Viendo llover en Macondo

Viendo llover en MacondoAlguien dijo junto a mí: “Es viento de agua”. Y yo lo sabía desde antes.

Gabriel García Márquez

Llovió tanto que las casas se desprendieron de los cimientos y algunas rodaron por las calles, loma abajo. Viéndolas desde un postigo, más bien parecían barcos a la deriva, de esos que no van a ninguna parte. Puertas adentro, los pollos dormían en las repisas, tratando de mantener las patas alejadas de los charcos; las goteras comenzaron a horadar los pisos; las paredes exhalaban un vahído ocre y los espejos se cubrían de una nata blanca impenetrable. El acabose, hubiera murmurado mi abuela.

Fueron cuatro días con sus noches: desde el martes, cuando la humedad era tan densa que hubiera podido cortarse con un cuchillo de mesa, hasta el viernes, cuando ya a ninguna beata le quedaba santo para implorar el regreso de la seca.

Luego de tanta agua a toda hora, comprobé lo que ya sospechaba desde que el río Sagua se me coló con sus astucias de leva un metro dentro de la casa: que la lluvia tiene gracia la primera media hora. Los calores se aplacan, las gotas suenan sobre los techos de zinc como si se acabara el mundo y una se puede dar el lujo de quedarse embelesada dondequiera que la haya sorprendido el agua. Tiene hasta su sino romántico eso de mirar la lluvia, a buen resguardo detrás de una persiana o con los pies empapados en cualquier portal. Tiene gracia -repito- la primera media hora.

Después comienza una a desesperarse, a mirar el reloj, a decir: “Por Dios, pero por qué no escampa”, a recordar aquel cuento de García Márquez en el que una Isabel atribulada ve desdibujarse el pueblo, la gente, hasta las ganas de vivir, bajo los efluvios casi corpóreos del agua.

Cuatro días con sus noches pueden durar una eternidad, sobre todo si el aluvión dice “aquí estoy yo” de madrugada y hay que empezar a esa hora a recoger los bártulos; a colgar nombres en las cajas para que luego, en el desbarajuste de la evacuación, la ropa interior no termine entre la vajilla del vecino; a cargar con las fotos y las piedras de El Cobre y los recuerdos más entrañables, esas pertenencias que no resultan imprescindibles más que para el que se va, dispuesto a perderlo todo.

Así debieron sentirse los miles de espirituanos que, con las gotas golpeándoles como piedras en la cabeza, no pensaron en la proverbial fertilidad de los campos ni en la muerte definitiva de la sequía, sino en la amenaza constante de la presa Zaza, esa suerte de bomba de tiempo que apenas con un estornudo pudiera borrarlos a todos de la faz de la tierra. Sería, al menos para ellos, el fin del mundo.

Viendo la enésima evacuación de los habitantes de Tunas de Zaza, El Médano, Mapos, Tayabacoa y tantas otras comunidades en peligro por la crecida de la Zaza, reafirmo el trauma fluvial que padezco desde la adolescencia: que es una tortura esto de vivir aguas abajo de semejante palangana.

Empecé a creerlo cuando Alacranes -el embalse en la barriga del río Sagua- amenazó con llevarse la compuerta; y sigo pensándolo ahora, una vez acomodada junto al estanque artificial más grande de Cuba -un megaestanque, diría cierto guajiro exagerado-.

Al menos yo -no sé los “campesinos felices” de estos pueblos del sur espirituano-, jamás he vuelto a escuchar un parte meteorológico en etapa de ciclones sin que me vea de nuevo con el agua a las rodillas en la sala de mi casa.

Pero ellos, los “campesinos felices”, no parecen demasiado contrariados. Se montan en los camiones o en el tren, “lo que sea que manden”, miran hacia atrás como si siempre fuera la última vez, y se resignan a que la Zaza les llene las habitaciones con la mugre de sus empalizadas. “Qué remedio, ¿no?”, dicen los conformes, a sabiendas de que solo allí podrían subsistir llenando los botes de pescado; otros, los más viejos, que no han ido más allá de los albergues tierra adentro, se plantan en tres y dos con la obcecación de los 70 años: “Yo llegué primero, en todo caso, es la presa la que está atravesada”.

