Cintas amarillas

Cintas amarillasSolo cuando René González convocó a los cubanos a usar una cinta amarilla el próximo 12 de septiembre me percaté de que no tengo prenda alguna de ese color. “Soy más de Santa Bárbara que de la Caridad”, me dije, a sabiendas de que un argumento tan folclórico iba a bastarme para virar al revés las gavetas, desempolvar vestidos viejos y registrar a escondidas los retazos de mi abuela.

De modo que me sentí salvada cuando apareció, traspapelada entre mis bártulos, una liga amarilla que nunca cumplió la función de atarme el cabello porque no tengo blusa ni saya con que combinarla, pero que, milagrosamente, habrá de servirme este jueves para simbolizar mi adhesión a la campaña por el regreso de los cuatro cubanos que aún permanecen presos en Estados Unidos.

Desde la primera vez que los medios de comunicación de la isla se hicieron eco del caso ya han pasado, por increíble que parezca, 15 largos años, más largos y angustiosos para las familias de Antonio, René, Fernando, Ramón y Gerardo, no solo por la separación física, ya de por sí dolorosa; sino por la incertidumbre de los momentos iniciales y la impotencia de saber que se mantienen tras las rejas por culpa del engranaje político. Están pagando un precio que los trasciende.

Tres lustros de mesas redondas, tribunas abiertas, eventos de convocatoria internacional y disímiles iniciativas no han conseguido, sin embargo, conmocionar la opinión pública de Estados Unidos, en parte por el silencio intencionado de la gran prensa occidental -recuérdese que cada medio maneja sus propias políticas editoriales-; en parte por nuestra incapacidad para pulsar las fibras humanas de un enrevesado proceso judicial en el que miden fuerza dos gobiernos pero terminan pagando hombres de carne y hueso.

A estas alturas resulta casi una verdad de Perogrullo que a la campaña made in Cuba le ha faltado emoción. Demasiados argumentos provenientes del discurso político y muy escasos -aunque por suerte relevantes- trabajos periodísticos en los que se muestra a los héroes como en realidad son: ciudadanos de a pie, con esposas, padres, hijos, amigos, defectos, veleidades del carácter y, ante todo, una devoción por lo que creen que raya en el fanatismo.

Hasta hace poco, cada vez que preguntaba por qué sostenemos de este lado de la barricada que el encierro de los Cinco es injusto, solía recibir una respuesta inalterable: porque defendían a Cuba de los ataques terroristas. Y me hubiese quedado con esa verdad a medias si no hubiese caído en mis manos el texto Los últimos soldados de la guerra fría, de Fernando Morais, un libro que, amén de los posibles excesos de ficción, relata qué hacían realmente los agentes de la inteligencia cubana en las organizaciones de La Florida, cómo se jugaban el pellejo, con qué pruebas endebles fueron condenados a las sentencias más radicales; justo lo que había querido saber desde la primera vez que levanté una bandera para reclamar su retorno en un acto de masas en Santa Clara.

Por ese entonces cursaba el preuniversitario y creía ciegamente que en cuestión de meses se desenredaría la madeja legal y vería a los Cinco bajar juntos las escalerillas del avión que ya había devuelto a la Patria al niño Elián González.

Pasado tanto tiempo no puedo sino recordar con nostalgia aquel exceso de ingenuidad y reacomodar mis pretensiones: que regresen, en el mismo vuelo o a cuentagotas, de inmediato o a largo plazo, pero que regresen. Supongo que ahora mismo, mientras le crecen cintas amarillas a Cuba entera, es lo único que importa.

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19 comentarios en “Cintas amarillas

  1. Me gustó tu comentario, Gisselle; sobre todo esas escuetas líneas en que dices tanto: “…enrevesado proceso judicial en el que miden fuerza dos gobiernos pero terminan pagando hombres de carne y hueso…” (por ser tan cierto es triste). Es bueno saber que aún los cubanos acuden ante llamados como este y que aún existen quienes (como yo) nos conmovemos cuando vemos esta respuesta; lo que más me gusta de todo es que no ha habido en este acto el aquello de que…. el que no use la cinta será analizado en el núcleo…. como sucede ante tantas otras cosas que demandan a gritos darle un voto de confianza a la espontaniedad. Quien lleve hoy (o mañana) el listón amarillo es porque verdaderamente se siente comprometido con esta causa. A mis pequeños hijos les expliqué la historia de la cinta amarilla y estoy convencida de que mañana acudirán a sus respectivas escuelas más convencidos sobre la necesidad de luchar por estas causas sustentadas más que todo por el amor. Gracias

