En Moscú todavía vive gente

En Moscú todavía vive genteSe llevaron los misiles pero nos dejaron un arma no menos poderosa: los muñequitos rusos. No sé si fue exactamente en octubre de 1962, mientras la isla estaba a punto de ser borrada del mapa, cuando las estampas de animales siberianos y bosques de abedules comenzaron a llenar las pantallas de los hogares en esta nación del trópico.

Lo cierto es que, luego de cinco décadas de monopolio soviético sobre nuestra programación infantil, las historias de Bolek y Lolek, el tío Estiopa o el cartero Fogón han desaparecido de tal forma de la televisión cubana que los más nostálgicos -entre los que me incluyo- no los recuerdan ya por su capacidad de enervar sino como el símbolo de una época romántica en la que, a pesar de la pésima estética de los animados, éramos ingenuos y, por ende, mucho más felices.

Los llamábamos eufemísticamente “rusos”, aún a sabiendas de que semejante generalización molestaba a polacos, bielorrusos, checos, armenios, kazajos y un larguísimo etcétera de habitantes de la Europa Oriental que, dentro o fuera de la Unión Soviética, gravitaban en torno al otrora Imperio de los Zares.

A la postre, el estado multicultural terminó desmembrándose, las olas de aquel tsunami estuvieron a punto de hundirnos en medio del Caribe y, al igual que la ayuda soviética, los muñequitos rusos se esfumaron de la escena nacional como si nunca hubiesen existido. Es lo que suele suceder cuando difieren demasiado las idiosincrasias.

Los niños de hoy, sin embargo, no tienen idea de aquella sensación agridulce que experimentábamos cuando aparecían en pantalla, por enésima vez en la semana, las historias del perro policía, los osos pardos ganadores de competencias ciclísticas, la liebre y el lobo que todos llamábamos “Me las pagarás”, o el conejo sufrido al que una niña torturaba con lazos, pañales y la mejor intención del mundo. (Ahora que los enumero, me percato de la tendencia soviética a fabular con los animales). Los niños de hoy ni siquiera imaginan el suspiro -ora de alivio, ora de desconsuelo- que dejábamos escapar una vez llegada la hora del KONIEC.

No obstante, tampoco creo que la solución al hastío que provocaron los animados soviéticos -sin dudas, por la exposición sistemática y la escasa variedad- sea engavetarlos, permitir que se llenen de polvo en alguna videoteca o, en el peor de los casos, lanzarlos sin misericordia al traspatio del ICRT.

De Pascuas a San Juan valdría la pena rescatarlos del ostracismo al que han sido relegados y escurrirlos así, tímidamente, entre Dora la exploradora, la saga de Barbie y demás lecciones de american way of life para niños, de manera que los adolescentes del mañana conozcan la posibilidad de un mundo fuera de la órbita de Hollywood y Disney; que el ruso es un idioma que una vez dominamos, aunque suene más áspero que el inglés; que la polka y la mazurca existen a pesar del reguetón.

En última instancia y para no ser lapidada por retrógrada, me atrevería a sugerir que quienes por estos días viajan al Kremlin en virtud de las relaciones bilaterales de nuevo tipo -tan lejana la carne rusa y, por suerte, la Crisis de los Misiles- traigan en su equipaje de mano algún animado contemporáneo de Masha y la Vía Láctea, de los músicos de Bremen o el antílope dorado -algo deben haber evolucionado-; algún indicio de que, más allá de la sucesión de Putin por Medvedev y viceversa, y de la posición en el Consejo de Seguridad de la ONU, en Moscú todavía vive gente.

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22 comentarios en “En Moscú todavía vive gente

  1. Los que crecimos en ese entonces, te puedo asegurar que fuimos niños felices, solo teníamos KRIM 218, ahora que si este juego o aquel, que si el play station, y otras cosas más, que aunque las oigo diariamente en casa, son tan extrañas que no logro recordar el nombre de ninguna. Estoy segura que cuando el tiempo, pase los de hoy, no recordaran su infancia con tanta nostalgia como nosotros.

    1. Es lo que siempre digo: con todo y lo mucho que me mortificaba ver siempre los mismos muñes y hasta en el mismo orden, era preferible a esta avalancha de power rangers y Barbies. Y luego no quieren que la adolescencia escuche reguetón. Besos desde el club de fans del Tío Estiopa, jejejee. Tampoco es para tanto, eh?