Atravesada o no, bastaría un mínimo berrinche, un temporal súbito y extemporáneo como este para que la lluvia despegara las casas de los cimientos, las arrastrara calle abajo y desbancara todo a su paso. En definitiva, nada hay más rotundo que el agua cuando se propone demostrar lo que se dice en los velorios: que frente a la confabulación de los elementos y a pesar de la presunción del hombre, no somos nada.

Anuncios

25 comentarios en “Viendo llover en Macondo

  1. en esos días de lluvia pasaron por mi casa un grupo de compañeros del trabajo de mi papá que son de sancti spiritus… hablaban, pro supuesto, de las lluvias… yo les dije que sancti spiritus necesitaba agua pues tenía una situación difícil con el agua almacenada y que la zaza estaba muy vacía… pero bueno, que para que la zaza se llene tiene que lloveeeeer!…

    bueno, pues… se llenó!… O.O!…

  2. Esta vez, a San Isidro Labrador, le ha sido bien difícil quitar el agua y poner el Sol. Parece que esta semana seguiremos creyendo que somos habitantes de Macondo y miembros de la familia Buendía.

  3. Que triste mi rubia…tu estas bien?…tuviste que mudarte tambien?….en Sagua llovio mucho tambien…el rio crecio mucho me imagino…que dice Ani? Besitos….siempre te leo. Lele.

    1. No, mi vida, gracias a Dios en Sagua no creció tanto esta vez. Te acuerdas aquel ciclón que casi dividió la ciudad? Seguro tú quedaste del lado del Barrio San Juan, con los panquecitos de Silvia María. Cuando eso todavía yo no te había dado un cucharazo en la frente y aún no eras mi Nostradamus, pero estabas a punto de serlo. Un beso, con mucha, mucha, mucha nostalgia.

      1. un beso inmenso para ti y un abrazo, mejor, miles!…te extraño tanto!…y sí, tienes razón, me quedé en el Barrio San Juan, pero no se si cuando aquello me hacían panquesitos jejeje…ese invento era solamente para pasar la semana en la vocacional!….Aquellas imágenes del río crecido todavía están en mi mente y cuando leía tu blog anterior en el que revivías aquellos momentos me transladé a Sagua por un rato. Te quiero mi rubia, mi ventajista de ventiladores.

        1. Ventajista de ventiladores, jejeje, está bueno eso. Te debo un post solo para ti, mi Lele, pero suele sucederme que la emoción me obnubila. Tengo que escribir para ti, pero me pongo nerviosa solo de pensarlo. Deja ver qué cuento, si la manera en que te agitaba el ventilador, las piedras que te echaba en el maletín, el cucharazo en la frente o todo junto, jejeje. Muchos, muchos besos…

  4. No habia leido tu blog y te deje e una nota en facebook..Tiene mucha razon cuando afirmas que no somos nada:tenemos menos genes que un tomate..Te repito la noticia para que tus lectores la tengan:Plant geneticists who sequenced the tomato’s genome in hope of breeding better specimens found that it has 31,760 genes — about 7,000 more than a person.Lo traduzco:Botanicos especializados en genetica,secuenciaron el genoma del tomate con la esperanza de crear mejores variedades.Encontraron que este tiene 31760 genes,alrededor de 700 mas que el ser humano.

    1. Ya vi la nota, Jose Luis, pero tampoco así, eh? no somos nada pero sí un poquito más que un tomate. Hay personas sin las que no se puede vivir, sin embargo, ha visto usted a alguien agobiado porque le falte un tomate? jejeje. Saludos, y siga comentando en esta finca de la Cuba profunda…

  5. Nunca he presenciado un aguacero de tal magnitud, pero pensé mucho en como lo habían pasado las personas que estaban allá por esos días. Gracias por traerme un soplo de lo que fue aquel arrebato colérico del clima.

