Trinigüero

TrinigüeroBasta ponerlo a disertar sobre su obra, agenda y grabadora mediante, para que Daniel Acebo se escude en un silencio impenetrable, desperdigue sobre la mesa buena parte de sus dibujos y te lance de bruces al mundo de las fabulaciones que ha logrado construirse, un universo paralelo donde no señorea el discurso sino el poder telúrico de la imagen. Ver para creer, parece decirnos desde ese atrincheramiento obstinado en no hablar de sí mismo; ya lo había advertido el humorista argentino Sergio Langer cuando le rotuló sobre un póster: Para Acebo, que habla poco y dice mucho.

El mutismo le permite, sin embargo y para suerte nuestra, concentrarse en la apreciación del cosmos que lo circunda, en los entresijos de una realidad que luego emerge a retazos transfigurada en los más disímiles motivos pictóricos: animales con actitudes antropomórficas, la naturaleza zaherida por su mayor depredador, las prácticas sociales y un larguísimo etcétera que delimita lo que él mismo reconoce como su preocupación vital: la relación del ser humano con el entorno, un intercambio ni tan idílico ni tan catastrófico.

Al menos a esa tabla salvadora se aferra Acebo, seguro de que la crítica descarnada a la postura irracional del hombre no está reñida con la pincelada hilarante; de ahí que el suyo sea un acercamiento humorístico-reflexivo, valga la reiteración de dos conceptos -humor y reflexión- que deberían sobrentenderse, pero que no siempre navegan con tanta suerte en tiempo de carcajada fácil.

Mucho antes de que ingresara en la Academia Nacional de Bellas Artes San Alejandro, ya Daniel Acebo imitaba con fruición infantil los trazos de Pedro Méndez y sus contertulios de la publicación humorística Melaíto, Ajubel y cuanto libro de “muñequitos” cayera en sus manos allá en Sagua la Grande, la ciudad donde nació y que, según confiesa, no supo aquilatar hasta que tomó distancia y comprendió su trascendencia para la plástica cubana, por ser el lugar de nacimiento de Wifredo Lam y Alfredo Sosabravo.

De aquellos primeros años en que descubrió su vocación por el dibujo todavía recuerda el deslumbramiento frente a cualquier espacio “pintable”, ya fueran las paredes de la casa o una tapia en blanco, hobby que no ha dejado de perfeccionar hasta hoy, cuando numerosos críticos le alaban el total dominio sobre la línea y la impecable selección de los colores.

No obstante, más allá de las habilidades que él mismo se reconoce, Acebo ha rebasado con mucho la etapa en que pretendía epatar al público con el trazo rotundo; en plena madurez creativa, prefiere que pueda atisbarse al artista detrás de la línea, que las imperfecciones de la obra delaten el nervio de quien perfiló la idea hasta altas horas de la noche.

A tal filosofía arribó, sin dudas, luego de dos décadas de trayectoria artística y una activa vida cultural en Trinidad, la ciudad donde recaló, en principio, por obra y gracia del servicio social y, transcurrido ese lapso, por una decisión libremente aceptada.

Durante años fungió como profesor de la Academia de Artes Plásticas Oscar Fernández Morera, del sureño municipio, lo cual le permitió, aun sin proponérselo, dejar su impronta en las novísimas generaciones de artistas del terruño y, a su vez, mantenerse en contacto con las más contemporáneas maneras de interpretar la realidad; aquellas clases, según corroboran no pocos de sus alumnos, eran tan desenfadadas que desembocaban en la irreverencia.

Y es que el profesor de Diseño no conseguía armarse de métodos ortodoxos; demasiado recordaba las sesiones de San Alejandro, en las que no copiaba al natural, sino que engordaba narices, extendía dedos, caricaturizaba a los modelos, acaso el preludio de lo que ha devenido, a la postre, su sello personalísimo: la sátira, rayana en el absurdo, de una realidad demasiado irónica como para que el artista se mantenga impasible.

Sobre el discurso pictórico del humorista y diseñador gráfico, ya había advertido la crítica de arte Elvia Rosa Castro: “No llega a ser cáustico, pero insolente sí, como cualquiera que escudriñe y ponga al desnudo lo que muchos no desean ver, lo que está detrás del velo de la ilusión. Y aquí, una aparente paradoja: la imagen, por naturaleza encubridora, se restaura con Acebo y desaliña (a pesar de ser retiniana), ridiculiza, sublima y descubre, apelando para ello al insignificante retruécano o a recursos más egregios como la antinomia, el desplazamiento y la analogía”.

