El Gabo en su laberinto

El Gabo en su laberintoComo un señor muy viejo con unas alas enormes: así debe sentirse ahora, que apenas recuerda a los amigos y no se sabe explicar exactamente qué pinta en el mundo.

No yace en un rincón del patio, aterido de frío como el ángel de su cuento; no agoniza escuchando el salve de los esclavos, tal y como describió a Bolívar en la mañana terrible que se le iba para siempre; no se desbarranca con las tripas en las manos, como Santiago Nasar el día de la visita del obispo, ni espera la metralla cerrada frente al pelotón de fusilamiento. Peor aún: Gabriel García Márquez se nos está muriendo desde el amanecer fatídico en que perdió la lucidez.

Los cables de las agencias narran con tanto morbo la noticia, con tanto regodeo en los detalles insignificantes -las horas trastocadas, el diálogo en monosílabos, la mirada febril- que he llegado a preguntarme si no se trata de un ardid del propio Gabo para figurar nuevamente en los diarios. En definitiva, el arte de magnificar lo superfluo siempre se le dio bien.

Hasta crucé los dedos para que el hermano que confirmó el diagnóstico -“demencia senil”, ha proclamado a los cuatro vientos- no pase de un vocero extraoficial y malintencionado con alguna deuda que cobrarle al escritor.

He buscado los más inverosímiles argumentos -es una necesidad humana esto de encontrar asideros- pero no me queda otro remedio que creer lo que ya venía siendo evidente desde que comenzó a espaciar sus comparecencias públicas: que se pierde, que mezcla los recuerdos, que no fue la muerte la que asestó el golpe de gracia a las historias de Macondo sino un limbo todavía más implacable: el desvarío.

Algo habíamos empezado a sospechar sus lectores más fervientes cuando publicó Memorias de mis putas tristes, un libro que nadie contaría entre los de cabecera y que dio argumento a sus detractores para acusarlo con más saña por reiterativo y facilista. De hecho, con semejante ¿novela corta? ¿cuento largo? me asaltó en plena calle un amigo que dice leer a Cortázar y a Lezama -ah, dos altas cumbres a las que jamás llegaré- para probarme los descalabros de la narrativa comercial. Aunque no estaba de acuerdo le dije que sí, que tenía razón -como suelo hacer cuando no hallo más explicaciones que el sentimiento o cuando la voz del otro surge desde la barricada- y le recordé que no se puede juzgar a un hombre por sus obras de decadencia. Fue un diálogo de sordos: él se marchó creyendo que me había defenestrado a García Márquez y yo me fui lamentando cuán imperceptible es el límite entre la erudición y la arrogancia.

No lo leo porque le hayan conferido el Premio Nobel, ni es Cien años de soledad la novela suya que prefiero, ni siquiera pienso que haya sido el más genial de los narradores latinoamericanos del siglo XX, pero tampoco necesita cargar con todos esos títulos nobiliarios para que sea precisamente alguno de sus libros el que yo salvaría del naufragio.

Y es que no puedo sino admirar al hombre que creó El amor en los tiempos del cólera -la he leído tres veces y siempre me termina pareciendo escrita para mí-, Crónica de una muerte anunciada, El general en su laberinto y Monólogo de Isabel viendo llover en Macondo.

No puedo sino admirar a un hombre tan lúcido, incluso en medio de la demencia, como para resignarse a que su mejor obra de postrimerías sea el silencio.

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27 comentarios en “El Gabo en su laberinto

  1. Gisse:
    también a mí me dolió la noticia, y he estado en esperas de que alguien lo desmienta…Tampoco es “Cien años de soledad” el libro de García Márquez que prefiero, sino “El Coronel no tiene quien le escriba”, lo he leído tres veces porque me conmueve que el anciano esperara el correo cada semana y nuca recibión mensajes. Me ha encantado leerte, sabes cómo llegar a las fibras sensibles. Un abrazo.