  2. Sí me gustó el post, Gisse, no lo niego; me gusto por el relato de tu toma de conciencia, por presentar una vez más a Los Cinco como lo que son: cubanos profundamente humanos, gente como vos y como yo pero que han dado todo por convicción y, porqué no, por amor a su gente.

    Pero creo que no estás siendo totalmente justa con la causa de Los Cinco, y sobre todo con algunas personas que han dado su mayor esfuerzo por la liberación de ellos, desde diferentes ámbitos de vida y geográficos. Me refiero entre muchos otros a los conocidos abogados Weinglass, Pertierra, Garbus, Heitzer, Schey, que dan la pelea jurídica y mediática en USA; los cineastas Landau, Stone, Freeman en el mismo país; en España y otros países de Europa y prácticamente en cada uno de los latinoamericanos, miles de personas de todos los estratos y profesiones marchamos, hacemos conversatorios, demostraciones, protestas, pintas, publicaciones, todo lo que podemos hacer por Los Cinco; en el mismo USA, cubanos de la migración dicen las cosas con su nombre. Y desde Cuba descuellan las voces de Ricardo Alarcón y, cómo no destacarlos, de decenas de blogueros que denuncian, reclaman, publicitan, insisten.

    Esta lucha no es de ninguna manera la medición de fuerzas de dos gobiernos, amiga, Mucho más allá que eso, es la confrontación de dos formas de entender el mundo. Los Cinco y quienes estamos por su libertad lo concebimos desde la honestidad y la decencia; por el contrario, quienes los tienen como rehenes no pueden exhibir una sola acción honesta y decente en torno a este caso.

    1. Tienes razón, Jorge: no fui completamente justa con la campaña -con la campaña, no con la causa- por el regreso de los Cinco. Es que, como siempre, uno piensa como vive, y cuando dije que a la campaña le ha faltado emoción, me refería a la campaña hacia el pueblo de Cuba, hacia el interior de la isla, donde los mensajes han llegado a sobresaturar pero todavía adolecen de un tratamiento anquilosado y maniqueo. No todos los mensajes, repito, que no se me malinterprete. De la campaña hacia el exterior, sé apenas lo que me permite mi ostracismo insular: que hay desperdigados muy buenos amigos y promotores de esta justa causa por todo el orbe, que trabajan continua y desinteresadamente, que si algo se sabe en el mundo del caso es también gracias a ellos. De modo que reconozco que me traicionó el subconciente: cuando dije que faltaba emoción estaba pasando por alto a la campaña internacional, a la cual todos los cubanos que anhelamos el regreso de los Cinco -no lo digo yo, sino René: ellos siguen siendo Cinco- estaremos siempre en deuda. Saludos, Jorge, gracias por el llamado de atención, jejeje.

  3. La libertad de prensa es la existencia de garantías con las que los ciudadanos tengan el derecho de organizarse para la edición de medios de comunicación cuyos contenidos no estén controlados ni censurados por los poderes del Estado. Y todo hombre o mujer puede publicar sus ideas libremente y sin censura previa.Ej
    Otra version de los hecho aludidos, por otro periodista espirituano:Wilfredo cancio Isla:http://www.diariolasamericas.com/america-latina/america-latina-hombre-que-acabo-red.html

  4. Cuba Profunda, ¿por qué no se embulla usted y escribe algo sobre el concierto en la Tribuna y la improvisación de Robertico Carcassés? Ah, y sobre lo caro que lo costó, por supuesto…

      1. Inteligente norma y excelente respuesta, Gisse. Lástima que frustre a quienes se frotaban las manos de contento por el incidente, ya muy decepcionados porque la controversia entre el artista y las autoridades de Cultura no haya trascendido a más