  2. Juro que vi pocos muñequtos -ni rusos ni de otro tipo- porque en mi niñez no solo estuvo ausente el televisor con colores, sino EL TELEVISOR; viví en un campo donde no habia corriente eléctrica, algo que, al final, agradezco porue solo leía y leía, por cierto, muchos libritos rusos que ahora sueño para mi hija. cuando tuve el televisor ya era un poco grande y me faltaba imaginación -todavía me falta-, pero igual creo que no habrá época mejor. La ingenuidad de entonces, la sencillez, la satisfacción de conformarse con poco y, sin embargo, ser feliz no se compensa con ningún alarde tecnológico de estos tiempos. ¡Abajo la tecnología!, pero salvemos, por lo menos esta posibilidad tuya de hacer catarsis con la vida y con los recuerdos de la otra vida que ya no es y ojalá volviera, alguna vez, con muñequitos y con carne rusa, que sí me gustaba mucho

    1. Ay, Yoli, me has emocionado con tu comentario. Es cierto: ningún alarde tecnológico nos va a devolver la posibilidad de leer aquellos libros preciosos, que se abrían y salían las figuras. Mi madre, si es que después de todo los rusos sí tenían ciertas nociones de la estética, solo que a su manera, claro. Es una lástima que no nos hayan dejado más que la embajada en medio de Miramar y algunas palabras que varias generaciones se aprendieron de memoria porque nunca encajaron en nuestra idiosincrasia. Besos desde este emplazamiento de misiles, jejeje.

  3. Me gusto tu articulo y la fina ironia con la que lo escribistes,pero tu comparacion con los animados yankee,suena algo forzada,habria que preguntarle a los chico y mostrarles lo que hacian los ruso,al menos mis hijos no les gustaban y yo los usaba como castigo,Por mucho que me esforzado no encontrado nada peor,incluyo sus peliculas.En definitiva por algo los llamaban BOLOS.Lo que si hay que agradecerle como llenaron a cuba de dinero y equipos que se despilfarraba mas no poder.Si mi memoria no me falla,Yamile estudio en el Honorato??? si es asi quizas,tambien recuerde con felicidad aquella bazofia que daban de comida y que debi’dsfrutar’ por 17 cursos..La mente nos juega malabares,pero en youtube pueden encotrar los cartones rusos,veanlos de nuevo y quizas cambien de opinion.Aqui le dejo el enlace con Bolek Y Lolek….http://www.youtube.com/watch?v=bGRjirTQPS0..Hay muchisimos mas..torturense

    1. Ya sabía yo, Jose Luis, que esta cordialidad en nuestras relaciones estaba a punto de romperse. Su problema vuelve a ser que generaliza a partir de su experiencia personal. A su hijo no le gustaban los muñes rusos -y confieso que a muy pocos cubanos debieron gustarles lo que se dice gustar-, pero no me puede negar que muchos de sus cartoons yankees -no voy a decir que todos para no caer en sus errores de absolutismo- dejan caer subliminalmente el american way of life. A eso es a lo que me refiero, a que los niños no deben exponerse únicamente a los animados de un país a cuya ideología nos oponemos. No me malinterprete: no es que yo no quiera que vean Barbies y Dora la exploradora, que tienen una buena factura, sino que me gustaría que también pudieran ver muñequitos franceses, búlgaros, australianos, japoneses, venezolanos, y hasta rusos, pero de los contemporáneos. Nada, que me gustaría que cuando crecieran los niños de hoy no tuvieran la idea fija de comer McDonalds, pero eso, ya le digo, no depende de mí. Saludos. Ah, muchos de esos muñequitos rusos que ahora solo se ven en youtube me ayudaron a comerme mejor la comida del período especial, sabe? y a mucha honra.

  4. Pero si opinamos los mismo…”sino que me gustaría que también pudieran ver muñequitos franceses, búlgaros, australianos, japoneses, venezolanos, y hasta rusos.”.el problema es que antes ponian solo socialistas..La comida del periodo especial tiene su lado positivo,conservas perfectamente la figura,peo no me compares lo que comias en casa a lo que yo teneia que comer en el pre.mala comida y peor cocinada,ni tampoco lo que comistes en la universidad a lo que como yo ahi mismo en los 70.Los cocineros de la Universidad central tenian un lema:”Porque cocinar bien si podemos hacerlo mal”Supongo que no te tocaron los mismos..como decian los Hippies..Peace & Love

    1. Créame, Jose Luis, eran los mismos cocineros, creo que hasta con menos especias; lo que pasa es que a diferencia suya, yo recuerdo mucho más las experiencias enriquecedoras que las manquedades de recursos. Pobres siempre hemos sido, lo que pasa es que algunos todavía le encontramos un halo romántico a estos escenarios de la austeridad. Pedirle que esté de acuerdo conmigo es por gusto, así que mejor le hago caso: peace y coexistencia pacífica, que no sé cómo se escribe en yankee.