  2. Bello el artículo Giselle … realmente una triste noticia coincido contigo en que es un hombre digno de admirar.

  3. La noticia me sorprendió y entristeció: soy una seguidora de la obra del Gabo y no recuerdo como llegó a mis manos Cien años de soledad, solo sé que lo he leído más de 10 veces. y no es una exageración. Sus otros libros también los he releído, soy una lectora voraz y el Gabo ha sido capaz de arrancarme más de una lágrima y sentir mucha tristeza en diferentes narraciones. Pero también admiro su manera de entretejer realidad y ficción para regalarnos un relato fascinante de las cosas más sencillas.
    Te digo: quizás no sea yo tampoco de cumbres tan altas, aunque me haya leído a Cortazar y Lezama pero no me han dejado el dulce sabor de las obras de García Márquez. En fin, quiero creer que su mente está anclada en el sitio más lindo que el imaginó para los millones de lectores que lo admiramos, seguimos y recordaremos como un gran creador. Si necesitas salvar sus libros del naufragio, no dejes de avisarme. Besos

    1. Muy cierto, Galinka, al Gabo se le lleva siempre en el corazón aunque hayamos leído toda la literatura universal. Ese mismo amigo al que no le gusta García Márquez creo que sí lo lee a escondidas, aunque luego en público diga que no, porque el Gabo es de esos escritores imprescindibles para la humanidad. Dios mío, qué hiperbólica, jejejeje. Lo cierto es que, de cualquier naufragio, ya sea físico o espiritual, el libro suyo que más salvaría es El amor en los tiempos del cólera. Todavía yo creo poder encontrar a mi Florentino Ariza. Un beso…

  4. Llegué tarde a Cuba profunda. Cuando me enteré de tu finquita, como a ti te gusta llamarla, ya tenías varios post publicados que poco a poco he ido leyendo. Quizás peco de entrometido pero de todos los post de que me he leído miércoles tras miércoles este ha sido el de tono más entristecedor. Y no es para menos.
    No imaginaba que la enfermedad del Gabo estuviera tan avanzada o fuera una realidad. También yo preferí aferrarme a la idea del morbo de los medios…pero parece que una vez más la vida me impedirá realizar uno de mis sueños que era verlo, al menos de lejos, porque estrechar su mano conrituye toda una utopía.
    Al Gabo lo descubrí por mi madre que por mucho tiempo reservó Cien Años de Soledad para mí y lo terminé de leer bajo un apagón y no pude evitar recordar tantas anécdotas familiares, aunque después he leído otras obras suyas que me han llenado igual, o más.
    No podía imaginar mejor regalo para el día de los padres que un texto de García Márquez para mi papi…porque el Gabo tiene ese misterio de lo inmenso, de lo increíble…Yo quiero quedarme con la imagen del hombre que tuvo una infancia que le permitió años después escribir su libros. Por eso desde ya deshecho la imagen del Gabo perdido en su laberitno, para no hacerme daño…Gracias por este miércoles. Un beso, tu niño.

  5. Gi: revisando el comentario parea ver si habías contestado me percaté que se me fue una “h” en desecho!!!, ay, mi madre, este apuro, este tiempo que es oro hace que se la vayan a uno cada barbaridades!!!Sorry, un besote.

    1. Carli, también creo, como tu papá, que un libro de García Márquez es el mejor regalo de cumpleaños. De hecho, es algo que he logrado hacer más de una vez y a una le da una especie de satisfacción al regalar algo que sabe va a ser insuperable. El Gabo nos enseñó a eso: a valorar sus textos como si se tratara de reliquias u obras de culto. He logrado aprenderme de memoria sus frases y después lleno las páginas en blanco de las agendas con ellas, si me pongo farruca puedo hasta recordar en qué página están, jejeje. De modo que el día en que amanezca yo sin lucidez, aún así creo que habré de recordarlo. Estoy medio tristona, no me hagas mucho caso, jejejeje. Besos.

  6. Gisse, no respondo a la encuesta porque creo que la respuesta a esa pregunta puede ser mas compleja que un sí o un no…Yo, al menos, quisiera creer que no es cierto, y tal vez por eso me aferro a las versiones que lo desmienten. Pero la verdad es que si lo fuera, tampoco importaría, es algo humano de lo que no hay que avergonzarse. Porque lo más importante, en cualquiera de los dos casos, es lo que el Gabo nos dejó a todos!