Pero de las disímiles lecturas que pueda suscitar en el otro su obra prefiere mantenerse al margen, absorto en la observación casi patológica de todo cuanto pueda inspirarlo -“incluso la fauna doméstica”, diría- y consciente de que la apreciación del arte, como el arte en sí, no perdura sino en el plano de lo subjetivo, de modo que no intenta poses ni senderos trillados.

Tal vez porque ha decidido mostrarse tal cual es, a imagen y semejanza de sus cuadros, Daniel Acebo no lo piensa dos veces para declarar sin ambages, incluso a riesgo de rozar los bordes del desarraigo: “Ni sagüero ni trinitario, en todo caso trinigüero”, que es como decir un poco de los dos sitios y mucho de ninguna parte.

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9 comentarios en “Trinigüero

  1. Realmente, muchos sagueros han dejado su impronta en la cultura cubana, en la música, en la literatura. Mañach, Rodrigo Prats Llorens, uno de lo violinistas más grandes de todos los tiempos quien realizara su primera presentación a los trece años en la Cuban Jazz Band, primera orquesta de este tipo creada en Cuba, hasta llegó a ser director del Teatro Lírico de La Habana. Es curioso que Eliseo Diego, sitúa la acción de su única novela en Sagua: Cayetano, el protagonista, llega en el primer capítulo a un pueblo cuya descripción se corresponde con espacios entrañables de la Villa del Undoso. En la célebre Paradiso, de Lezama, aparece otro paraje de Sagua. Se trata del ingenio Resolución, en las cercanías de Quemado de Güines. El Resolución, años después nombrado José René Riquelme, fue propiedad de los antepasados de Lezama. El abuelo del poeta vivió en Sagua la Grande a finales del siglo XIX. Un originista, Gastón Baquero se ocupó de Sagua, en su caso desde el periodismo, fue “Sagua, ciudad de luz” tituló a una crónica que publicó en la década de 1940 en el Diario de la Marina.
    También Virgilio Piñera mencionó a la Villa en un poema de carácter narrativo que expone la saga de su familia. Ahí habla de la Muerta Viva, una prostituta francesa que maldecía al hombre que la dejó varada en la comarca del Undoso. Gisse, toda esta información la he adquirido gracias a tu amigo Maykel González Vivero, sobre el pintor de tu entrevista podemos conocer gracias a ti, nada que reafirmo una idea no mía, sino de muchos, es verdaderamente Sagua, la Magna, una ciudad que produce Cultura.

    1. Óyeme, me tienes sorprendida: ahorita eres más Sagua-adicto que yo. Un besote, y sigue cultivando esa devoción por mi terruño natal, mira que siempre es recomendable ponerse en buena con la tutora, jejeje. Un besote!!!

  2. No conozco la obra de Acebo pero bien dan ganas, si se parte de tus palabras. Sobre la obra de Sagua conozco mas, y es para quitarse el sombrero.

  3. Gisse: Tengo la suerte de conocer a Acebo desde que era un niño le pedìa me hiciera caricaturas. Casi es un trinitario tan raigal como muchos del territorio. El ingenio que tiene para la realizaciòn de sus obras es exquisito, un humor muy fino. A propòsito: sabìas que tiene una colecciòn super amplia de gatos!!?? Un beso.

    1. Sí!!! Su serie de gatos me dejó fascinada por lo ingeniosa y, como se sabe, por los propios gatos, jejeje. Esos animalitos son, al decir de Acebo, parte de su fauna doméstica. En cuanto tenga patio propio, también serán parte de la mía. Besos…

  4. giselle,sabemos que Acebo no es dado a la formalidad ni para una entrevista, es un bohemio, excelente amigo y su obra es una gozada, adoro su serie de los gatos, pero no se nunca escoger una preferida, cada vez que me muestra algo lo disfruto y me sorprendo y mira que llevamos años de conocernos, siempre habla de Sagua y Trinidad, no se busca problemas con nadie, jeje,lástima que tantas personas no lo conozcan y puedan admirar , pero está por encima de eso, es feliz te lo aseguro…

    1. Saludos, Galinka, y también para Acebo. En cuanto usted lo vea, dígale que en mi próximo viaje a Trinidad le llevaré ejemplares de Vitrales a cambio de café, jejeje. Es un excelente dibujante y mejor persona, que es lo más importante.

  5. Galinka y GISSELLE!!!jajaja…PODEIS invitar a este guajiro de MABUYA a beber el cafesito criollo?….Luego del cafesito, yo les invitare a conocer y tirarles fotos a dos bellas, bellisimas obras que mi brigada construyo no lejos de alli…
    En el valle del Rio AY!!!..pintorezco e historico lugar de nuestra provincia.

    El guajiro de PLAYA FRIA

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