  5. Te felicito por tu entrevista a Perdomo,a mi juicio,el mejor paisajista de Cuba y de quien poseia mi unico lujo en la isla:Un cuadro suyo.Habras notado la calidad humana de Jose ,a quien conoci hace muchisimo(antes de tu nacer) y aquien no he vuelto a ver desde alrededor de tu edad(que es muchismo tiempo)Bueno el muchacho que escribio sobre el “Somaton:’Lo hace mejor que muchos “veteranos” de tu periodico

  6. Hola gisse, estaba un poco perdidito de la Red de redes, pero aki retorno por todo lo alto, al ver esta “oda” a los muñes rusos. No me toco aquella época del campo socialista, nací justo con su muerte – por eso algunos, en broma, nos ven como una generación oscura, la del 90 jajaja – pero si recuerdo los ultimos por alla por fines de los 90, y nunca los consideré tan malos, me encantaba Me las pagarás y los lolek y bolek. ahora bien, sin intenciones de querer inmiscuirme en el debate generado, coincido contigo gisse, que por lo menos aquellas “malas” propuestas televisivas sovieticas tenian una dosis de ingenuidad carente en los animados yankees, que luego de un analisis semiótico se pueden convertir en un panfleto, o mejor, en una palagana con agua y jabón para el cerebro, eso si, buena elaboracion si tienen. Aunque no creo que barbie, dora la exploradora, o las brats, sean un buen ejemplo de ello, debe ser que crecí con disney. saludos

  7. Ay, los muñequitos rusos. La memoria tal vez me juega una mala pasada, pero vistos (o imaginados) a la distancia del tiempo no me parecen tan malos, tan insoportables. Había, claro, de todo. Auténticos ladrillos imbajables, llenos de didactismo barato y el peor trasfondo del realismo socialista. También otros que no gustaban sencillamente por feos, feos para nosotros ya acostumbabrados a la estética Disney (porque aunque José Luis diga otra cosa, yo en los ochenta vi mucho Disney en la TV cubana, y también muchos animados españoles y japoneses, que dicho sea de paso, también se merecen una evocación como esta: ¿cómo olvidar a Voltus V, Los mosqueperros, Ulises XXXI, El pequeño Cid, Banner y Flappy, y tantos otros, y claro también vi muchos muñes cubanos), aunque seguramente no para ellos, que sí crearon una escuela (o varias, porque la polaca, la húngara y la checa eran bien definidas también) de dibujo, con valores propios y reconocidos artistas. Pero también los había buenos, o al menos salvables, que nos dejaron personajes entrañabales, cuentos divertidos, enseñanzas valiosas, y hasta frases que pasaron (y todavía se mantienen) en el imaginario de mi generación. Recuerdo que en la Universidad, ya con la impronta nefasta del Período Especial, e incluso después, con la llegada de nuevas olas socioeconómicas y culturales al país, uno de los ejercicios no tan inconsientes de resistencia cultural que prácticabamos muchos era evocar aquellos muñequitos, repetir sus frases, recordar sus escenas más queridas. Ellos ya forman parte de nuestra historia, y aunque ya no los pasen por la TV, han quedado en la memoria, en el imaginario colectivo. Siento que los niños de hoy se pierdan algunos, aunque quién sabe cuántos padres, de esos que como yo crecieron con ellos en la pantalla, tengan guardados en un disco o en la computadora los mejores, los entrañables, para algún día, tal vez ya, compartirlos con sus hijos.

  8. gissi… por ahí andan en formato digital unos muñes rusos modernos que están escapaos!… es la misma cosa de machenka y el oso pero en 3d… con una animación de altísima calidad en el mismo tipo de historia que al final era mucho más educativa que otros que vinieron después… es curioso: maldecíamos los muñes rusos pero todos los extrañamos y a todos nos gusta volver a verlos!… hace poco pusieron fantito va a regar la espina pero… horror!… lo habían doblado otra vez!… y ya no se escuchaba el idioma ruso original por detrás del doblaje en español!… qué va! así no sirven!… jajaja…

    1. Es una suerte de masoquismo esta evocación nostálgica a los muñequitos rusos, jejeje. Si supieras, casualmente después de escribir el post me enseñaron los dibujos animados de Mashenka y el oso contemporáneos a los que te refieres y me encantaron. Eso prueba que tengo un sedimento soviético muy fuerte, jejeje. Gracias una vez por comentar en el blog, camarero, ya estaba al lanzar señales de humo al Café de Nicanor para que aparecieras.

