Capital estancado

Capital estancadoEn Sancti Spíritus, el Centro Provincial del Libro y la Literatura (CPLL) está en quiebra. No en medio de una crisis de solvencia pasajera, sino rotundamente en quiebra, que así es como le dicen en el mundo entero a la encrucijada en que hoy se halla la entidad: debiendo más de 900 000 pesos a sus acreedores y con la necesidad apremiante de que el Gobierno le convalide el hueco en su balanza contable.

A semejante estado de deterioro financiero -para llamarlo con términos más eufemísticos y menos alarmantes- ha llegado paulatinamente, luego de años en que la Distribuidora Nacional, encargada de abastecer de libros a todo el país, atiborrara los almacenes espirituanos lo mismo de best sellers que de títulos ociosos y de lento movimiento.

De un tiempo a esta parte, sin embargo, la avalancha de textos desde el “nivel central” se ha detenido por obra y gracia de un nuevo mecanismo de distribución, implementado desde hace aproximadamente dos años, que funciona bajo resortes empresariales: de un catálogo enviado con antelación, el CPLL escoge los títulos que desea comercializar en la provincia, con lo cual se supone debería resolverse el dilema de los inventarios estancados.

Se supone, repito, porque en la práctica, el centro continúa en números rojos. Así lo advierte Julia Regalado, su especialista comercial, quien enumera lo que ella ha venido identificando como “las tres causas fundamentales”: que el Instituto Cubano del Libro no satisface las demandas de literatura formuladas por la provincia; que buena parte de los volúmenes llegan fuera de tiempo y, por tanto, se dificulta la venta posterior; y que ha disminuido ostensiblemente la publicación de títulos de aceptación popular.

Tal rosario de irregularidades ha redundado, según su parecer, en que al cierre de junio existieran en los anaqueles del territorio más de 234 000 ejemplares de unos 2 400 títulos, un capital estancado que sobrepasa los 2 millones de pesos; justo lo que necesitaría el CPLL para cubrir sus gastos por casi dos años.

Al decir de Bárbara Rodríguez Montes de Oca, jefa del Departamento de Economía del CPLL, el problema se ha agudizado desde que el centro pasara a unidad presupuestada con tratamiento especial. “Esa categoría implica que el Consejo de la Administración Provincial pone una parte del presupuesto y la otra debe salir de nuestras ventas -explica-, pero sucede que en este momento los ingresos mensuales, que rondan los 50 000 pesos, solo alcanzan para salario y pago a escritores; no dan para un gasto más”.

A estas alturas, ya la institución consumió el presupuesto aprobado para todo el 2013 y arrastra pérdidas que ascienden a más de 1 200 000 pesos, cifra que solicita le sea subsidiada por el gobierno provincial a contrapelo, incluso, del insistente llamado a respetar la planificación.

De ese clavo caliente se agarra Yenisleidy Miranda, subdirectora de presupuesto de la Dirección Provincial de Finanzas y Precios, quien sostiene categóricamente que no se irrespetará lo legislado: “El centro está así porque en el 2012, cuando se previeron los gastos y los ingresos reales para este año, lo planificaron mal -argumenta-; ahora no se puede hacer nada más que solicitar al Ministerio de Finanzas y Precios el consentimiento para reajustar el presupuesto de Cultura y, de esa forma, sufragar el déficit, pero sin salirse de lo contemplado para el organismo”.

Mientras las solicitudes suben y bajan las escaleras de la aprobación, ya los especialistas del CPLL han tenido que renunciar a títulos ofertados por la Distribuidora Nacional por falta de fondos y, lo que es aún más grave, han comenzado a advertir sobre el peligro inminente que corre la próxima edición de la Feria Internacional del Libro, cuyos ejemplares no arribarán al territorio en tanto el centro no liquide hasta el último centavo de la deuda.

Al margen de los tejemanejes internos, el lector termina siendo el mayor perjudicado, ya que debe lidiar con cuestiones tan esenciales como los elevados precios -algunos hasta se dirimen entre llevar a casa un diccionario o comida para dos semanas-, la escasa diversidad de temáticas y corrientes estéticas que publican las editoriales cubanas y las decadentes estrategias de promoción articuladas en Sancti Spíritus que, a fuerza de no establecer jerarquías, terminan por esconderle el libro al público potencialmente interesado.

¿Puede valer lo mismo un texto recién salido de imprenta que otro añejo siete años? ¿Qué sería preferible: que el centro recuperase una parte de la inversión rebajando el precio de algunos libros o que continúe con el dinero hipotecado en repisas y almacenes? Si el lector no va a las 12 librerías de la provincia, ¿deben los vendedores acomodarse de codos sobre el mostrador?

De todo hay en la viña del Señor, desde especialistas eficientes que orientan al público, planifican miniferias en comunidades intrincadas y enrolan a los propios autores en la presentación de sus textos; hasta vendedoras que, en cierta librería de cuyo nombre prefiero no acordarme, le vocearon a un escritor que merodeaba en busca de un título: “No, mi niño, aquí nosotros no tenemos nada que hable de brujería”.

Total irrespeto al consumidor, para decirlo en términos empresariales; sin embargo, más allá de su calidad como mercancía, el libro tiene un valor simbólico que condiciona su comercialización, al menos en Cuba, no ya a las leyes más burdas del mercado, sino a las políticas culturales defendidas durante décadas por una nación que ha preconizado el acceso democrático al conocimiento y que se niega a transigir frente a la dicotomía del se vende o no se vende.

Que el 98 por ciento de la literatura infanto-juvenil vuele de las librerías espirituanas, según datos del CPLL, no quiere decir que las editoriales deban redireccionar sus catálogos para satisfacer únicamente esa demanda; que los temas políticos y de Ciencias Sociales solo interesen a un público especializado tampoco implica que deban desaparecer como por arte de magia, aunque este último caso bien ameritaría una revisión concienzuda, ya que se trata de los ejemplares que más languidecen en los inventarios ociosos.

