Espinazo de hormigón

Espinazo de hormigónCuando la gente despertó, el paseo no estaba allí. O mejor: lo que quedaba del paseo, porque ya el año pasado la fiebre hormigonera había invadido una parte de la avenida espirituana con grúas que arrancaron las losas de raíz, levantaron los árboles en peso y transfiguraron sin previo aviso una de las arterias emblemáticas de la ciudad.

En aquel entonces la vox pópuli se desbarrancó en una polémica que, como toda polémica estéril que se respete, se diluyó en esquinas, parques y hasta en los mismos bancos que fueron colocados luego sobre el piso de cemento: que si el parterre no debía ser eliminado, que si el deterioro del pavimento no ameritaba una reparación tan radical, que si la nueva imagen del paseo recordaba la del prado en alguna capital vecina… Pero la decisión estaba tomada y era tan irreversible como aquella argamasa que se solidificaba a ras del suelo.

Después se fue superando el trauma, cuando la gente -aquejada a ratos de cierta amnesia histórica- pasó la página y comenzó a pensar en la avenida, no en tanto fin ulterior, sino como puente hacia las urgencias diarias. (Eso de terrible tiene la cotidianidad, que los árboles impiden ver el bosque). Salvo las quejas esporádicas por el mal acabado de algunas áreas y el recuerdo del paseo anterior sobredimensionado por la nostalgia, muy pocos se acordaban ya de la hojarasca que provocó.

Hasta ahora, que el último tramo de la antigua Avenida de los Mártires está siendo intervenido. Se caía de la mata, por supuesto, que no habría de sobrevivir la espaciosa alameda cuyos árboles, si bien libraban del sol a la zona peatonal, también estrujaban las losas y amenazaban con expandirse hasta la calle.

De modo que los espirituanos experimentan por estos días una especie de deja vú: el piso nuevamente barrenado, elevado en grúas por los aires, los árboles extirpados desde la raíz y un surco dibujado en la tierra viva. Están -o parecen estar-, sin embargo, menos indignados, no tanto porque hayan comprendido la pertinencia del cambio, sino porque lo veían venir.

Lo que no les cabe en la cabeza, por más que intenten explicárselo en reuniones y asambleas de rendición de cuentas, es que se haya priorizado, por encima del larguísimo rosario de planteamientos sin solucionar, una inversión que no consideraban urgente y que les vuelve patas arriba la escenografía de sus vidas; aunque solo la escenografía, a la postre, lo único que los cambios cosméticos tienen el poder de transformar.

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6 comentarios en “Espinazo de hormigón

  1. Me alegro que toques el tema, que ya había usado de ejemplo en algún comentario a otro post tuyo, si no recuerdo mal el del Palacio Iznaga. Ejemplo que me sirve para desmentir cualquier atrincheramiento detrás de las cacareadas carencias de recursos, el bloqueo, etc… Ante tal derroche innecesario de recursos (cualquier especialista sabe que una intervención mucho menos radical habría causado incluso mejores resultados, y lo mismo se aplica al Parque de la Caridad) no me pasan por la garganta las justificaciones usuales que se dan ante otras indolencias. “Somos un país bloqueado”. Bloqueado, es cierto, pero no solo desde afuera. Quiero pensar que lo que pasa dentro sea un “bloqueo mental” que ya es bastante lamentable, pero siempre me queda la duda de si una buena dosis de oportunismo no está también a la base de algunas de estas decisiones.
    Muchas veces operar en lo visual, lo simbólico, resulta más atractivo para los decisores que incidir en la raíz de tantos problemas. Después de todo, de políticos que inauguran fuentes está lleno este mundo nuestro.

  2. Es que imaginate, no todos los Prados o avenidas, son como el de Cienfuegos, o el Paseo del Malecon Cienfueguero, donde sin dudas ha pasado, y pasa q algunas raices levantan y levantan… pero los arboles estan y estaran ahi para siempre, quizas xq a ningun sesudo se le haya ido para la cabeza la idea de destruir algo q pertence a la misma razon de vivir de los cienfuegueros. En fin te deseo suerte o q te consigas una pemuta. Ya te fuiste de Sagua… no es na q te vayas a vivir para la linda perla del sur y puedas disfrutar per secula seculorum de su magnifico Paseo del Prado y de su Malecon.

    1. Rumersindo, el Prado cienfueguero luce como el paseo más reciente de la cuarta villa: sin un árbol con el suficiente follaje bajo el cual plantarse a descansar, muy lindo, pero igual de soleado. En el Malecón hay cocoteros, con raíces que no causan daño.
      Gisso, parece que tendrás que estirar tu salario y comprar una sombrilla porque en lo que a sombra refiere, tu trayecto al rascacielos espirituano nunca volverá a ser como antes.
      Con respecto a la utilización del poco dinero en algo que no apuraba, a tenor de otros problemas persistentes y de carácter apremiante, te pido sosiego bloguera.
      Ah, y recuerda que los cambios cosméticos no sólo trastocan la escenografía, también pueden cambiar el estado civil ja ja ja.

  3. La dictadura (del latín dictatūra) es una forma de gobierno en la cual el poder se concentra en torno a la figura de un solo individuo (dictador) o grupo, generalmente a través de la consolidación de un gobierno de facto, que se caracteriza por una ausencia de división de poderes, una propensión a ejercitar arbitrariamente el mando en beneficio de la minoría que la apoya, la independencia del gobierno respecto a la presencia o no de consentimiento por parte de cualquiera de los gobernados, y la imposibilidad de que a través de un procedimiento institucionalizado la oposición llegue al poder.

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  4. Ya cierto espirituano que tú y yo conocemos me había hablado de irse a la playa co un sombrillón, pero que a esa playa, donde había, por supuesto, arena, le faltaba el agua. Cuando vi el desierto del espinazo otrora de hormigón supe de qué playa hablaba.
    La arremetida destructiva en ese tramo del paseo es un veradero descalabro. No puede entenderse eso de arrancar los árboles para arreglar una avenida que sin ellos jamás volverá a ser la Avenida de los Mártires, ni el Paseo que los espiritunaos recordamos. Sí, la nostalgia persiste aunque los ánimos se han ido calmando, pienso que porque el tramo del cual hablamos ahora está menos céntricos y muchos no lo ven en su paso cotidiano. Pero igual, no se contó con la ciudadanía para determinar tal cambio cosmético. Un saludo.

  5. Amanece en la 5ta Avenida. Los autos circulan veloces y en las matrículas diplomáticas resaltan letras blancas sobre fondo negro. Los árboles del paseo central muestran sus hojas podadas y la antigua embajada soviética parece una Excalibur clavada -sin piedad arquitectónica- en el pecho de La Habana. Todavía no hay calor, pero algunos ya sudan mientras corren por el paseo central. Llevan tenis Adidas, botellas de agua y audífonos blancos. A cielo abierto -pero con su toque de exclusividad- discurre la mayor área deportiva de la ciudad, que comienza justo a la salida del túnel del río Almendares. Pista de carrera para una clase social que ya acumula libras, pero aún prefiere trotar a la intemperie y no sobre la estera rodante de un gimnasio.

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