  6. ya sé que los días lluviosos se prestan para romances. lecturas, bebidas, etc. hasta ahí todo lindo, pero cuando sientes sobre tu techo “estacazos” de agua, no puedes abrir ni la ventana porque corres el riesgo de salir volando como Remedios la bella, entonces la cosa es diferente, los que vivimos este “temporal” como dicen los viejos,sentimos una sensación de desamparo pues nada puedes hacer contra la natura, a los dos días parecia que llevaba un siglo de lluvia, no sé si es que le temo a todos esos excesos de los elementos , o pensaba en las consecuencias que nos traerían, lo cierto es que no son lindos recuerdos,esta vieja ciudad se estremeció una vez más por los desmanes de la naturaleza, sus viejos muros renqueaban como huesos oxidados, las cañadas amenazaban en convertirse en ríos y estos en mares, suerte que es tan linda y tenaz que puede resurgir como el Ava Fénix y para colmo de paradoja después de tanta sequía, tanta lluvia y se rompen las viejas tuberias de abasto de agua y hace 9 días que no tenemos ninguna, si definitivamente si el Gabo no hubiera nacido en Aracataca, este fuera el sitio ideal para llamarse Macondo, besos

    1. Trinidad es nuestra Macondo, Galinka, de eso no tengo dudas. Todo allá es de lo real maravilloso, sobre todo su gente. Espero que puedan levantarse esta vez como siempre han hecho, porque eso de bueno tiene la ciudad, que se encara hasta a los mismísimos elementos. Besos, ya le comenté a Carli una crónica preciosa que tiene en su blog sobre el diluvio trinitario.

  7. Gisselle: te cuento que es la primera ocasión que no leo tu blog bien temprano como hago cada miércoles, tu conoces las razones. He leído varias veces tu crónica me limito a decir que es ESPECTACULAR!!!! la compartiré para que muchos más puedan concocer lo sucedido en tierras espirituanas.

    1. No, Adrián, lo espectacular fueron las lluvias. Fue un evento meteorológico tan irreal que, todavía en medio de los aguaceros, yo no podía creérmelo. Cuatro días con sus noches… terrible…

  8. Gi: esto ha sido terrible!!!!! Por estos días este casi segundo diluvio ha sido terrible, y no es para menos! Trinidad quedó devastada, cierto, pero quien viera las imágenes de Sanct Sípiritus fácilmente se le podía formar un nudo en la garganta tremendo. Ahora, a esperar y a dosminuir las súplicas a San Pedro porque, esta vez, definitivamente, se nos fue la mano…un besote.Tu niño.

  9. “…la humedad era tan densa que hubiera podido cortarse con un cuchillo de mesa”. No venga Usted ahora, Isabel, a decirme que esa construcción no es de Cortázar o de algún pariente cercano. La envidio aun con sus reproches de guajira exagerada, casi tan exagerada como ese susodicho del megaestanque.

  10. Gisselle, me encantó esta crónica. Vivo lejos de ríos caudalosos y no tengo aguas arriba; solo una vez desperté con el agua a los tobillos. Quizá por eso siempre sufro esa añoranza “macondiana” y romántica de ver llover sin parar, que los ríos se desborden y salgan de su cauce, y que después, como si nada, vuelvan a su lugar. Creo que si hubiera vivido —y sufrido— inundaciones como las de Sagua ya no tuviera esos “deseos”. Por cierto, Maykel me enseño hasta donde han llegado las crecidas del río y es impresionante.
    Me has obligado a entrar a tu blog cada vez que consigo internet.
    Besos, Carlos Alejandro.

    1. Nadie mejor que Maikel, mi Nictálope querido, para enseñarte hasta dónde ha llegado el río Sagua. A él le debo también la fascinación por mi pueblo. Por cierto, mirando todos los amigos que tenemos en común, qué esperas para darte una vueltecita por aquí para conocernos? Saludos desde esta otra orilla fluvial.

  11. Ah, ya me han invitado varias veces, pero por pereza u obligaciones nunca he ido. No obstante, prometo (quiero) estar por allá en cuanto pueda. Conocerte sería otra buena tentación para dar ese viajecito.
    Besos.

  12. Hmm it appears like your blog ate my first comment (it was super long) so I guess I’ll just sum it up what I wrote and say, I’m thoroughly enjoying your
    blog. I too am an aspiring blog writer but I’m still new to everything. Do you have any tips for first-time blog writers? I’d really appreciate it.

    Marietta

La opinión es libre, mientras sea emitida con respeto

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s