Leyendo periódicos viejos

Leyendo periódicos viejosSi no fuera por la insistencia con que la radio y la televisión repiten las informaciones y porque las señales de ambos medios se captan en casi todo el territorio, miles de pobladores de zonas rurales y de difícil acceso de Sancti Spíritus -como sus homólogos del resto de la isla- pudieran estar viviendo hoy en el país de hace dos días. O de tres, o de cuatro, en dependencia de las vías escogidas por la Empresa Correos de Cuba para hacer llegar las publicaciones periódicas hasta los más recónditos confines de la provincia una vez suspendida la distribución aérea.

Acostumbrados a que las noticias les cayeran a primera hora literalmente del cielo, quienes habitan en las 54 comunidades que hasta el otro día se beneficiaban con el “bombardeo” de la prensa no se resignan a leer periódicos viejos.

Comprenden que la economía del país no está en condiciones de costear las dos rutas diarias que cubrían las avionetas de la Empresa Nacional de Servicios Aéreos (ENSA) para lanzar las pacas entre las lomas y en potreros descampados; comprenden que el transporte aéreo resulta imprescindible para las tareas agrícolas, de máxima prioridad nacional; comprenden incluso que Correos esté ahorrando cientos de miles de pesos anuales por concepto de distribución, pero no logran comprender qué beneficios les reporta a ellos el acceso a un cúmulo de información que, para cuando cae en sus manos, ya es fiambre.

Indignados con lo que consideran un incumplimiento del contrato por parte de la empresa de Correos, algunos lectores han llamado por teléfono a la redacción donde trabajo; no pocos han acudido personalmente con la duda bajo el brazo, como Emilio Antonio Vargas Obregón, quien recorrió más de 40 kilómetros para dar cuentas oficiales del malestar de los vecinos del poblado de Natividad, al sur espirituano, por el inconcebible defasaje de la prensa; y otros han escrito con el propósito de señalar la inconveniencia política de semejante disposición.

Ese es el caso de Redecto Román Santander, residente en la comunidad trinitaria de Condado, quien sostiene en su misiva: “No hacemos nada con recibir prensa con tantos días de retraso”, y califica el nuevo sistema de distribución como “un verdadero desastre, pues en ocasiones se reciben tres, cuatro y hasta cinco ediciones, pero con fecha bien atrasada; sin embargo, yo tengo que pagar mi suscripción a tiempo y en forma”.

Conscientes de la impopularidad de la medida, a directivos y especialistas de Correos de Cuba en Sancti Spíritus no les queda más remedio que lavarse las manos: “Es una decisión del país”.

No obstante, para paliar la situación hasta donde sea posible han venido implementando una estrategia encaminada a aprovechar las vías de distribución ya creadas por otros organismos para hacer llegar las publicaciones periódicas a las comunidades; de ahí que la prensa dependa ahora de la puntualidad de los ómnibus intermunicipales y escolares, de las rutas de trenes y coche-motores que surcan el lomerío, de los vehículos pertenecientes a la industria alimenticia y hasta de una treintena de agentes postales contratados por la entidad para mantener el servicio.

Aun así, las variantes cojean. De ello da fe Jorge Luis García Rumbaut, director territorial de la empresa Correos de Cuba: “La falla va a existir de por vida, porque suponiendo que ni la prensa ni las guaguas se atrasen, no siempre los horarios de salida de los ómnibus hacia las comunidades satisfacen la necesidad de que los periódicos lleguen temprano; incluso, hay lugares a los que el transporte entra un día sí y otro no, y a casi ningún poblado le podemos llegar los sábados y domingos”.

Ni siquiera funcionando con la sincronización de un reloj suizo este sistema podría garantizar el arribo de las publicaciones seriadas cuando las noticias todavía lo son, en lo fundamental, porque resultaría poco menos que sacrílego retrasar las salidas -ya de por sí azarosas- de los medios de transporte solo para que estos puedan cargar las pacas de periódicos. Los propios lugareños no lo perdonarían.

De modo que no quedan demasiadas opciones, tal y como alega García Rumbaut: “Aplicamos variantes, buscamos alternativas para acortar la frecuencia de llegada de la prensa, aunque la orientación es que llegue, atrasada en última instancia, pero que llegue”. Con esa idea, sin embargo, no andan precisamente eufóricos los guajiros espirituanos.

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9 comentarios en “Leyendo periódicos viejos

  1. ¿La decisión de quién? ¿La orientación de quién? No entiendo como decide un país. Posiblemente Cuba sea uno de los pocos países del mundo donde se toman decisiones sin nombre.

    1. Tienen nombre, Abdel, solo que ese tipo de decisiones suelen llegar a los medios bajo la responsabilidad del “nivel central”. Es triste, sobre todo cuando uno tiene acceso a lo que sucede en otros países, donde los ministros se responsabilizan públicamente con sus decisiones y sus metidas de pata. Esto de la prensa atrasada a los guajiros es, sin dudas, lamentable.

      1. Absolutamente de acuerdo. Además, no solo se trata de que los de arriba se acostumbren a dar la cara y aceptar responsabilidades, sino de podamos decidir participativamente de qué hacer con los fondos estatales. Hasta cuándo se decidirá “en el nivel central” qué puede y qué no puede permitirse el país. Estoy hablando de una democracia avanzada, no la basura que existe aquí en Italia o en la mayoría de los países que se llenan la boca para llamarse “democráticos”.

  2. Qué desazón me provoca tu trabajo, un desaliento triste ante una montaña de “es lo que hay”. Pero me empeño en pensar que hay otros caminos, para no leer periódicos viejos y para todo lo demás. Saludos desde La Habana,
    R

    1. Intenté, Rafa, que no se me viera mucho la desazón que me provocó ese funcionario cuando me dijo que “es una orientación del nivel central”. Me dio una desazón con impotencia y, por lo que veo, no logré disimular ninguno de los dos sentimientos si he logrado inoculártelo. Mientras esperamos por esos otros caminos, los guajiros espirituanos andan ahora mismo leyendo el periódico de antier.

  3. Ay, Gisse, hoy no ha sido una buena mañana, pese a que es día nuestro, ya sabes, en esta profesión no todo es rosa…Hoy lo comprobé en un amigo que pidió la baja, en otro que me cuentó su pesadumbre, en fin… y ahora lo recompruebo en tu post, ojalá no tengan ellos que leer periódicos viejos…ojalá no tengamos nosotros que luchar, en definitiva, contra tantos molinos…
    Coincido con Rafa, es un desaliento muy triste esa respuesta de “es lo que hay”…
    Un abrazo, Ley

    1. Ley, no te amilanes: el amigo que pidió la baja estará de alta, de seguro, en un sitio donde lo valoren mejor. Lo que sucede, conviene, siempre me advierte mi madre, y aunque a veces esa conveniencia demora, todo llega. Esto último -lo de “todo llega”- lo decía Consuelito Vidal hace mucho, pero muuuuuuucho tiempo. Un beso y levanta ese ánimo. Peor que periódicos viejos es no tener periódico alguno que leer.

  4. Atrasado, como siempre. Nada sospechaba, Gisse, de una estampa tan triste deambula por estos días en los campos de Sancti Spíritus. Tal vez algunos de los del “nivel central” no imaginó que los guajiros fueran tan asiduos a la prensa… esa mala maña que tenemos de hacer cambios sin consulta previa…
    En fin… el beso de siempre.

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