        1. Jorge, con el debido respeto. Puede que alguien se haya estado “frotando las manos” con el “incidente”, no lo sé. Sin embargo, la clave del dilema no estriba en que alguien se frote o no las manos, sino en la razón por la cual usted califica de “incidente” lo que ocurrió en la Tribuna. En verdad no hubo ningún incidente. Robertico Carcassés improvisó, mientras cantaba, un estribillo que disgustó a ciertas autoridades políticas. Fueron dichas autoridades las responsables del llamado “incidente” al tomar represalias contra el músico. Lo que hizo Robertico fue cantar, eso sí, lo que le vino en ganas, a lo cual tiene todo el derecho (siempre que no resulte ofensivo, como ha sido el caso). A no ser que usted considere que pedir una elección directa del Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros es una ofensa para alguien.
          Ahora bien, la respuesta de Gisse (como usted llama a Cuba profunda) es atinada. Es obvio que un periodista (sobre todo si se respeta a sí mismo), debe acopiar toda la información posible antes de opinar sobre un tema.
          Escriba o no sobre Robertico Carcassés, la autora de Cuba profunda sacará (como Taladrid) sus propias conclusiones sobre lo sucedido con el fundador de Interactivo en la Tribuna Antiimperialista.
          Igual he hecho yo.
          Igual debería hacerlo usted.
          Para arribar a tales conclusiones, Jorge, no deje de responder a esta pregunta (hágalo con honestidad, por favor): ¿De verdad resulta ofensivo, desatinado o peligroso que un cantante improvise en público diciendo que quiere elegir a su presidente por voto directo? ¿De verdad?
          Salud para este magnífico blog y para sus seguidores.

  5. Me parece oportuno añadir que, tras subir el anterior comentario, conocí la noticia de que la sanción impuesta a Robertico Carcassés le ha sido revocada. Acertada decisión. Mi respeto para todos los que se pronunciaron a favor del músico y también para quienes intervinieron para evitar la represalia. Así se hace, cubanos.

  6. Liborio, claro que hubo incidente, e insisto en llamarle así (“Que sobreviene en el curso de un asunto o negocio y tiene con este algún enlace”, según la RAE). Otra cosa es que sea o no una ofensa como usted se apresura a poner en mi dicho, en su interés por aprovechar para atacar a la Revolución; ese interés, también expresado en su pedido extemporáneo y malicioso a Gisselle, es exactamente la actitud a la que llamo “frotarse las manos” de contento.

    En ese su interés usted, de nuevo maliciosamente, tuerce lo sucedido y extrapola una pregunta sobre el método de elección presidencial indirecta de Cuba, de la que me importa decir si para mí fue ofensiva, desatinada o peligrosa la actitud toda de Carcassés. Pues bien, le respondo con estas afirmaciones de las que sin ninguna vacilación suscribo casa palabra:

    “Lo único que se lamenta de tan ardua y bien pensada jornada, es que haya habido algún artista que no logró entender el verdadero significado y sentido de la propuesta cultural y del reclamo libertario que motivaba el evento al que asistieron.
    Fuera de lugar estaba todo aquello que no tuviese que ver con un reclamo humanitario de unión familiar, con el reclamo de un pueblo que espera a cinco hombres que envejecen lejos de su familia, y de su pueblo.”
    Laura Labaniño, hija de uno de los Cinco Héroes

    “No se trata de que no podamos tener opiniones diversas. Se trata de tener ética y responsabilidad para plantear nuestros criterios en su justo lugar y momento. Utilizar ese escenario, en que numerosos artistas estábamos representando a todo un pueblo en una batalla sagrada para la nación, es un acto absolutamente reprochable, que cuando menos revela egoísmo y falta de sentimiento colectivo.”
    Maestra Digna Guerra, Premio Nacional de Música. Directora del Coro Nacional de Cuba y participante del Concierto.

    “Como ciudadano cubano, Robertico tiene derecho a manifestar en su país lo que piensa. Me parece un error lamentable que lo haya hecho en el acto por nuestros héroes antiterroristas, que han sacrificado sus vidas por la seguridad del pueblo. Asimismo tampoco estoy de acuerdo con la sanción desmedida de prohibirle a un músico realizar su función.”
    Silvio Rodríguez

    ¿Y usted, Liborio, con honestidad se atreve a respaldar esas afirmaciones, a amarrar una cinta amarilla por los Cinco Héroes?

