuyas como son las mias,pero debes alegrarte, eso demuestra que lo que escribes vale un comentario aunque sea de un viejo latoso como yo…Los elogios solo llevan a la complacencia..Eres muy joven y viviras en un mundo donde te hara falta ser muy buena para tener trabajo..En las sociedades de “consumo”a los empleadores no les importa ni tu ideologia ni tus simpatias politicas.solo que escribas lo que la gente quiere leer,porque sin lectores no hay periodico..Y segun tu articulo y lo que yo veo..por suerte para todos, habra mas CONSUMO en Cuba..pero las riquezas habra que sudarlas y no esperar a que el estado te las regale..Disculpa el teque,otra consecuencia de las 4 decadas

    1. Jose Luis, le repito lo que antes le dije: Mucha tienda, poca alma. No lo digo yo, lo dijo Martí, y no creo que ningún muchacho que pida por marcas y por kilates tenga más lucidez que el Apóstol. Me alegra que opine en mi blog, es seña de que no le tengo prohibida la entrada a quienes, como es el caso, piensan de un modo diferente al mío. Pero le digo más: tampoco trate de convencerme de que el consumo debe ser el objetivo primero del ser humano. Nunca va a convencerme de eso, porque el hombre es esencialmente espíritu y, no sé usted, pero yo prefiero mis collares de cuentecitas de barro con tranquilidad y satisfacción espiritual, que una cadena de 18 kilates con cualquier tipo de frustración del alma. Pero bueno, para gustos se han hecho los colores. Siga opinando en mi blog, que le repito: es libre, pero no intente obnubilarme con los espejismos del consumo.

  7. Pues yo prefiero los dos:El alimento para el espiritu y el del cuepo ..Por que la experiencia me mostro que casi siempre los que me exhortaban a la frugalidad pesaban mucho mas que mis 112 libras..Recuerda la frase “Barriga de diruigente”?, los que querian que me sacrificara andaban en carro y yo a pie,visitaban los hoteles y yo el campismo,tenian casa de visitas y yo visita en mi casa,comian gratis en los restaurantes y yo tenia que pagar de mis esqualidos 128 pesos cuando podia ir, ellos viajaban al extranjero y yo a Pojabo vivian en palacetes y yo en el K12..entiende porque desconfio tanto de los que me exhortan al alimento del espiritu y no del cuerpo?…Bueno ahora ya no te fastidio mas por un mes mi hermosa enemiga

    1. Tu hermosa enemiga es de la que exhorta al sacrificio y, ya ves: ni ando en carro, ni vivo en casas de visitas ni tengo barriga de dirigente. Tu teoría del resentimiento debe ser un poco más flexible, no crees? más tolerante, digo yo…

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