Archivo mensual: septiembre 2013

La Trinidad según Mialhe

La Trinidad según MialheCuando retocó por última vez el grabado que luego llamaría Trinidad, vista tomada desde el Hospital Militar, el francés Frédéric Mialhe tuvo la impresión de que podría entrar en el dibujo y perderse entre las calles sinuosas que acababa de pintar.

Había escalado la empinada cuesta de la loma de La Vigía para regresar con un esbozo de innegable valor documental en el que se reparten los primeros planos cuatro hombres subiendo pesadas cargas; dos, pendiente abajo y hasta una mujer enfundada en un pañuelo de labor. La ciudad, al pie del promontorio, descubre sus tejados, sus calles surcadas por arrias de mulos y los torreones de sus palacetes.

“Es una imagen sumamente interesante -sostiene Ramsés Morales, artista de la plástica-, sobre todo por los trazos, los matices del color, la iluminación que logra, muy típica en la prensa de la época. Es obvio que distorsionó de alguna manera la realidad, y era un recurso totalmente válido. Después de haber recorrido tantas poblaciones, ya tenía incorporado un arsenal de figuras arquitectónicas que usaba para enriquecer los paisajes o para solucionar problemas reales que se le presentaban en el momento del dibujo”. Sigue leyendo

Mentiras piadosas

Mentiras piadosas“Mami, mami, la perra me comió el bistec de venado”, grité a voz en cuello mientras Panchita, la mascota que me acompañó desde los cinco años, desaparecía en el patio con el pedazo de carne en la boca.

Era la década del 90. En lo que mi madre corría desde la cocina para consolarme diciendo que no me preocupara, que adobaría otro más, ya los vecinos se habían agolpado ante la ventana y hasta el presidente del CDR había acudido a preguntar qué le pasaba a la niña.

“Nada, cosas de muchachos”, respondió Anita con un sobresalto que no comprendí hasta varios años después, cuando tuve edad para saber que no era lícito comer venado y que aquel bistec que la perra me había levantado de las manos no era sino de lengua, una parte del cerdo que yo ni hubiese probado en ese entonces de haber sabido la verdad. Sigue leyendo

Cintas amarillas

Cintas amarillasSolo cuando René González convocó a los cubanos a usar una cinta amarilla el próximo 12 de septiembre me percaté de que no tengo prenda alguna de ese color. “Soy más de Santa Bárbara que de la Caridad”, me dije, a sabiendas de que un argumento tan folclórico iba a bastarme para virar al revés las gavetas, desempolvar vestidos viejos y registrar a escondidas los retazos de mi abuela.

De modo que me sentí salvada cuando apareció, traspapelada entre mis bártulos, una liga amarilla que nunca cumplió la función de atarme el cabello porque no tengo blusa ni saya con que combinarla, pero que, milagrosamente, habrá de servirme este jueves para simbolizar mi adhesión a la campaña por el regreso de los cuatro cubanos que aún permanecen presos en Estados Unidos.

Desde la primera vez que los medios de comunicación de la isla se hicieron eco del caso ya han pasado, por increíble que parezca, 15 largos años, más largos y angustiosos para las familias de Antonio, René, Fernando, Ramón y Gerardo, no solo por la separación física, ya de por sí dolorosa; sino por la incertidumbre de los momentos iniciales y la impotencia de saber que se mantienen tras las rejas por culpa del engranaje político. Están pagando un precio que los trasciende. Sigue leyendo

Ni musical ni academia

Ni musical ni academiaNo es la burda copia de los seriales extranjeros lo que me molesta; ni siquiera el cartelito de “musical” con el que se ha vendido sin que los momentos de canto y baile lo justifiquen. Lo que en verdad me enerva de SOS Academia es la ira contenida de todos sus personajes, la incomodidad constante en la que parecen discurrir como si fuese lo más natural del mundo que se maltraten, se griten, se insulten los unos a los otros.

Debo confesar que veo la serie, religiosamente, cada martes y jueves desde que comenzó la programación de verano, no porque disfrute ese tipo de culebrones al estilo Un paso adelante o El internado -dos de los productos audiovisuales españoles que, sin dudas, le sirven de referente-, sino porque pensé: “Está bueno ya de ser hipercrítica con la televisión cubana, vamos a darle un voto de confianza”; pasada la media hora, sin embargo, lamento haberme expuesto a la autoflagelación. Sigue leyendo