Un palacio cinco estrellas

Un palacio cinco estrellasApuntalado por una inextricable armazón metálica y separado del resto de la ciudad por una pared de zinc que intenta preservarlo de la depredación, el Palacio Iznaga no solo les duele a los trinitarios por el deplorable estado en que vegeta desde hace décadas, sino sobre todo por el fracaso de los sucesivos intentos de restauración.

“Es como una llaga en pleno centro histórico -describe Isabel López, una lugareña que bordea a diario el impresionante inmueble y ha llegado a anotar las tablas que crujen, los aleros que se despeñan, las plantas parásitas que minan las paredes-. Está en pie de puro milagro”.

El deterioro ya venía reptando por las gruesas tapias mucho antes de que los propietarios, descendientes de la dinastía Iznaga, abandonaran la mansión hace casi 20 años y comenzara el largo vía crucis de la casona hasta encontrar quien se echara a cuestas la millonaria inversión que suponía devolverle las ínfulas de antaño.

De modo que cuando supieron que la otrora residencia particular se convertiría en un lujoso hotel, los trinitarios se regocijaron por la salvación providencial con la misma vehemencia con que pusieron el grito en el cielo por las concesiones que -ellos lo saben mejor que nadie- el patrimonio cultural suele hacerle al turismo.

Acostumbrados como están a convivir con la infraestructura hotelera, los habitantes de Trinidad no se alarman tanto por el cambio de uso del inmueble como por las interioridades de un proyecto que concibe, además de la remodelación de la casa colonial, la construcción “desde cero” de una estructura contemporánea que permitirá ampliar la capacidad de alojamiento y, por ende, transmutará la imagen del Palacio Iznaga.

La inserción del nuevo volumen en el edificio con grado de protección I por sus valores históricos y arquitectónicos ha polarizado las opiniones: de un lado quienes sostienen la pertinencia de mantener a rajatabla la edificación, sin realizarle modificaciones ostensibles; de otro, los defensores de la convivencia armónica entre tradición y contemporaneidad, un criterio que, a la postre, ha terminado por imponerse.

Edificación que descuella en el entramado urbano por la monumentalidad de su escala y la armonía de sus elementos compositivos, el Palacio Iznaga está a punto de erigirse como la primera mansión doméstica trinitaria a la cual le “crecerá” un hotel cinco estrellas en las espaldas, para lo cual resulta apremiante la consolidación de los muros en peligro de colapso, así como la restauración y restitución de los elementos originales.

Es una intervención osada, aseguran los expertos, porque implica la construcción de un edificio completamente nuevo, por lo que fue preciso que los especialistas de Trinidad y los arquitectos habaneros que asumieron la obra negociaran antes de entregar el resultado definitivo para ser ejecutado.

De tales escaramuzas dan fe los mil y un documentos que, durante años, ha venido intercambiando la Oficina del Conservador de la Ciudad de Trinidad y el Valle de los Ingenios con la empresa de proyectos de La Habana y que han redundado en la concreción de ideas conceptuales respetuosas del inmueble y su entorno: que se rescaten los elementos originales y se reinterpreten los ya perdidos sin remedio; que la edificación añadida no exceda las dimensiones del inmueble primigenio ni rompa la línea de fachada; que la infraestructura técnica necesaria para el funcionamiento del hotel no amenace las visuales del monumento, y un larguísimo etcétera de recomendaciones y ordenanzas impostergables.

Al decir de proyectistas e inversionistas de la obra, el inmueble original, cuyas estructuras se respetarán al máximo, permitirá la lectura coherente del período histórico del que es representativo; mientras el adosado se inspirará en los códigos de la casa colonial, sin calcos miméticos, de manera que la identidad trinitaria se advierta, incluso, en la inserción contemporánea.

A un costo aproximado de 13 millones de pesos, según cálculos preliminares, la gigantesca obra debe quedar concluida en 22 meses y medio si llega a cumplirse con precisión inglesa el apretado cronograma de ejecución, si los recursos arriban en tiempo, si las dilaciones que han rondado el proceso inversionista del Hotel Pansea no deciden posarse también sobre los arcos de mediopunto y la torre-mirador del Palacio Iznaga.

Para ese entonces ya los trinitarios habrán venido asistiendo a la transfiguración, palmo a palmo, de un inmueble que veneran con devoción casi religiosa y que prefieren dejar en los estrechos márgenes del turismo antes que desmigajado de a poco bajo el peso avasallador de la escasez y la desidia.

