En la encrucijada

En la encrucijadaHe vivido en cuatro direcciones diferentes desde que cumplí 14 años y en ninguna he llegado a conocer a las secretarias del bloque de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC). A las tesoreras sí, porque suelen pasar con puntualidad inglesa a principios de año para saber si una quiere liquidar la cotización de los próximos 12 meses; pero funcionar, lo que se dice funcionar, es algo de lo que no tengo ni idea desde que milito en las filas de la FMC.

Puedo parecer injusta, es cierto, porque de seguro hay sitios por ahí donde la organización mantiene sus engranajes ajustados: un secretariado eficiente en la base que trabaja con las amas de casa y las obreras, que atiende sus inquietudes, tramita casos de violencia doméstica, vela por los derechos de las féminas, por el acceso de sus hijos a los círculos infantiles y las capacita. Deben existir células que laboren así, pero -al menos yo- no he tenido la suerte de figurar en ellas.

Ni yo, ni las mujeres que conozco, lo cual denota a las claras el grado de enajenación de no pocas cubanas para con la organización que debía representarlas y que hoy, por desgracia, no consigue convocar como en sus tiempos de gloria.

De la efervescencia de los primeros años -que coincidió, por supuesto, con todas nuestras efervescencias- aún queda el recuerdo, magnificado por la nostalgia, del entusiasmo con que aquellas muchachas de los 60 se atrevieron a desafiar las convenciones burguesas, brincaron las talanqueras que las recluían puertas adentro y se montaron en el carro de las transformaciones sociales.

Sin embargo, una vez conquistadas las reivindicaciones de género, la FMC se ha mantenido durante décadas en un limbo preocupante, no solo porque se haya enquistado en el discurso de los logros obtenidos; sino, sobre todo, porque tal postura la inhabilita para reconocer lo que piden a gritos las mujeres de la Cuba contemporánea.

No es con la exhortación al más puro estilo “creced y multiplicaos” como se revertirá la baja fecundidad en esta isla, ni con marcas genéricas en el lenguaje -tan de moda por estos tiempos- como va a solucionarse la equidad entre los sexos; mucho menos serán los spots televisivos los que consigan levantar la moral de una federación de la que, salvo el aparato burocrático y profesional, muy pocas se sienten parte.

Tal vez por ello hubo un instante en el que llegué a pensar que la FMC, a raíz de los señalamientos de que fue objeto durante el VI Congreso del Partido, se hallaba en la encrucijada de reformularse o perecer.

Desde entonces mucho ha llovido: se renovó el secretariado nacional, se sustituyeron cuadros a diferentes niveles en varias provincias, se convocó al IX Congreso de la organización para marzo de 2014, hasta se amplió la tirada de la revista Mujeres, que cumplía los requisitos para desaparecer sin ocasionar cisma alguno…; no obstante, yo sigo sin percibir la radicalidad de sus cambios internos y, peor aún, sin saber cómo la federación me representa sin conocerme.

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16 comentarios en “En la encrucijada

  1. la apatía, la inacción es el peor de los males de estos tiempos … genial, como cada miércoles…. sonará este post… deberás estar como siempre lista para la batalla. De todos modos eso es el periodismo, una guerra. Abrazo desde el medio del mundo. R

  2. No tenía la edad aún para entrar a sus filas cuando se fundó la FMC; no obstante, viví etapas en que todavía estaba efervescente; pienso que en Cuba habrá un antes, durante y un después del período especial, al que le echamos la “culpa” de casi todo lo que tiene que ver con apatía, falta de motivación, falta de valores, malversación y más también. A los jóvenes toca tomar las riendas de esas mismas organizaciones que militamos y que hasta criticamos pero que no hacemos nada por ellas. Coincido en mucho de lo que escribes tan hábilmente, como siempre, confío en que nuevas federadas le den un giro de 180 grados a la FMC.

    1. Coincido contigo, Miriam: debemos hacer algo por las organizaciones que tanto criticamos. Solo que a veces es difícil porque las ganas de hacer chocan contra las murallas infranqueables de los estipulado. A la juventud solo se le deja participar para que siga las líneas de trabajo dictadas por otros, raras veces se le permite encauzar sus propias ideas, algo así como repetir el guion que le ha sido dado. En el caso específico de la FMC, son las propias estructuras profesionales de la organización las que deben pensar la manera de actualizarse, que para eso están: para dirigir, para ganarse el espacio cedido. A mí me encantaría que me enrolaran en alguna tarea de choque, pero ya te digo: ni me conocen…

  3. Marilys Suárez Moreno – Revista Mujeres.- El 23 de agosto de 1960 fue un día memorable en la historia de la mujer cubana. Los grupos femeninos y revolucionarios acordaron unificarse en una organización única, con el fin de promover la participación de ésta en el proceso de transformaciones que comenzaba con la Revolución. Aquel día se constituyó la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), como Fidel quiso que la llamaran. Su presidenta de siempre fue la inolvidable Vilma Espín. Así surgió nuestra organización, para aglutinar el enorme caudal de pasión revolucionaria, de inteligencia y de energía que representaban cientos de miles de mujeres decididas a integrar sus fuerzas a las de todo el pueblo en la edificación de una nueva vida.

