La Trinidad según Mialhe

La Trinidad según MialheCuando retocó por última vez el grabado que luego llamaría Trinidad, vista tomada desde el Hospital Militar, el francés Frédéric Mialhe tuvo la impresión de que podría entrar en el dibujo y perderse entre las calles sinuosas que acababa de pintar.

Había escalado la empinada cuesta de la loma de La Vigía para regresar con un esbozo de innegable valor documental en el que se reparten los primeros planos cuatro hombres subiendo pesadas cargas; dos, pendiente abajo y hasta una mujer enfundada en un pañuelo de labor. La ciudad, al pie del promontorio, descubre sus tejados, sus calles surcadas por arrias de mulos y los torreones de sus palacetes.

“Es una imagen sumamente interesante -sostiene Ramsés Morales, artista de la plástica-, sobre todo por los trazos, los matices del color, la iluminación que logra, muy típica en la prensa de la época. Es obvio que distorsionó de alguna manera la realidad, y era un recurso totalmente válido. Después de haber recorrido tantas poblaciones, ya tenía incorporado un arsenal de figuras arquitectónicas que usaba para enriquecer los paisajes o para solucionar problemas reales que se le presentaban en el momento del dibujo”.

En nuestros días, las imágenes costumbristas de Mialhe han recorrido medio mundo, pero desde el sitio en que pintó a Trinidad el paisaje es otro. Permanecen enhiestas las ruinas de la Iglesia de Santa Ana y de Nuestra Señora de la Candelaria de La Popa, las torres del otrora palacio Cantero y el Convento de San Francisco de Asís; el Guaurabo exhibe sin pudor sus meandros finales hasta morir en el mar Caribe, que continúa de brumoso azul.

Sin embargo, más allá del Centro Histórico han crecido nuevos repartos y las palmas han sucumbido a los designios del aroma, una especie que no incluyó el artista en sus viñetas, pero que hoy implanta sus dictámenes sobre el cerro a la más viva usanza de los esclavistas de antaño.

Aun así, pese a los estragos del tiempo, la ciudad fascina desde lo alto. “Como recortada sobre la falda de una montaña” la describió el escritor y dibujante norteamericano Samuel Hazard, otro de los muchos viajeros vencidos por sus encantos durante el medio milenio que lleva al margen de la isla.

Quienes la visitan ahora, en pleno siglo XXI, continúan ascendiendo La Vigía, cámara o pincel en mano, porque desde aquellas lejanas décadas en que el azúcar abonaba campanarios e inspiraba a extranjeros románticos, Trinidad preserva intacta la aureola de misticismo con que fue plantada “sobre esta balsámica costa sur”.

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5 comentarios en “La Trinidad según Mialhe

  1. Siempre me ha impresionado este grabado y siempre he querido saber cual es el edificio que ese ve a la derecha de la torre del campanario de San Francisco, al fondo. Es un edificio afrancesado del que nunca he oído hablar en Trinidad y que por supuesto de existir en la época sucumbió al tiempo.

  2. Cuando vuelvas a esta villa voy a darte un artículo que escribí, con cierto empaque académico, sobre la Sagua de Mialhe y las sucesivas imposturas de aquella estampa durante todo el siglo XIX…

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