Archivo mensual: enero 2013

Trinigüero

TrinigüeroBasta ponerlo a disertar sobre su obra, agenda y grabadora mediante, para que Daniel Acebo se escude en un silencio impenetrable, desperdigue sobre la mesa buena parte de sus dibujos y te lance de bruces al mundo de las fabulaciones que ha logrado construirse, un universo paralelo donde no señorea el discurso sino el poder telúrico de la imagen. Ver para creer, parece decirnos desde ese atrincheramiento obstinado en no hablar de sí mismo; ya lo había advertido el humorista argentino Sergio Langer cuando le rotuló sobre un póster: Para Acebo, que habla poco y dice mucho. Sigue leyendo

En cuarentena

En cuarentenaDel otro lado de la línea telefónica, Anita me atiborra de recomendaciones: “Hierve el agua, compra hipoclorito, no se te ocurra comer ni tomar nada en la calle, ni café, ¿me oíste? ¡Ni café!”, y recalca el “ni café” a sabiendas de que esa parte de la orden no pienso obedecerla.

Para tranquilizarla -y de paso tranquilizarme haciéndole creer que todo está bien-, le recuerdo las muchas veces que ella misma me llevó a las casas de mis primos cuando enfermaban de varicela, sarampión o impétigo, no solo para acompañarlos en el aburrido trance de estar acostados y soportar las pústulas, sino con la intención maquiavélicamente calculada de que yo contrajera, aun de niña, todas aquellas enfermedades que jamás pesqué. Sigue leyendo

La escaramuza del coppelia

La escaramuza del coppeliaSe había ido la corriente, como solía suceder una tarde sí y otra quizás desde que la Unión Soviética tuvo a bien desmembrarse y dejarnos dando tumbos a la deriva. Por aquel entonces, sin embargo, nada sabía yo del campo socialista, de la benevolencia del CAME o del poder irreversible de la perestroika; menos aún hubiese podido imaginar que las matriushkas sobre la cómoda de mi cuarto guardaban alguna relación con la mantequilla que comenzaba a desaparecer del refrigerador. Sigue leyendo

Libre de impuestos

Libre de impuestosQue hoy el salario de buena parte de los cubanos sea simbólico y, por ende, casi imposible de gravar aún más es una realidad que al parecer comprendieron quienes idearon la nueva ley tributaria que entró en vigor hace apenas unos días.

Aprobada por el parlamento en la penúltima sesión de su séptima legislatura, la ordenanza que regirá en lo adelante el pago de tributos y contribuciones -dicen los entendidos que no es lo mismo, aunque mi falta de cultura económica me impida percibir las diferencias- no solo valida la necesidad de que cada ciudadano ingrese al presupuesto del Estado según su capacidad adquisitiva, sino que también resulta la prueba más ostensible de cuánto nos esforzamos por acortar la ventaja de décadas que nos llevan los sistemas tributarios del resto del mundo, incluidos los contados sobrevivientes socialistas. Sigue leyendo

Estampa de anciano venerable

Estampa de anciano venerableCuando era apenas una chiquilla de tres años, José Manuel Castro Carballeira me sentaba en la mesa frente a él, colocaba entre los dos el que entonces me parecía un gigantesco tablero de ajedrez y fruncía el ceño como Capablanca en medio de una simultánea.

“A ver, niña, ¿cómo te dije que se movía el caballo? ¿Cómo haces para enrocarte?”, me preguntaba, seguro de que alguna pifia habría de rectificarme en aquel amasijo de cuadros blancos y negros que enmarcaba en cedro y cubría con una gruesa lámina de cristal. “Para que no se doble”, advertía. Sigue leyendo