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13 comentarios en “Un palacio cinco estrellas

  1. Gisse: cuando estuve frente al Palacio Iznaga también me impresioné, y quedé varios minutos ahí parada, tratando de imaginar los pasos de aquella familia por el interior de las únicas ruinas que quedan.

    1. Sin dudas, Leydi, que en una reencarnación anterior nosotras pertenecimos a la familia que habitó esa casa. Yo me atrevo hasta a señalar cuál de aquellas estancias gigantescas fue mi cuarto. La de la servidumbre, claro, jejeje. Besos trinigüeros…

  2. Gissy, desde ayer estaba esperando tu post del miércoles, realmente no solo me gusta como escribes, aunque no se de periodismo, veo que vas directo al asunto sin muchos “coloretes” y que nos permiten adentrarnos y sentirnos parte de los reclamos, pero sobre todo por el compromiso social (porque todo de alguna forma llega hasta lo social) de tus escritos, sin fanatismos.
    Cuando un trabajo se hace con seriedad, no habrá calificativos (sin razón o se estrellarán ante la realidad palpable), de las personas que se fanatizan hacia la supuesta y cuestionable perfección o hacia la más agria crítica y ceguera.
    Mis felicitaciones.

    1. Gracias, pipo, me has emocionado. Tú piensas así, tan lindo de mí porque me quieres de verdad, desde el pre, una etapa de nuestras vidas que habremos de recordar siempre, no es cierto? A propósito, tengo que escribir un post de la Milagrosa, y de un cucharazo que le di en la frente a Daylenis, y de Fifi, y de tantas cosas que ya van siendo una deuda externa impagable. Ah, y de una tarde que nos tocaba limpiar el aula a ti y a mí, te acuerdas? Del berrinche que cogí y no precisamente por haragana. Besos, cuídate mucho y regresa siempre por esta finca, que es también un poco tuya.

  3. Pues si ha de ser el turismo la tabla salvadora, no me opongo. Ahora bien, no dejo de preguntarme si con toda la inversión hormigonera del paseo Avenida de los Mártires en Sancti Spíritus, por solo citar un ejemplo que conozco, no habría bastado para al menos consolidar el palacio. El abandono no tiene justificación. En Cuba los recursos no sobran, lo sabemos bien, pero no es tampoco un país “paralizado” en cuanto a inversiones. Parece que en las ecaramuzas del proceso inversionista simplemente se estaba esperando esta tabla salvadora, haciendo poco o nada en el entretanto.

    1. De acuerdo en cada coma, Abdel. Es como si hubieran estado esperando por la tabla “salvadora” del turismo. Aún así, ya quisiera yo este destino para algunos edificios emblemáticos de Sagua que se nos van a caer encima sin que ni siquiera el turismo se interese. El Casino Español, por ejemplo, que me duele en el orgullo regional cada vez que lo veo desmigajarse de a poco. Si salvaran el cascarón, me daría lo mismo que lo destinaran a una shopping, a un hotel o a una embajada. En definitiva, todos esos usos serían temporales y relativos, pero la estructura no terminaría únicamente en las fotos de las guías de arquitectura. Ay, Dios mío, qué manía esta de llevarlo todo a Sagua. Aunque, bueno, es una tendencia al regionalismo que sé que me perdonas, jejeje.

  4. Gisse, que bueno que será rescatada esta joya de la arquitectura trinitaria y espirituana. Trinidad es una cuidad encantadora, en lo particular las pocas veces que he podido disfrutar con todas las de la ley de sus diversas maravillas , la he pasado genial. Resulta muy agradable encontrarse en medio de ese entorno colonial, se respira un aire histórico. Los trinitarios tienen mucho sentido de pertenencia. Sería muy factible que todas las edificaciones de este tipo que existen no solo en la Tercera Villa sino también en Sanctis Spíritus y otros municipos espirituanos pasen a manos del Turismo o de otras instituciones interesadas en devolverles la vitalidad de antaño. En fin, es mejor que se convierta en Hotel aunque los cubanos de a pie no la podamos disfrutar que no que perezca en el pasado, en el olvido de quienes realmente tenían que revitalizarla.
    Un beso Gisse, te quiero, bueno eso tú lo sabes.

