O’Globo a la cubana

O'Globo a la cubanaImagino que hasta los funcionarios del Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT) se hayan percatado de que la serie Con palabras propias no debió ser nunca transmitida en el horario estelar. Millones de personas llegaban cansadas de la vorágine diaria, de la carestía de la vida, y cuando finalmente se disponían a disfrutar de nuestros -ya por suerte cinco- canales nacionales, el sacrosanto espacio de la telenovela cubana, seguido con devoción religiosa por buena parte del país, estaba siendo ocupado por una serie sin ton ni son ni credibilidad, que para hacer justicia a su título más bien debió haberse llamado Sin palabras.

Así me quedé yo, literalmente sin palabras, cuando vi que el culebrón -indigno hasta para los adolescentes, insultante para un ciudadano con inteligencia media- se regodeaba en contradicciones fatuas, personajes traídos por los pelos y conflictos ridículos.

Luego superé el trauma de estar siendo estafada con un producto de dudosa procedencia, recordé que por ese guión de lo irreal-espantoso le habían pagado a alguien un salario estratosférico y terminé de disfrutar aquel engendro como si se tratara de un ejercicio para detectar gazapos o un programa humorístico.

El mejor mea culpa que encontró el ICRT fue no repetir el capítulo final. “Disculpas aceptadas -me dije-, para la próxima será”. Sin embargo, me bastó con dispararme la primera entrega de la próxima, Amores de verano -desde el mismísimo título debí haberlo sospechado- para confirmar lo que repito con tanta frecuencia por estos días: “Por mala que esté la situación, siempre puede empeorar”.

Es como si fuera un castigo: la finca donde todos veranean, ahora es una playa; las situaciones inverosímiles se continúan sucediendo -debe estar de moda subestimar al televidente-; los diálogos parecen escritos para una sátira y el desempeño actoral es tan pobre que ni los consagrados se salvan de la debacle. (Claro, no hay actor que luzca natural diciendo esos bocadillos).

Ni la televisión cubana es O’Globo ni la austeridad es un eslogan nuevo para el ICRT. Por eso resulta poco menos que imperdonable que los escasos presupuestos se pongan en proyectos equivocados. ¿Nadie leyó el bodrio de turno antes de aprobarlo para producción? ¿Nadie pensó en el espectador, con nivel de instrucción suficiente para percatarse del timo? ¿Dónde están los creadores graduados de la Escuela Internacional de Cine, Radio y Televisión que nos preciamos de formar? ¿Hasta cuándo las manquedades económicas van a justificar la falta de talento, de originalidad, el desparpajo con que ciertos realizadores del medio nos ponen a todos a pastar?

Por lo pronto, ya estoy cruzando los dedos para que el melodrama aprobado, filmado, pagado y a punto de difundirse a partir de este septiembre no sea otro culebrón únicamente apto para niños de primer grado.

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15 comentarios en “O’Globo a la cubana

    1. Hola, Dariela. Bienvenida a esta Cuba profunda. Estuve leyendo el link y a ratos me parecía que lo había escrito yo, jejeje. Puedo suscribir una por una las ideas, incluyendo el comentario de que lo único salvable son las buenas intenciones. Al pensar en eso me dio un poco de cargo de conciencia, pero después me dije que más lástima me daba con los espectadores que sufren lunes, miércoles y viernes, y me conformé. Gracias por compartir el enlace. Regresa siempre a esta finca virtual.

  1. No he parado de reirme al leer este post, has hecho algo asi como recopilar millones de opiniones en la tuya. Las interrogantes del final, una y otra vez suceden de boca en boca, porque la gente no concibe que en un pais como el nuestro, con crisis, bloqueado, aprueben proyectos de tan baja calidad – que suponen un presupuesto bastante elevado, porque la tv es asi- asi que, por favor, le pedimos a nuestros representantes en el ICRT, que tengan un tin de cuidado al presentar un producto que ha devenido tradicion en la sociedad cubana: la telenovela. Oye que porque ni las criticas del periodico trabajadores han estado bastante explícitas, gisse, te recomiendo que saques esto por los medios. Saludos

    1. Sí, Luis, pretendemos publicarlo en la edición de este sábado de Escambray. Gracias por los comentarios de elogio; en verdad, hay que ser suicida para sentarse delante de la televisión en horario estelar. Por suerte, ya perdimos a Totó, esta vez de verdad, así que confiemos en que la próxima novela brasileña nos salve del hastío a los que no tenemos DVD. Digo la brasileña porque ya no tengo esperanzas con el culebrón de factura nacional. Ojalá me sorprenda para bien.