  9. Yo nunca fui muy fanático de los dibujos animados, pero lo atribuyo a una vejez prematura. Así y todo, jamás me perdí uno, así que puedo opinar. Hubo joyas en nuestra educación televisiva (¿quién no lloró cuando el abuelo búho murió en “Banner y Flapy”?) que considero (aunque no me ha dado por ver un muñequito en 20 años) que está ausente de nuestra televisión actual. No sé cómo serán estos niños cuando crezcan, pero de que no serán tan sensibles como nosotros, es un hecho. Comparto todo lo que dijo Eric.

  10. =en Moscú todavía vive gente=
    No solo vive, mas hasta le saluda a Usted (?) de allí : ) A ver, no de Moscu exactamente, unas 400 km más al este, de ex-Gorky, pero esto es ya detalles.
    Para mi vergüenza, apenas pude acordarme del “antílope dorado” y sólo por medio de la internet comprendí qué Usted había querido decir con “el conejo sufrido etc.” En cuanto a “historias del perro policía” y “la Vía Láctea” – ahí incluso la internet no me ayudó. No sé por qué pero me alegró mucho la traducción “Me las pagarás”, tendré que relatarle al hijo del autor de esta película para que él también se alegre que la obra de su padre no se olvida no sólo en Rusia.
    En general, Usted ha tocado el tema muy interesante y profundo – el de “la programación infantil” por los cuentos (muñes) etc. A propósito, Enrique Ubieta Gómez en su prefacio para “El Apocalipsis según San George” ha escrito unas cosas interesantes sobre dibujos animados norteamericanos y películas para niños en general.

    ==los muñequitos rusos se esfumaron de la escena nacional como si nunca hubiesen existido. Es lo que suele suceder cuando difieren demasiado las idiosincrasias==
    No creo que estas idiosincrasias jugaron entonces la papel decisiva. Hace unos años hasta tuve ocasión de examinar esa historia asquerosa en mi blog. En breve: cuando la URSS era (es decir, sigue siendo) merodeado, casi toda la colección de los dibujos animados soviéticos fue privatizada (es decir, los derechos de autor y contiguos) de una manera [léxico obsceno aquí], llevada a EE.UU para resonorizarla, al cabo de unos 10 años reivindicada por un oligarca etc. Al fin y al cabo, los autores no recibieron nada, el Estado – nada: es decir, una historia corriente para los tiempos cuando se pesca en río revuelto. Por lo menos, esta trapisonda en torno a copyright era la causa por la cual los dibujos animados soviéticos desaparecieron de las pantallas rusas en los noventa.

    Por lo que atañe a “las idiosincrasias que difieren demasiado”… Sí, ellas existen, pero, a mi parecer, no son las que separan sino las que atraen. Al menos, juzgo por lo que dicen y escriben los rusos sobre Cuba (hablo aquí no de algunos periodistas comprados y mentecatos sino sobre hombres de a pie). Muchos, por ejemplo, confesan que su viaje a Cuba no era un viaje a playas etc. sino un viaje a la niñez, un viaje nostálgico.

    ==que traigan en su equipaje de mano algún animado contemporáneo de Masha y la Vía Láctea==
    Pues, yo podría pedir a alguien de la blogoesfera rusa quien vive en Cuba o se propone viajar allí que tome consigo “algún animado contemporáneo” – si Usted hace un encargo preciso : ) Por supuesto, Sancti Spíritus no es el punto más visitado por los turistas rusos pero ya no está en Marte… La sola cuestion es la del idioma – aunque y aquí pueden ser variantes.

    P.S. http://munequitosrusos.blogspot.ru/
    P.S.P.S. He encontrado por fin esto “Pedrito el Policía” de Hungría. Nunca lo vi ni siquiera escuché. Bien, qué hacer, la niñez dura, juguetes del hierro fundido, como decimos en tales casos…

