Archivo mensual: noviembre 2013

Duaba: la odisea de contar la historia

Duaba la odisea de contar la historiaEn este punto de la narración televisiva, ya muerto sin remedio Flor Crombet y Antonio Maceo escapando milagrosamente, una y otra vez, de los indios de Yateras; en este punto de la historia bien sé que no conseguiré escribir sobre Duaba, la odisea del Honor sin que se me note el deslumbramiento.

Era de esperar. De hecho, me preparé para el deslumbramiento: aguardé con paciencia de asceta a que terminara la insípida programación de verano —que, para mí, fue más de lo mismo—, sacudí cualquier distracción posible de esa media hora de los sábados y me dispuse a disfrutar de la teleserie histórica con la seguridad de que una producción de semejante envergadura, dirigida por Roly Peña y con guion de Eduardo Vázquez, no podía resultar sino una obra maestra.

Cierto es que tuvo el respaldo financiero del Instituto Cubano de Radio y Televisión, del Ministerio de Cultura y las Fuerzas Armadas Revolucionarias, una tríada para nada desdeñable; que se filmó en las locaciones reales, viajes a Costa Rica mediante o a los más recónditos parajes de Oriente, y que no se escatimó en recursos para ambientaciones de época o artilugios de posproducción; pero tampoco sería la primera vez en Cuba que un apuntalamiento similar en las manos equivocadas terminara en una producción audiovisual de vuelo estético cuestionable. En Duaba…, por suerte para el espectador, se impuso el talento. Sigue leyendo

Deudas con Serafín

Deudas con SerafínEncabritado sobre sus patas traseras, el caballo de Serafín Sánchez ni siquiera imagina que no es real, que en su lomo no lleva una montura de cuero y, sobre ella, al general espirituano de las tres guerras. Corcel y jinete no se yerguen ahora mismo en medio de ninguna escaramuza bélica, sino en un peculiar teatro de operaciones militares: el taller del escultor Félix Madrigal, un sitio apacible y bucólico en el que, no obstante, han venido sorteando desde hace años el fuego cruzado de una batalla no menos violenta.

En una barricada, quienes apuestan por hacerle justicia al paladín de los espirituanos con una estatua ecuestre; en la barricada de enfrente, los que se escudan en por cuantos, por tantos y resoluciones de la Oficina de Monumentos para mirar con recelo una iniciativa que, a fuerza de posponerse año tras año, más bien parece una deuda. Sigue leyendo

El fantasma de la esterilidad

El fantasma de la esterilidadHe querido forzar un post. En tono grave, frente al espejo, me he ladrado como suelen hacer los coroneles del ejército en sus juegos de guerra: “Escribe un post, es una orden”. Me he sentado frente a la computadora luego, avergonzada por esta falta de control sobre las musas, nerviosa ya porque no se me ocurre historia alguna que contar, pero nada: no puedo hilvanar ideas por decreto, ni siquiera para cumplir con esa especie de camisa de fuerza que me he impuesto de publicar todos los miércoles.

He querido escribir un post, desesperadamente, pero entre las cuatro paredes de esta oficina gélida no se me ocurren sino argumentos para informes, citaciones para asambleas, propuestas para el despacho, llamadas al poligráfico, administración de hojas y combustible… encargos que, como se sabe, no son del todo propicios a la creación.

Rastreo, entonces, entre mis archivos en busca de alguna crónica a destiempo, algún relato de viaje que releo con nostalgia por aquellos años felices en que, a lomo de jeep y agenda en ristre, desandaba los vericuetos del Escambray nuestro. Sigue leyendo

Ni casas shoppings ni cine 3D

Ni casas shopping ni cine 3DPuedo entender que al Estado le molesten las casas shoppings, que pretenda cortar de raíz —con bastante retraso, por cierto— las tiendas privadas que han venido creciendo hasta en los más recónditos bateyes de la isla al punto de convertirla en un gran bazar.

Puedo entender que al Estado le molesten y no precisamente porque afectan el ornato público esas tendederas de ropa colgadas lo mismo en un balcón de Centro Habana que en un portal de Yaguajay; sino porque socavan el monopolio de las tiendas recaudadoras de divisas, abarrotadas de mercancías de dudosa calidad y peor precio; y porque —para ser justos— quienes han urdido este trapicheo pagan en la Aduana por el fin estrictamente doméstico de sus mercancías.

Puedo entender que el Estado haya decidido no dejarse tomar el pelo ni un minuto más allá del 31 de diciembre de 2013, fecha en que las modistas y sastres deberán desempolvar las máquinas de coser o prescindir de la patente por la que han venido pagándole al fisco apenas una hilacha de lo que ingresan en verdad. Sigue leyendo