  7. Comencé a sospechar que algo le pasaba a García Márquez cuando dejé de sentir su “presencia” en los festivales de cine de La Habana. Desconocía que fueran de demencia (que no desmemoria) las imposibilidades.
    !Qué casualidad! Justo anteanoche vi Memoria de mis putas tristes; el libro, o más bien una fotocopia de él, tuve oprtunidad de leerlo hace algún tiempo.
    Gisselle, también El amor… está entre mis prefridas…y me encanta El ahogado más hermoso del mundo, uno de sus relatos…
    La noticia es triste…como estos días en SS…sin embargo prefiero olvidarla y recordar la dicha de descubrir el realismo mágico de buena parte de sus textos…de buena parte de nosotros…

    1. También leí Memoria de mis putas tristes hace tiempo, pero a todo el que lo haya leído después de El amor en los tiempos del cólera le pasa como a mí, que me pareció una prolongación de la historia de conquistas amorosas de Florentino Ariza. Gracias por comentar en el blog, Katia, y sigue formando parte de esta cofradía de admiradores del Gabo, con o sin lucidez.

  8. La vida puede ser dura, irónica, cruel. Terrible, a fin de cuentas. No sé, no puedo saber con mayor certeza que lo que dicen otros, si García Márquez padece o no de demencia senil. Tú tampoco, ni nadie que no esté lo suficientemente cerca del escritor en este tardío momento de su existencia. Pero sí, podría ser. Podría ser lo que dice su hermano y repiten con morbo las agencias de noticias. Esa posibilidad es un mazazo inclemente, una sacudida capaz de destruir el idílico limbo en que solemos colocar a quienes admiramos. Pero nadie, en la vida real, vive en una cima paradisíaca, inaccesible a los golpes de la vida. Y García Márquez, el ser humano, como todos los seres humanos, no es ningún dios. Duele, sí que duele. Incluso a quienes, como yo, no seamos sus mejores lectores, y prefiramos otros escritores, como Vargas Llosa, o el propio Cortázar, que dicho sea de paso no creo sea una cumbre inalcanzable, menos para alguien tan sensible e inteligente como tú. Porque más allá de preferencias literarias, el Gabo tiene una obra rotunda, indiscutible, y no solo por el Nobel. Y con esa obra, queriéndolo o sin querer, hizo mejor la vida, nuestra vida, la de quienes alguna vez lo hemos leído con gusto, el mismo gusto con el que se disfruta lo más reconfortante y placentero. Puede que García Márquez padezca hoy de demencia senil, que deambule perdido por su mente, intentando atrapar los últimos fragmentos de su memoria. Nada podemos hacer por impedirlo. Pero sí podemos mantenerlo vivo de otra forma, con sus libros, en nosotros, en los demás. Macondo lo sobrevivirá, y Aureliano Buendía, y sus demás grandes personajes. Y estoy seguro que esa idea, acaso en un rapto de lucidez, puede hacerlo sonreír. Gabo, el escritor, no el ser humano, no padece de demencia senil ni morirá mientras vivan sus obras, mientras alguien lea con placer sus páginas. La vida puede ser dura, irónica, cruel, pero también puede ser maravillosa. Gabo, el escritor, ha ayudado a que así sea, y la vida lo ha premiado merecidamente con la inmortalidad.

    1. La vida que puede ser dura, irónica, cruel, gracias al Gabo es también un poco más llevadera. Ahora mismo, sobre todo después de leer tu comentario, estaría dispuesta a cambiar la fragilidad de estos 28 años con los que -lo digo tácitamente- no sé qué hacer, por uno solo de sus raptos de lucidez, por una sola de esas veces que se reconozca el creador de un mundo “otro” para el resto de la humanidad. Debe ser indescriptible la satisfacción de saberse trascendido por su propia obra.
      Y sobre Cortázar, bueno, he leído muchos de sus cuentos -me encantó uno que se titula algo así como Carta a una señorita en París, no recuerdo bien- pero el Cortázar de Rayuela como el Lezama de Paradiso me son, me han sido hasta ahora, murallas infranqueables. Como aquel poema de Wichy que decía: “…Lo intentamos ¿recuerdas?/ Lo intentamos/ Pero fue un fracaso/ China tiene sus arcanos/ China tiene sus secretos/ China tiene sus murallas infranqueables”.