  5. La idea de salvar el Palacio Iznaga me parece tardía, pero muy afortunada, lo que no comparto es ese furor de innovación de los proyectistas de querer meter un edificio completamente nuevo en pleno centro histórico trinitario como si no hubiera otros espacios para soltar la imaginación. No comprendo eso, como tampoco la tolerancia de las autoridades y mucho menos que una sagüera como usted, tan apegada a la tradición, hable de ese engendro como “una intervención osada”. Una periodista consecuente con la defensa del patrimonio como ha demostrado ser, habría interpretado el asunto de otra manera. De todas formas seré el primero en leerla, sin falta, el próximo miércoles. Saludos.

    1. Raúl, no comprende la inserción del edificio contemporáneo en el contexto patrimonial o no me comprende a mí por defender la idea? De hecho, no defiendo la inserción; solo digo que va a hacerse. Además, quién dijo que la osadía es reprochable? Saludos…

  6. Visité ese palacio hace 55 años. No sé, ya entonces me pareció una dama de la solo le quedaba el recuerdo de grandes días pero joya al fin habia que guardarla. Sigue siendo la joya del mundo trinitario. Gracias por ese escrito

  7. Gisse, de todos los edificios maltrechos de la ciudad este uno de los que más me duele, acaso porque no tengo recuerdos de cómo era la calle Desengaño antes de haberse erigido esa suerte de muralla de zinc (antes eran unas planchas de concreto que los jóvenes se encargaron se llenar de graffitis) Tanto es así que es más común verlo apuntalado, herido por los costados para mantenerlo en pie que dibujar la imagen de cómo sería contemplarlo en todo su esplendor. Siempre que hablaba del Palacio Iznaga recordaba la fábula de ¿quién le pone al cascabel al gato? Es (hasta que no empiece la ejecución del proyecto frunciré el entrecejo) como la “oveja negra” de las edificaciones malheridas de esta ciudad… y lo peor es que muchos hablan de rescatarla, pero al final nada cuajaba.
    Tal vez de haberlo intervenido a tiempo el costo de la reparación no alcanzaría esa cifra estratosférica, pero el mal de acumular los daños, de dejar para mañana lo que se puede hacer hoy carcome muchos sectores por estos días.
    Rescatarlo para el 500 cumpleaños es una utopía. Espero, al menos, que para la celebración de los cinco siglos de fundación de mi/nuestra Trinidad se pueda caminar por la calle Desengaño sin tener que bordear la muralla de zinc.
    Tarde, pero seguro… Un beso (más grande que el Palacio Iznaga).

  8. Gisselle: La destrucción del Palacio Iznaga fue el último acto bárbaro de los trinitarios del siglo XX. Tuve el privilegio de caminar el palacio en el año 1987 cuando la planta alta pasó a ser propiedad del Estado y sus bienes fueron recuperados, entre otros, para las instituciones culturales de la ciudad. Mientras el inmueble estuvo bajo la custodia de la Dirección Municipal de Cultura, se mantuvo. Luego comenzó la depredación del edificio, la entrada de constructores, que cambiaron sus funciones por la de destruirlo y llevarlo al estado ruinoso en que está hoy, lamentado por todos los trinitarios que a estas alturas nos resignamos-no así lo preferimos- verlo convertido en un hotel antes de verlo colapsar definitivamente. Saludos.

  9. Hola: He leído con prisa este artículo, pues aunque no soy trinitario de nacimiento, siempre he vivido fascinado por esta bella ciudad. La noticia, tal y como comentan, es muy buena para todos los que nos duele la desidia que ha llevado al Palacio Iznaga al estado actual. El uso para el turismo es la alternativa válida, no sólo para muchas construcciones de Cuba, sino también en el resto del mundo. Creo que debemos ver las cosas positivamente dado que de otra forma su destino sería más incierto aún…Ahora bien, imagino que los especialistas de la Oficina del Conservador están alertas, pues Trinidad es Patrimonio de la Humanidad y no se puede permitir una aberración en pleno corazón colonial de la ciudad que pudiera hacer peligrar ese carácter tan preciado. Ahí está el caso de “El Valle del río Elba” que en el 2009 se le retiró el carácter de Paisaje Cultural de la Humanidad al construir en medio del mismo un enorme puente de hormigón que distorsiona completamente su concepto. Comparto el criterio de los que hablan de esos andamios oxidados y esa muralla metálica que por tantos años ha cercenado la calle Desengaño. Ojalá todo marche bien y se recupere la excelencia de este palacio colonial, y que de alguna manera los trinitarios se sientan beneficiados. Te exhorto que continúes informando la evolución del proyecto, pues en el mundo actual, Internet y las redes sociales son una eficáz manera de control y crítica a la acción de los dirigentes que ejecutan acciones que tienen que ver con nuestra vida y entorno.

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