La peor de las resacas

La peor de las resacasNadie toma alcohol porque le gusta; porque tiene su morbo cocinarse el hígado con un brebaje de dudosa procedencia y pésimo sabor. Nadie que pueda escoger entre Havana Club -añejo de cualquier año-, Guayabita del Pinar, vodka o hasta el mismísimo ron a granel optaría por una bebida que parece mejor diseñada para encender reverberos que para aderezar fiestas.

De modo que me niego a escribir en tono aleccionador y moralizante sobre la muerte de 11 personas intoxicadas con alcohol metílico en el habanero municipio de La Lisa, no porque aplauda la tendencia de muchos a emborrachar sus rutinas diarias, sino porque me parece un exceso de manipulación narrar los hechos de forma tal que las víctimas luzcan culpables. No sería, en principio, justo.

Pudo pasarle a cualquiera; pudo, incluso, haberme sucedido a mí durante aquellas madrugadas en el club de la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas, cuando los estudiantes de la Facultad de Química se erigían en proveedores de una poción que, adoptara el nombre que adoptara, terminaba siendo alcohol.

No me pregunté entonces -como no debieron preguntárselo quienes bebieron hasta morir en el consejo popular Balcón Arimao- de dónde salía semejante engendro; bastaba que estuviera al alcance del bolsillo y que enajenara un poco, justo lo que suele pedírsele al mejor ron.

Tal vez por ello no consigo reprocharles nada: ni que hayan comprado lo que suponían era alcohol, a menor precio y fuera de los recintos establecidos; ni que hayan decidido distraerse bebiendo en una comunidad en la que no sobran las ofertas de recreación.

Tomaron y punto, sin imaginar siquiera que aquella sambumbia iba a provocarles la peor de las resacas o que saldrían luego reflejados en la prensa como burdos jugadores de ruleta rusa.

Eso es, precisamente, lo que me enerva: que se esgrima el caso como un arma en medio de la cruzada contra la ilegalidad y las indisciplinas sociales, tan de moda por estos tiempos; que se aproveche la intoxicación masiva para halarle las orejas al ciudadano, como si fuese él, a juzgar por ciertos reportes de prensa, el gestor y multiplicador de su propia marginalidad.

Me niego a sermonear a costa de este ejemplo; en definitiva, ni quienes ingirieron el metanol se propusieron maquiavélicamente vulnerar la legalidad, ni podían escoger entre Havana Club y Chispa-e-tren, ni había entre los muertos ningún gerente de hotel.

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6 comentarios en “La peor de las resacas

  1. muy bien tratado el tema….. en definitiva si hubieran tenido billete en el bolsillo no escogerían ese “engendro artesanal”…. hay que atacar las causas y no los efectos…. ¿por qué en primer lugar fueron a comprar esa bebida y no la certificada por comercio, las tiendas en divisa, etc? muy valiente tu punto de vista…

  2. Me encanta el ron, y ni cuando apreto el zapato, me confundio el alcohol d madera, … dice Buena Fe, q la maldita culpa no la tiene nadie.

  3. Honestidad y honesty:
    La honestidad es el valor de ser decente, recatado, razonable justo u honrado. Desde un punto de vista filosófico es una cualidad humana que consiste en actuar de acuerdo con como se piensa y se siente. Esta diferencia de significados proviene de la incorrecta traducción del inglés, ya que en ese idioma ser honesto significa no ser dado a la mentira o al engaño, a diferencia del español, cuyo término para ese significado es el de “sinceridad” o “franqueza”, no el de “honestidad”.
    Ej;”La peor de las resacas” es honesto y honest

  4. Buenas noches Gisselle. He llegado hasta tu espacio a través de medios internacionales y me gustaría felicitarte por la calidad de lo que escribes.
    En relación al artículo (…) las resacas es algo que lamentablemente se ha publicado mundo afuera, como también se dice del alto % de bebidas alcoholicas consumido en la isla, y no es para menos, en cualquier lugar, a cualquier hora de cualquier día de la semana se ven los famosos termos expendiendo la bebida. Por qué se bebe tanto en Cuba? Cuál es la causa?
    Fuerte abrazo desde el sur del continente.

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