Frijoles negros

Frijoles negrosAlgo debí decirle a mi primo aquel mediodía -algo que de seguro él tampoco recuerda- para que me respondiera con un disparo de frijol. Estábamos almorzando solos en la mesa de la saleta, donde aprendimos a jugar ajedrez y desde donde podíamos ver los muñequitos rusos sin dejar de comer. El grano de frijol negro rebotó en las paredes y terminó escachado en algún sitio no tan recóndito.

Entonces se desató la guerra: disimulada al principio, mientras velábamos cualquier movimiento allá atrás, en la cocina; desaforada después, en un fuego cruzado de balines negros que desaparecieron de los dos platos para convertirse en la artillería pesada de nuestro propio Waterloo.

Apenas segundos duró aquella escaramuza bélica: Tati, la abuela que ambos compartimos desde siempre, llegó a tiempo para sacarnos de las barricadas y recoger, con el alma adolorida por el potaje que ya nadie iba a comerse, los granos incrustados en la vitrina, las paredes, el mantel…

“Con la comida no se juega”, nos venía advirtiendo desde que los dos tratamos de meter las manos en el primer puré. “Con la comida no se juega”, me parece oírle decir ahora, cuando finalmente entiendo su aflicción ante los granos desperdigados e inútiles.

Los frijoles negros, de cualquier forma, no eran su fuerte. Ella lo sabía e intentaba suplir semejante desliz culinario -casi imperdonable en este menú del trópico- con ollas enteras de carne con papas como nadie más volvería a cocinar. Pero los frijoles negros, así, con caché, nunca le quedaron.

A esa realidad se resignó otro mediodía, con más calor y menos especias para condimentar, cuando sus dos más fieles comensales, mi tío y yo, probamos aquel potaje digno del más rancio período especial. El radio rumiaba un corrido mexicano que, como todos los corridos, hablaba de mujeres traicioneras, gallos finos o potros correlones, no recuerdo en verdad. Lo que sí recuerdo -porque uno suele grabar en la memoria del corazón los años felices- es la cara de angustia de mi tío sin decidirse a tomar la tercera cucharada de potaje.

“Coñó, esto es aguachirre”, dijo.

“No, qué va -le rectifiqué-: aguachirre con bolitas”.

Tal vez por esos rescoldos de nostalgia no me molesta en lo absoluto descubrir, con el delantal que fue suyo atado a la cintura y al borde de otra olla de frijoles negros, que me han quedado, como a Tati, irremediablemente mal.

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25 comentarios en “Frijoles negros

  1. Flor, que arte tienes para llegar hasta lo más profundo y hacer que una recuerde esas historias que parecieron cotidianas y que hoy cuando ha pasado el tiempo las extrañamos con nostalgía. Estoy segura que las comidas más ricas de mi vida llegaron desde las cazuelas de mis abuelas.

  2. giselle no te preocupes eres buena en otras cosas, la cocina dicen que es un arte, parece que eso es verdad ,no porque requiera de grandes estudios para obtener títulos y reconocimientos sino que es algo que nace con cada quien, las mujeres de mi familia son expertas en inventar las comidas más sabrosas con cualquier cosa, el guiso que mi abuela hacía era delicioso con muy pocos recursos, una de mis tías hace unas frituritas de pan que son una delicia, la otra es maga con croquetas de masa variada y asi te pudiera decir hasta el infinito, pero esta cubana que creció entre ollas odia cocinar con todas las fibras de su ser , será entonces que no tengo ese don , tu no eres especialista en frijoles negros pero tienes otras buenas aptitudes .saludos

  3. Guiso excelente crónica, recordé a mi abuela y ella sí era una estrella en la cocina, no existía menú malo, a pesar del periodo especial. Fue una lástima que no heredé su don porque como a ti, casi siempre mis frijoles son pésimos o por lo menos si los comparo con los que mi abuela Coralia me hacía son más que pésimos. Gracias por hacerme recordar momentos tan dulces como los de mi niñez.