  9. Parece que más de uno se quedó aquí con las ganas de estrechar sus manos. Yo lo conocí siendo muy pequeña mi mamá, cuando organizábamos el librero mami me decía: “Algún día leerás este libro” y cuando lo hice… ya imaginas lo que pasó? me quedé prendada para siempre de sus letras. He sentido este desequilibrio del Gabo como de un pariente lejano y ahora no me voy a poner a hablar de alguna lectura favorita porque ya esto se me está pareciendo una esquela mortuoria, te quiero Gi, aunque como al Gabo jamás he podido estrechar tu mano esperemos que esto suceda antes de que alguna de las dos llegue la demencia.

    1. Muchacha, pero cómo que antes de que alguna de las dos llegue a la demencia? Si las dos estamos de 15 todavía y vivimos en el mismo pueblo. Bueno, yo vivo cada 15 días en tu mismo pueblo, jejeje. Gracias por comentar en esta Cuba profunda, no pierdas la costumbre de darte un brinquito por esta finca virtual. Besos.

  10. PARECE QUE ESTO DE ESCRIBIR RAPIDO ACABA CON LA CORDURA DE TODOS CARLOS, AHORA ESTABA LEYENDO LA SEGUNDA ORACION, POR DIOS, QUE CANTIDAD DE REDUNDANCIAS.

  11. junto a alejo carpentier, el gabo es mi escritor favorito… aunque casi todos prefieren cien años de soledad, yo me decanto por el amor en los tiempos del cólera… algo me pasa con carpentier, que en lugar de su obra cumbre me voy a todos lados con la consagración de la primavera… la demencia senil creo que es triste para el final de la vida, sea la de un simple viejito anónimo o la de un genial escritor que posiblemente no se recuerde ni a sí mismo… pero ya GGM tiene garantizados sus lectores eternos…

    1. Muy cierto, Camarero, ya el Gabo tiene garantizada la eternidad y nosotros, los lectores que lo veneramos, tendremos sus historias hasta para que se confundan con las nuestras llegado el momento de la demencia. Al menos yo, ya hasta me imagino creyéndome Fermina Daza a los 70 años, bueno, si llego…

  12. Hola,Gisselle.Dios da talentos y espera recibirlos multiplicados.No se sabe quien fue mas generoso,EL o Garcia Marquez.En el Magdalena de muchos corazones,aguas arriba y aguas abajo,Florentino Ariza y Fermina Daza navegaran eternamente.Dio y seguira dando goce espiritual a millones.Hizo demasiado bien su tarea.Lastima?Dolor?Envidia,de la buena e inmensa alegria por ser sus coetaneos.Saludos de Roberto.

    1. Esa imagen de Fermina y Florentino navegando eternamente por el río es de una fuerza telúrica. “Toda la vida”, así dijo Florentino Ariza y así terminó el Gabo el libro que, según ha dicho, le es más entrañable, sobre todo porque en él reproduce parte de la historia de su familia, de su madre, de sus nostalgias. Es el libro que prefiero entre todos los que en este mundo han sido. Saludos, Roberto, y siga por aquí…

  13. Si tuviera que salvar uno solo de sus libros yo tampoco escogería Cien años de soledad, me quedo con los “menores”, con El general en su laberinto, con Crónica de una muerte anunciada, me quedo el Relato de un náufrago, que es un reportaje delicioso. y me quedo con las ocurrencias del Gabo, aunque ya contengan cierta dosis de demencia senil. A fin de cuentas, cada cual carga con su demencia, solo que la suya es más prominente.

    1. Es cierto, Orestes, cada cual carga con su propia demencia, magnificada o disminuida en dependencia de la cantidad de personas que la perciban. Aunque le repito, para eso lo mejor es la actitud del Gabo, él como siempre, genial hasta en las postrimerías. Saludos desde mi propia demencia juvenil.

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