  4. Tengo casi 60 años. Recuerdo aún el honor que sentí el día en que me incorporaron a la FMC, acababa de cumplir los 15 años y como mis padres no tenían dinero suficiente, esa fue mi fiesta quinceañera para mi alma joven y revolucionaria. En aquellos tiempos se libraba una batalla por la igualdad de la mujer y más que eso, por la salud de la mujer y la protección a su descendencia. Hace muchos años me ocurre exactamente lo mismo que describe la autora de este blog. He pensado sobre eso y creo que la esencia está en que la sociedad aquella cambió por la misma obra de la Revolución de la que la FMC formó parte, mientras que la Organización, al menos en la base, no se movió con esa dialéctica en el tiempo. Otros son los foros de combate en los que sí ha brillado y brilla, como otros son los desafíos que tiene hoy en la base. La mujer cubana es en el seno de la familia, la que más está sufriendo lo que acontece en el país. Solo hay que ver las estadísticas que publica la ONE para entender la situación y delinear las nuevas tareas que, de hacerlo, seguro tendrá entre sus afiliadas, más que la cuota simbólica de cotización, el corazón de quienes se sientan realmente representadas.

    1. Es muy justo su comentario, Marta. De hecho, debía incorporarlo al mío porque tiene la vivencia de quien formó parte de la vorágine primigenia. Gracias por dar su punto de vista y por conminar también al perfeccionamiento de una organización que si hoy criticamos es porque nos duele. Esperemos que la FMC sea capaz de representar con más exactitud las preocupaciones de todas las cubanas. Saludos…

  5. Dios santo, ¿cuándo Cuba va a librarse de sus soporíferas “organizaciones de masas”? Ah, no, perdón, hay que mantener “vivos” al glorioso CDR, a la inefable FMC… Excelentes mecanismos para seguir controlando a un pueblo que se muere literalmente de hambre y naufraga en la miseria espiritual. Perdón, muchachita de Cuba Profunda, hoy tengo la herida abierta: son muchas décadas de tiranía. Déjeme sangrar un poco en su blog, si no le molesta.

    1. Molestar, molesta un poco, Liborio, sobre todo porque quienes leen este blog no tienen culpa de sus heridas; pero se soporta, en definitiva esta finca es tolerante. No coincido con su punto de vista, mucho menos con esa frase rotunda de “miseria espiritual” -sabe usted que allá donde usted vive hay muchos de esos miserables?-, pero es, en definitiva, su punto de vista. Saludos, espero que comente también cuando no esté tan ácido…

  6. Bueno, hoy me siento mejor, la verdad. Gracias. Y tienes razón, donde vivo (doy por sentado que no sabes con exactitud dónde) hay mucha miseria, material y espiritual. Pero no puede camuflarse la miseria cubana haciendo visible la que impera en otros sitios (por miserables que sean). Vivo en Haití, en Bolivia y en Burkina Faso. En todas partes he visto caravanas de tristeza, borrachos de sombra negra… Pero en la Siempre Fiel Isla de Cuba, en la Fidelísima, he visto a Fidel. Fidel. Fidel. Fidel. Fidel. Fidel. Fidel. Fidel. Fidel. Fidel. Fidel… En fin, si me dan a escoger, me quedo con mis propias miserias extrainsulares.

    1. Para eso está la tolerancia, Liborio, para que yo escoja quedarme en esta isla, con todos sus desaguisados, y usted se dé el lujo de escribir desde Miami, Haití, Bolivia o Burkina Faso, queriéndome meter por los ojos una doctrina que no comparto. Sobre la pobreza, la material y la espiritual, quizás usted sabe mejor que yo. Saludos…

  7. Error, mi apreciada periodista. Nada de querer meter por los ojos nada a nadie; menos a usted, joven profesional, preparada e inteligente. Escuche (es decir, lea, ya que no puedo hablarle directamente, a menos que me facilite su número telefónico): no todo es cuestión de doctrinas. Penosamente, es lo que nos han hecho creer en las universidades cubanas. Fulano es marxista; Zutano es fascista. Mengano es liberal; Esperancejo es socialdemócrata. Oh, no, por favor. Yo mismo no profeso religión alguna ni me adscribo a una doctrina política concreta. ¿Hace falta eso para mirar el mundo e intentar comprenderlo? Créame que no. La miseria cubana (material y espiritual, insisto) salta a la vista. No hay que ser un alabardero del capitalismo para afirmar rotundamente que el socialismo cubano es un fracaso.
    Leyendo tus posts uno puede convencerse eso. Tus artículos son la medida del desastre cubano. Recopila tus magníficos textos en un buen libro y obtendrás un retrato fidelísimo (otra vez la maldita palabreja, je je) de la realidad nacional.
    Sin embargo, usted no es pesimista. Eso me gusta. Muchos jóvenes profesionales cubanos consiguen salvarse del naufragio. Son un velita en el horizonte. Póngase a trabajar en ese libro, Cuba lo merece.
    Por otra parte, lo de quedarse o no quedarse en la Isla (me gusta ponerla con mayúsculas) no entraña ninguna significación especial. ¿Qué la hace pensar que no vivo también en Cuba? ¿La IP que se muestra en su Escritorio cuando escribo mis comentarios? ¡Por favor! Vivo en Cuba, como cualquier cubano. No vivo en Cuba, como cualquier cubano.
    Quédate a vivir en Cuba, ¿por qué no? Vete, si lo deseas, a vivir en cualquier parte, ¿por qué no? Que no te hagan creer más o menos cubana, por una u otra circunstancia, aquellos que por décadas han explotado en provecho propio la triste separación de la familia cubana.

  8. Marilys Suárez Moreno – Revista Mujeres.- El 23 de agosto de 1960 fue un día memorable en la historia de la mujer cubana. Los grupos femeninos y revolucionarios acordaron unificarse en una organización única, con el fin de promover la participación de ésta en el proceso de transformaciones que comenzaba con la Revolución. Aquel día se constituyó la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), como Fidel quiso que la llamaran. Su presidenta de siempre fue la inolvidable Vilma Espín. Así surgió nuestra organización, para aglutinar el enorme caudal de pasión revolucionaria, de inteligencia y de energía que representaban cientos de miles de mujeres decididas a integrar sus fuerzas a las de todo el pueblo en la edificación de una nueva vida.

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