  11. Gisse, por razones económicas, mi viaje de regreso de Cuba a Italia lo hice en Aeroflot. Aunque agregaba tres o cuatro horas de vuelo al recorrido, me hacía cierta ilusión esta elección, entre otras cosas por las dos horas y media de escala en Moscú, que si bien no alcanzarían (ni por tiempo, ni por razones de visado) para salir del aeropuerto, me alcanzarían para decirme “estuve en Moscú”. A bordo de la aeronave, aquí y allí, en sutilezas que quizás yo mismo me inventaba, lograba percibir ese aire soviético, a lo Yuri Gagarin, que logró motivar mis nostalgias. Porque a mí sí me gustaron los muñequitos rusos, los libros rusos, las fábulas… Entonces, sobre un sillón forrado en un picoso textil anaranjado, más grande, más bolo, con visillos de suciedad, entre aeromozas rubias bellísimas, muy maquilladas, me sentí a gusto. Ahora bien, ese aire no lo percibí en el aeropuerto: allí sólo tecnología, vidrio, un aeropuerto antiséptico como cualquiera. A la única tienda de souvenirs que entré no le cabía una matriosca más (costaban un ojo de la cara), y ahora lamento no haberles hecho una foto.
    Cualquiera que sean los signos que marquen la infancia, permanecerán, casi siempre rodeados con un halo de nostalgia. Pero si voy a ser sincero del todo, yo que me crié con muñequitos rusos, Elpidio y el pato Donald mezclados en la misma programación, recuerdo con más cariño los rusos. Con Donald me reía, si. Con los rusos se movilizaban muchas más zonas de mi sensibilidad.

  12. Gisselle: Anduve por Sancti Sipíritus y me quedó la deuda de no haber podido saludarte.
    Iba comentarte sobre las versiones contemporáneas de los muñes rusos pero veo que se me adelantaron, ¡AH! hace poco en Matiné infantil dieron varios episodios de “Me la pagarás” incluyendo el que usaste para graficar tu post. Por la textura y el audio en ruso, es obvio que fueron remasterizados para que se vieran como nuevos. Así que la TV cubana de vez en cuando los pone.
    Con mi niña de 5 años he tratado de darle un poquito de todo, eso me ha obligado a hacer un labor de búsqueda casi arqueológica de muñes cubanos de Matojo, Elpidio y otros más, también los “Músicos de Bremen” ¿te acuerdas?. Aunque muchos no lo crean tiene cierto valor y a los niños de hoy, mi Isabel es una prueba de eso, puede gustarle tanto los muñes de Disney como los rusos de antaño o de ahora, como los cubanos, como Dora y Diego y que nadie se vaya a pensar que no tienen noción de la calidad, si no la tiene simplemente no lo ven.
    Solo que, creo, hay que hacerlo con intensión, verlos junto con ellos comentarlos. Créame que es un experiencia enriquecedora…
    Saludos….

  13. Gissell, me encantó tu artículo, ahoraque estoy del lado de acá, entre rusos y bielorrusos, me da nostalgia pensar en esa época nuestra. Y para asombro mío, en Minsk, he visto en la tv muñequitos de antaño, no Lolek y Bolek, pero por las imágenes me doy cuenta que son de aquella época, a lo mejor sí los pusieron allá, lo que yo no me acuerdo, son cómicos jaja. Ah! y por cierto, ya Koniec, (en ruso конец), no siginifca final, aquí ahora es una mala palabra, aquello, que tienen los hombres entre sus pies, jaja. Yo metí la pata un día por hacerme la rusa, jaja.!!!

    1. Me he reído muchísimo con la nueva acepción de Koniec, imagino la vergüenza que habrás pasado, aunque ellos de seguro supieron perdonártelo, jejeje, quizás pensaron: “la pobre, es cubana”. De todas maneras, voy a empezar a evitar el término, que yo uso muy a menudo para dar por zanjado un asunto, de ahora en adelante, nada de Koniec, para terminar las discusiones, claro, jejeje. Besos, no te pierdas del blog, anda…

  14. Bueno, yo no viví en Cuba. Soy chileno, de 36 años. Mi padre, en aquella época de dictaduras sudamericanas, estuvo cerca de 2 años allá, a comienzos de los 80, estudiando. Después de luchar contra Pinochet, al terminar la dictadura, acá en Chile, salió un canal de cable, que entre su variedad de muñequitos, estaban los rusos. Por “sugerencia” de mi padre, a mis 15, se sentó junto a mí, y tuve que ver el antílope dorado, el rinoceronte, con esa frase de no come, etc. Terminé enamorado de los muñequitos. Así que, por coincidencias de la vida, sé a que se refieren. Ya que mi padre, de más, en su tiempo libre, debe haber visto los muñequitos. Un abrazo de un chileno

  15. ES UN ERROR GARRAFAL DECIR QUE SOLO SE PONÍAN MUÑES RUSOS. Nací en 1971 y vi muuuchos, PERO MUCHOS muñequitos americanos en blanco y negro, no por culpa del televisor sino porque eran así: Betty Boop, las 2 urracas, el gato Félix, Mickey Mouse…

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