    Salud, Liborio. Gracias por la hospitalidad, Gisse.

      1. Gracias no sabia si estabas en 10mo o en 12, pero lo que mas me sorprende de usted es su profesionaidad en su trabajo, aunque no haya escrito con anterioridad siempre leo sus articulos y me parecen muy bueno y mas aun me haces refelexionar. (mi teclado no tiene tilde.)

  7. Señor Jorge (note que no le llamo compañero): Yo me atevería a amarrar (el verbo atar suena mejor, pero usted prefiere “amarrrar”) por la liberación, no de los Cinco Espías, sino de su pobre mente. Lo más lamentable es que, siendo usted muy joven (conozco que no pasa de 30 años), posea un cerebro tan anquilosado y mediocre. Tal vez me equivoco y en realidad no es usted tan tonto, sino que se hace, apremiado por el terror que le produce la sola de idea de levantar su juvenil vocecita contra las iniquidades del gobierno cubano. Sálvese si puede, aún está tiempo.

  8. !Ufaaaaa, que alegría, Liborio, que usted no me considere su compañero! Si usted lo hiciera yo tendría que revisar lo que he hecho o escrito muy mal. Lo demás de su mugido ni comentario merece.

    Buena salud y buen pasto, Liborio

  9. Si algo me encanta de este asunto de los blogs, el acceso a internet y esas cosas es precisamente la posibilidad que se nos da de opinar, de tener un espacio más amplio para manifestar nuestras consideraciones y hasta para hacer amigos; pero si algo me ha decepcionado mucho desde que entré en este mundo es la manera en que hemos perdido toda capacidad de tolerar, aceptar, comprender, tener ética. He visto como las personas aprovechan este espacio para ofender, utilizando en ocasiones palabras hirientes…. que no son más que muestras de impotencia y de que queremos imponer nuestros criterios porque pensamos que son los justos….cubanos…. cuando en el mundo entero ya esto era una práctica cotidiana nosotros todavía utilizábamos palomas mensajeras… si se nos ha dado esta oportunidad aprovechémosla de la mejor manera posible. Con respecto al caso del cantante, pienso que el asunto no está en lo que dijo o improvisó, ni siquiera en el lugar donde lo dijo; todo está en el momento, este acto no estaba convocado para eso, Gracias a Dios la libertad de expresión en Cuba está abriéndose paso entre sanciones, prejuicios, malentendidos etc. entonces seamos inteligentes, existen un montón de cubanos (entre ellos muchos de los que estaban allí) que tienen el mismo deseo de Robertico, sin embargo, no era el marco propicio. En mi modesta opinión llevaba solo un llamado atención por “no ajustarse al tema”, de pronto la sanción, pero ya ven que rectificaron. Rectificar es de sabios. Buena jornada para todos.

  10. Ah, Jorgillo, ¿porque has escrito algo? ¿Y dónde, hijo? Je je, yo mujo. Tú deslizas con delicadeza tu menudita lengua por la bota de tu amo. Perrito, jau. Je je.

  11. No ofende quien quiere sino quien puede. Liborio. Es que para eso, como para todo, hace falta algún grado de inteligencia, y usted… bueno, ya sabemos, usted y todos quienes hemos soportado sus “escritos”.

    Buena salud y buen pasto, señor.

  12. Je je je. Oh, sí. Es cierto, muy cierto. Soy un estúpido, je je. Lo reconozco, señorito Jorge. Soy un imbécil. Soy un tonto. Soy un… vaya… lo que se dice un guanajo. Je je je. No tengo inteligencia. Escribo mal. No sé expresarme… y tampoco tengo mucho que decir. Je je je.
    ¿Y tú, Jorgillo? Cuéntame. ¿Eres un chico listo? ¿Bien preparado? ¿Culto? ¿Inteligente? ¡Qué bueno! El futuro de la Patria está seguro. Para mí es un grandísimo honor haber intercambiado con un futuro ganador del Premio Nacional de Periodismo José Martí… Incluso, tal vez del de Literatura Alejo Carpentier. Mis parabienes.

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