  2. Ya no veo novelas cubanas, Gisse. Esa pasión que sentía cuando era niño de esperar Sol de Batey-que aunque era muy pequeñito todavía recuerdo la actuación de Susana Pérez y Verónica Lyn-. Tierra Brava fue una de mis preferidas, Salir de Noche-ambas las he visto en restrasmisión por Tele Rebelde-, pero hace unos años parece que el género también se contagió con la enfermedad del desamor.
    Recuerdo cómo antes la novela que empezaba superaba la anterior, con una variedad temática increíble; la gente esperando el próximo capítulo como agua fresca, los comentarios por la calle de qué pasará con fulano y mengana…
    Ahora la realidad que me brinda la telenovela-si bien es cierto nunca será tan fiel a la realidad misma- se aleja a pasos gigantes de la cotianidad, es como si las hicieran para salir del paso, como de dice en la calle.
    Todo lo resuelven, o la mayoría de las escenas, con filmarlas en esos estudios de cartón, horrorosos, por cierto; con la bobería de los jóvenes con celulares, el equipo de música, la fiesta tan mal lograda…
    Si bien tú no sabes dónde estñan los guionistas graduados, yo pregunto además por los actores.
    Últimamente las novelas es un proceso de reciclaje actoral, verdad? Es casarse con la gente, con los personajes, con todo… y eso aburre.
    Y no creo que solo sea culpa de presupuesto aunque sí tienen el mayor peso; las ganas, la entrega a lo que se hace influye muchísimo, retribución económica aparte…
    Por eso después del noticiero veo el programa de turno y luego abandono el sillón…Solo escuchaba la canción de Buena Fe, en Con palabras propias…
    Tengo unos libros buenísimos en casa. Me avisas y cuando empiece la universidad te los llevo hasta sancti Spíritus para que los leas con calma, así evitarás los disgustos en el horario estelar de la ¿telenovela?…
    Ayer esa charla me vino de maravillas, al fin te capturé!jejeje Un besote. Tu niño

    1. Carli, es cierto lo que recomiendas: ante la evidente debacle de la telenovela, lo mejor es sumergirse en las siempre gratificantes aguas de la literatura. Sin embargo, debo admitir que lo hago con dolor, porque soy telenovelera desde los años 80, cuando Doña Bella me agarró por el cuello y me llenó los ojos de cascadas de Jatobá y de sus amores contrariados con Antonio Sampaio. A estas alturas, después de haber visto un centenar de culebrones -buenos, regulares, peores, cubanos, brasileños, pero nunca nunca nunca mexicanos- reconozco que no logro sustraerme a saber, al menos, de qué va la historia. Puede que no la resista, que no soporte a los actores, que me desagrade del todo el argumento; puede que hasta me parezca un insulto a los ciudadanos -como es el caso de marras-, pero aún así, hay algo que me ata al televisor, que me obliga a tenerlo cuando menos encendido en ese horario, y yo mirando la pantalla de soslayo, fingiendo que no le presto atención alguna, que no me importa, vaya. Calcula entonces los trabajos que estoy pasando con estos Desamores de verano!!! Un besote, mi niño.

  3. De todo lo que contienen las series cubanas lo que más me molesta es el esfuerzo por presentar al hijo deNéstor jiménez como un tipo todavía más pesado que su tía la Tojosa (Luisa María). Comparto todo lo que se ha dicho en este post, en tiempos más estrechos hemos tenido mejores produciones, lo que pasa es que nos ha invadidio el facilismo y los creadores creen -o mejor, nos lo quieren hacer creeer a nosotros- que llenando la pantalla de gagos y jineteras ya tenemos la serie ganada. Debían sancionarlos a todos a ver seis horas diarias de muñequitos rusos, que en los archivos del ICRT debe haber materia prima como para ello.

