Archivo mensual: julio 2013

¿A correr el Santiago?

A correr el SantiagoA quienes ocuparon el graderío frente a la Plataforma Central debe sonarles a cuento de camino el paseo de carrozas y comparsas de los carnavales de antaño. Obligados a resguardar sus puestos desde la tarde como única garantía para observar el espectáculo, unos escasos cientos de personas alcanzaron a disfrutar, durante la recién finalizada edición del Santiago Espirituano, de la actuación de músicos y bailadores que en épocas pasadas invadían numerosas arterias de la ciudad.

Así era entonces, dirían muchos parafraseando un programa -también extinto- de la televisión nacional; hoy, por desgracia, la austeridad económica y, peor aún, la estrechez de miras amenazan con llevarse a pique las más genuinas y perdurables costumbres del carnaval yayabero; no ya las calles enramadas y algunos juegos tradicionales perdidos sin remedio ni traumas identitarios, sino su esencia misma: el concepto de correr el Santiago.

Si las comparsas ensayan apenas unas semanas antes de los festejos; si el exiguo presupuesto destinado a trajes e indumentaria no alcanza más que para un vestuario modesto; si luego ese gasto material y el esfuerzo de los artistas del barrio se resume a la presentación frente al jurado, sin que el calor telúrico de la comparsa se desborde ni siquiera unas cuadras más allá; ¿de qué proyección comunitaria alardeamos? ¿Adónde irán a parar la vieja usanza parrandera, la fascinación por el pasacalle, el placer de arrollar, tan típico de por estos lares? Sigue leyendo

Las riendas de la cultura

Las riendas de la culturaDirigir en Cultura es un dolor de cabeza. Al parecer, ese es uno de los pocos criterios en los que coinciden creadores, funcionarios, cuadros del sector y el ciudadano de a pie; un dolor de cabeza que ha venido martillando el quehacer artístico de Sancti Spíritus y que ha servido de óbice para el choteo, la sorna y hasta la depresión creativa de algunos.

Analizada en blanco y negro, la política de cuadros al interior de Cultura -como en el resto de las esferas de la sociedad- se rige por principios prácticamente infalibles: el profesional ubicado en el puesto idóneo, con los métodos de dirección adecuados, no solo se supera sino que, además, contribuye a la formación de quienes habrán de sucederle en el puesto. El mecanismo debería funcionar como un reloj suizo, sin embargo, puertas adentro de las instituciones culturales el panorama no resulta tan idílico. Sigue leyendo

El agua tibia

El agua tibiaNo se puede apelar al instinto de supervivencia del ser humano y pretender que mantenga sus valores inconmovibles; que sea digno, honrado, tenaz…, mientras a su alrededor se invierten los paradigmas del éxito. No se puede salir sin rasguños éticos de las crisis económicas, al menos no de una crisis económica como la que sacudió este país en la década de los 90.

Y que todavía nos sacude, dirían muchos, incapaces de hacer rendir el salario más allá de la libreta de abastecimiento o de beneficiarse -ni siquiera tangencialmente- con la apertura a la iniciativa privada, las facilidades para la compraventa, el hospedaje en los hoteles, los viajes al exterior.

Quienes lograron sortear ese parteaguas que fue el período especial más cruel, incluidos los apagones y la neuritis, ya no son los mismos: demasiada lucha diaria, demasiado contrabando, demasiadas normas resquebrajadas con total impunidad; el caldo de cultivo propicio para que emergiera ese salpullido social que el presidente cubano enunció “con amargura” en la más reciente sesión del parlamento y luego todos deploramos a coro. Sigue leyendo

Prospecto del deporte

Prospecto del deporteHabía transcurrido la primera mitad del juego. “Ahora tienen que apretar la defensa y ser más agresivas, arrebatarle la pelota al contrario sin empujar ni poner zancadillas y, sobre todo, tirar más al aro, ¿me entienden? Sin ensartar canastas no se puede ganar”. La arenga, más digna del entrenador del equipo Cuba de básket que del profesor de Educación Física de una escuela primaria de Sagua la Grande, consiguió inocular ánimos a las ocho o nueve muchachitas de quinto grado que discutíamos sabrá Dios qué campeonato de barrios.

Era una época feliz: ninguna vestía shorts de marca, todas coleccionábamos con similar dosis de deslumbramiento paquetes de jabón Palmolive, envoltorios de caramelos y etiquetas de blue jeans que comenzaban a venderse en las recién abiertas shoppings y, aquella tarde de competencia, cada cual se creía un prospecto del deporte revolucionario. Al menos yo hasta me veía en los Juegos Centroamericanos y del Caribe. Sigue leyendo

Espinazo de hormigón

Espinazo de hormigónCuando la gente despertó, el paseo no estaba allí. O mejor: lo que quedaba del paseo, porque ya el año pasado la fiebre hormigonera había invadido una parte de la avenida espirituana con grúas que arrancaron las losas de raíz, levantaron los árboles en peso y transfiguraron sin previo aviso una de las arterias emblemáticas de la ciudad.

En aquel entonces la vox pópuli se desbarrancó en una polémica que, como toda polémica estéril que se respete, se diluyó en esquinas, parques y hasta en los mismos bancos que fueron colocados luego sobre el piso de cemento: que si el parterre no debía ser eliminado, que si el deterioro del pavimento no ameritaba una reparación tan radical, que si la nueva imagen del paseo recordaba la del prado en alguna capital vecina… Pero la decisión estaba tomada y era tan irreversible como aquella argamasa que se solidificaba a ras del suelo. Sigue leyendo