En materia de consumo literario, por estos contornos apenas se gatea. Prueba de ello es la total ausencia de estudios científicos -semiestructurados siquiera- que permitan aquilatar los gustos y necesidades cognoscitivas y estéticas de los lectores, por lo que el CPLL solicita a la Distribuidora Nacional a ojo de buen cubero.

Lo más cercano a un análisis medianamente serio es el recurso del que, según Julia Regalado, se valen para tener idea: el informe mensual que confeccionan las libreras con los títulos que más venden y lo que las personas les piden sin encontrarlo. Así de fácil.

De modo que no deben alarmar a nadie los más de 2 millones de pesos estancados que ahora mismo se apolillan en las estanterías de toda la provincia, mucho menos la deuda que amenaza con volverse eterna en el CPLL y que, de no ser por los ajustes del acordeónico presupuesto, ya lo hubiese llevado a la bancarrota.

Lo peor, sin embargo, es la entronización de una tendencia al parecer irreversible: la del consumo literario de Feria en Feria, único período en que el país garantiza las primicias editoriales y que deja luego, como remanente, las librerías atestadas de títulos de salida incierta y, en las arcas del Centro del Libro, un déficit presupuestario muy parecido a la quiebra.

Anuncios

5 comentarios en “Capital estancado

  1. Leer entre lineas

    Es una metáfora que significa ver más allá de lo aparente o de lo obvio. También sugiere la misma frase que encuentres los significados que puedan verse dentro de la relación de dos objetos de indiscriminada clase, dicho sea; buscar por otras interpretaciones.

  2. Penoso. Literatura: directo a la basura. Je je. Hoy estoy relajado, ado, ado. Penoso, chistoso, pasmoso, pavoroso… Literatura cubana: directo a la palangana. En el Centro del Libro… del dinero me libro, je je.

  3. Triste realidad que es hora de transformar de una vez, AHORA, ¡YA! Y nada mejor que el momento que vivimos con todas sus alarmas en la economía doméstica –perdón por los responsables de la “macro”, pero esa, la doméstica es la que me toca directamente y por ella hablo– para enfrentar el tema de la lectura y por ende de la cultura, con más realismo, más cabeza y también, con menos compromisos (enfatizo la palabra: COMPROMISOS, y no por gusto).
    Digo lo de la economía doméstica, porque ante un pensamiento más pragmático como el que ahora trata de imponerse, somos nosotros, los compradores, los que finalmente impondremos nuestros criterios en el mismo acto de la compra.
    POR FAVOR, no crea que desconozco los riesgos de lo que estoy diciendo: NO CREO EN LAS SUPER-BONDADES DEL MERCADO, y estoy convencida de que NO PUEDE DEJARSE A ESE DIABLO LA SOLUCIÓN DE NUESTROS PROBLEMAS, pensamiento que peligrosamente veo instalándose en algunas “cabezas”- o “malas cabezas”. PERO… ante la sordera que padecen desde hace muchíiiiiiisimos años buena parte de nuestro funcionarismo cultural, ESA ES UNA HERRAMIENTA EFICAZ PARA DEMOSTRARLES LO QUE NO QUEREMOS, para que no puedan imponer gustos o intereses personales ni seguir desoyendo la voz del pueblo.
    Puedo intuir detrás de buena parte de esas tiradas exageradas de títulos invendibles, posibles compromisos arribeños y cierta dosis de oportunismo; como también, una lamentable falta de conocimiento profesional de la actividad. ¿Existen equipos de investigación social a los que puedan acudir las editoriales cubanas para buscar criterios certeros y desprejuiciados a la hora de identificar temáticas para publicar títulos?¿Se hacen estudios de mercado? ¿Se llevan a punta de lápiz los gastos de las propuestas? Porque nada es gratis: todo tiene un alguien que trabaja y aporta la riqueza que después distribuye el Estado.

    Creo que se impone además de un criterio artístico y pedagógico en la selección de los títulos a publicar, tener en cuenta los intereses de los lectores, incluso, hasta para fomentar otros intereses que les ayuden a enriquecer su visión del mundo y elevar su espiritualidad.

    Insisto en que en este momento hay que funcionar con enfoque sistémico, porque ni se puede dejar todo al mercado, ni las instituciones controladoras pueden limitarse a las cuentas, porque en materia de cultura del pueblo, hay otras cuentas más grandes que sacar con más impacto social y político y no precisamente todas tienen su representación en números.

    Me preocupa en lo personal los criterios economicistas –recalco que es necesario tener mentalidad económica–, pero que no pueden ir por encima de los objetivos de mejoramiento humano de las personas, porque somos nosotros, el pueblo, en primera y última instancia, la razón de ser de esta Revolución socialista que tenemos que salvar.

    No me cabe dudas de que el burocratismo es un cáncer social, tanto como la corrupción y no pocas veces se dan la mano. Y el cáncer debe ser reducido y extirpado.

    Gracias, Gisselle, por tu blog, por tocar las cosas que duelen y que como revolucionarios, tenemos que cambiar.

  4. Estoy convencido que hoy es insoluble esta situación. No existe voluntad institucional para situar a la persona i´donea en el lugar preciso. Hace mucho repito que es letal para la cultura la tríada de un individuo con poder, entusiasmo e ignorancia. Es devastador. Hoy estamos plagados de simuladores ideológicos, pero carentes de hombrs y mujeres en puestos de dirección en la cultura con responsabilidad y suficiencia cultural.

La opinión es libre, mientras sea emitida con respeto

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s