  4. En una silla de ruedas, en un pueblo perdido de la geografía cubana, mi abuela paterna ve pasar las horas día tras día. Tiene más de 90 años y está todo el día en el portal, vaya uno a saber con cuántas cosas en la cabeza. Dice que se quiere morir, pero en realidad se muere por poder levantarse y meterse en la cocina. Mi abuela es la mejor cocinera que he conocido, aunque hace varios años ya que no practica sus habilidades culinarias. Cuando no había nada, en realidad nada de nada, se sacaba de la chistera el mejor arroz blanco sin grasa y el mejor potaje sin especies que me he comido en mi vida. Imagina cómo sería cuando tenía a mano al menos un poquito de manteca y unos dientes de ajo. Casi siempre cocinó con carbón o con leña, pero sus manjares jamás me supieron a humo. Este día de las madres la extrañé mucho. Me duele ir a ese pueblo perdido de la geografía cubana y ver su cara de desconsuelo con el plato de comida entre las manos. Dice que la comida de mi tía no le pasa, aunque en verdad, ella poco probaba de la suya. Siempre comió como un pajarito. Mi tía, en realidad, no es mala cocinera, pero es que como abuela, qué va…

    1. Es la primera vez que escribes en este blog y ya ves: aquí me tienes como una boba, con los ojos aguados. Gracias a la vida, por el don invaluable de las abuelas y a ti, por sorprenderme con este comentario de deslumbramientos…

  5. WUAOOOOO !!!! creo ke seré al unico ke tal vez se le aguaron hasta los ojos con esta crónica !!! pues soy el primo de las barricadas y los disparos jejeje, mi prima de verdad ke eres lo maximo !!! sigue siempre así, y gracias por hacerme parte de este pedacito de ti….

      1. Otro mas grandote para ti !!!! jejeje si DIOS kiere pronto ya no tendremos a Caracas en la lista de las ciudades jejeje asi ke la dejaremos en Sagua y La Habana !!!!….. si si pk La Habana si no la pienso dejar !!! jajaja

  6. “Coñó, esto es aguachirre” …. jajaja kien le diría a mi papá ke su frase tan famosa entre la familia, terminaria en un blog de internert !!!!

  7. Esta vez no me queda de otra que felicitarte por que escribes como tu rostro y porque tocas dos temas que son mi debilidad:Mi abuela(que es lo que mas quiero en el mundo,pues aunque en el K12 hace mucho, para mi esta viva) y los frijoles negros, estos son mi pasion y como tu familiar, soy incapaz de hacer un potaje decente que se parezca a los de mi abuela,a pesar de que cuento con todos los recursos y ella los hacia con ajo,aji,commino y cebolla y vinagre,sin el aceite de oliva ni nada mas y eran una obra de arte..Soy el que cocina en mi casa y modestia aparte lo hago muy bien,excepto con los frijoles..prometi no volverme a casar hasta que encontrara una mujer que me hiciera unos frijoles como mi abuela,pero al parecer morire soltero..Si conoces una buena “frijolera” recomiendamela,me caso con ella y soy capaz de volver a vivir en el K12, ,a no ser que ella quier venir a cocinarmelo a la pequena Habana…cumplire lo del mes

    1. Osmel, no me imagino la prueba -tangible o intangible- que pueda usted tener de mis frijoles negros. De todas maneras, me alegraría saber que la tradición de cocinar aguachirre no sea un asunto genético, porque en ese caso sería únicamente sentimental. De todas formas pudiera invitarlo a un plato de potaje…

      1. Lo de la genética y el aguachirre por frijoles lo tengo claro, pero de todas formas acepto su invitación si se trata de demostrarlo tangible o intangiblemente. Estoy seguro de que le quedarán a gusto. Saludos.

  8. yo no soy para nada un experto en frijoles, así que ahí tenemos otro puntoo en común. Solo los he cocinado dos veces y no sé definir todavía cuál ha sido peor. No te guíes tanto por lo que dice mi mamá: ella cocina bien (no tanto como mi padre y mi tía abuela materna, cierto) pero es una excelente repostera. Me hacía unas empanaditas rellenas como nadie, cuando era niño.
    De vuelta a los frijoles, no sé qué va a ser de Leydi, tú y yo cuando nos dispongamos a comer los tres juntos (ese momento llegará, estoy seguro) porque Leydi también es fatal en la cocina, según una de sus botellas. Yo no, de hecho dicen tengo buena sazón, pero con los frijoles nada de nada. Comeremos entonces arroz con algún plato fuerte y un buen vaso de agua fría para evitar atragantarnos con tanta comida seca jajajaja.
    Un besote, te quiero (aunque no sepas hacer frijoles)…

    1. Gracias, mi niño, pero no te preocupes, quizás exageré un poco mi fatalidad con los frijoles: tampoco es como para morirse de hambre, jejeje. Además, en ese encuentro podemos entretenernos con las empanadillas de Galinka, para ir al seguro. Un besoteeeee.