    1. Ay, Maricusa, en ese caso yo pediría ser sancionada también. Cuando niña no soportaba tener que comer al compás de Bolek y Lolek, pero ahora los echo de menos -a esos extremos llega mi masoquismo- cuando veo en la pequeña pantalla a Dora, la exploradora, o a Diego. Me da cierta nostalgia saber que las generaciones actuales no tienen ni idea de aquellos muñequitos de palo con los que fuimos casi felices. Gracias por insistir en esta finca, ya sabe que puede darse una vuelta cuando usted quiera. Saludos.

  4. Muchas gracias, hija, tengo que ir en estos días por Sitiecito, pero me han dicho que tú no paras en Sagua, creo que mejor te busco por Sancti Spíritus. Pero mientras te sigo por aquí.

  5. Desdichadamente el problema anda más allá de los acertados y justos aguijonazos de Gisselle, que jamás yerra. Les aseguro que forma parte del arribo de la chapucería, el mercachifleo, la fascinación por la frivolidad, y ante todo la entronización de la mediocracia en los grandes medios cubanos. Con frecuencia encontramos a personas de analfabetismo vocacional escribiendo culebrones, solo porque un amigo le “abrió” las puertas a una suculenta suma, y eso proviene de lo que los jerarcas de la televisión han acuñad como la tranfusión del mal gusto. Escribir un melodrama no es tan fácil como algunos creen. Ante todo hay que saber que si no pensamos en ese público a quien respetar, siempre andaremos con las patéticas propuestas que pululan con el cuño “made in havana” (así, bien anglosajona, y con minúsculas, para poder mostrar nuestra postración por el american way of life, o death, al buen decir de un buen cubano). De eso no nos va a salvar nadie, mientras vivamos el habanocentrismo y se nos derrame el campesino hasta por los poros a los que vivimos de Campo Florido para acá, seguiremos en eso, aupando a los Antolines, a los Osmani García, y lejos de Doimeadiós y Frank Fernández.

    1. Es lamentable y dolorosamente cierto cuanto dices, Marco, sobre todo porque esa misma televisión es la que debería fomentar el buen gusto estético entre los cubanos y no estoy tan segura de que en los últimos tiempos lo esté logrando, ni siquiera de que lo esté intentando. La mediocracia es implacable: nos obliga a ver una concatenación de telenovelas que van de mal en peor; de programas de sábado por la noche que dan ganas de llorar; de espacios juveniles que siguen el mismo esquema de entrevista, muchachos risueños, video clip musical, en una suerte de jolgorio a lo “playa, playa, piscina, piscina”. Y que conste, no estoy en contra de lo populachero, para todo debe haber lugar, solo que lo populachero no puede ser lo único. Ah, y estoy de acuerdo con todo, Marco, menos con eso de que nunca yerro. Lo hago y con más frecuencia de lo que puedas imaginar. Saludos de esta detractora acérrima de las novelas de la finca y de la playa.

  6. No sé cómo violas la ley primera del ser humano inteligente (me pareces inteligente por eso me atrevo a decirte eso): no ver televisión hecha por cubanos. Si respondes algo como “es mi trabajo” entonces pierdes la categoría de “inteligente” 😉 No, en serio: menos mal que alguien critica estas cosas. No creo que se solucionen, pero al menos alguien las critica. Nunca veré esas series, pero gracias por recordarme que no me estoy perdiendo nada. Un saludo.

    1. Gracias por comentar en el blog, Raúl, espero que no sea la última vez. Me he reído mucho con lo que dices: es cierto, no debería enervarme con este tipo de series, no debía verlas. Es tiempo que pierdo de leer un libro o pensar en las musarañas. Pero la tradición familiar también pesa. La primera vez que di una perreta como Dios manda, tan grande que la recuerdo y solo tenía cuatro años, fue cuando quería ver a las 11 de la noche aquella serie brasileña de antología: Doña Bella. Desde entonces, aunque sepa que no va a gustarme la trama, no he faltado a la cita diaria con la novela. Saludos.

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