  9. Hola, muchacha de Cuba profunda:
    Llego a tu blog gracias a Carlos Luis, que te tiene anclada, o mejor, “amarrada”, a sus predilecciones.
    Bueno, pues me encanta escribirte que me encanta tu blog! Carlitin escribe que eres una de sus musas y ahora entiendo las razones. Pero este trabajo sobre los frijoles de tu abuela se me ha colado puertas abiertas y corriente adentro hasta el mismisimo centro del alma, aunque sea un poquito curso decirlo asi.
    Mi abuela, que en paz descanse, fue un angel que Dios le presto al mundo muchisimos anos. Desde chiquitico me inculco la fe en los libros, la desconfianza hacia la ignorancia (termino nada culto), el amor por el teatro, la poesia y las conversaciones intensas y maratonicas. Soliamos sentarnos en la ventana a ver fotos de nuestra familia, los Iznaga, contarnos historias de nuestros mayores, (contarnos, si, porque ella me exigia hablar a mi vez), y narrarme hasta los mas pequenos detalles todo lo concerniente a mi villa trinitaria. De ella aprendi un monton sobre geografia, historia, literatura… y de ella herede este odio visceral a las matematicas y la hipocresia.
    Mi abuela cocinaba tambien como los angeles, acaso mejor que ellos. Descendiente de espanoles, gallegos para ser precisos, en su mesa no podia faltar la garbanzada con salchichon o el jamon serrano. En anos que que esas cosas quedaron “desterradas por decreto”, suplia su ausencia con el cuento de como preparalas…
    Hoy, en la fria Noruega, a tantos anos de distancia y de nolstalgia, y gracias a ti, muchacha de Cuba profunda, pienso en mi abuela y preparo para mi esposa e hijo una garbanzada gallega.
    Gracias por el blog y las remembrazas. Se te admira desde el norte europeo.

    1. Muchas gracias por leerme, Manuel, y por contarme sus nostalgias de aquella abuela que, como todas las abuelas, ha quedado viva en su recuerdo. Debíamos hacer una especie de cofradía para narrarnos historias de los abuelos, esos seres fabulosos que nos salvan del pragmatismo de los padres y que nos hacen evocar siempre con un poco de tristeza por el tiempo ido los años felices de la infancia. Gracias una vez más por leerme desde Noruega, Carli es desde ya el amigo común que nos une. Saludos a la familia y continúe frecuentando este blog de la Cuba profunda, la que no está en las guías turísticas…

  10. Cofradía de las abuelas desde la Cuba profunda. Hm, que crees de hacer un grupo en facebook con este titulo? Realmente desconfío muchísimo del face, pero si desafiamos la banalidad cotidiana de esta red social para hablar de nuestras abuelas (y abuelos), entonces quizas ese solar virtual sea alguito mejor. Gracias por responder al comentario. Por cierto, quizas el blog no este en las guias turisticas, y yo debo anadir: por suerte. Mala literatura esa…

  11. Excelente crónica, Gissy, no pude aguantar reirme a carcajadas. Me parece estarte viendo exclamar: “aguachirre con bolitas” !!!!!…y recuerda: “con la comida no se juega”…Muas, te quiero.

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    Tracey

  13. Giselle, no se si te acuerdas de mi, probablemente no. Yo creo q fuistes alumna de Flora en esos repasos de Español q sacaban lo mejor de uno: la musa le bajaba a cualquiera con los temas que nos daba para escribir. Yo era dos anos menor que tu en el IPVCE y bueno nada quiero felicitarte porque la verdad me gusta muchísimo leer lo que escribes. Best chronicle I’ve read in quite a long time!

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