Archivo mensual: febrero 2014

¿El sindicato está para exigir?

El sindicato está para exigirSin salida definitiva al problema de los salarios, que ya alcanza magnitud de trauma; ni la disminución de lo que buena parte de los obreros cubanos considera una elevada edad para la jubilación, concluyó por fin en La Habana el XX Congreso de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC), el último capítulo de un largo, larguísimo trayecto que tuvo entretenidas a todas las secciones sindicales del país durante meses.

Asambleas y más asambleas se sucedieron el pasado año para analizar, primero, el Anteproyecto de Código del Trabajo —aprobado ya por el parlamento— y, después, el Anteproyecto de Documento Base que fue sometido a consideración de los delegados al congreso. La moda de los anteproyectos, diría un vecino que se autoproclama “jubilado de las reuniones innecesarias, no del laboreo”.

Pero, ¿quién soy yo para cuestionar los métodos y estilos al uso en las secciones sindicales o los aparatos burocráticos que sostienen la vida orgánica de la CTC?

Lo que sí tengo el derecho a cuestionar, porque para algo pago mensualmente mi cuota de afiliada, es la incapacidad de la organización para reclamar soluciones —al menos, hasta ahora— a la principal demanda de los trabajadores cubanos: la precariedad de los salarios. Sigue leyendo

Adiós Mégano de Tunas

Adiós Mégano de TunasJosé Baños, práctico del puerto de Tunas de Zaza, ya debe haber muerto. Cuando dio su testimonio para un reportaje con pretensiones antropológicas, hacía tiempo que no guiaba la entrada y salida de cuanto buque viniera a cargar en su panza los azúcares de los antiguos ingenios Amazonas, Tuinucú, La Vega y Natividad.

Retirado del trabajo en el embarcadero pero no del sobresalto de ganarse la vida, José Baños se recluyó por decisión propia en los agrestes dominios de El Mégano, comunidad que, junto a la cercanísima Tunas, configuran la última talanquera del río Zaza antes de desbarrancarse en el Caribe; y desde aquel paraje recóndito sintetizó, con la picardía de los viejos lobos de mar, lo que todos piensan pero nadie confiesa con una grabadora apuntándole: “Si el mundo tiene fondillo, este es el fondillo del mundo”. Sigue leyendo

Elvia roza en el cinismo

Elvia roza en el cinismoHaber escrito un ensayo que provoca, solivianta ánimos, incita a la irreverencia y termina justo donde debiera comenzar; haber concebido una obra así es, sin dudas, un acto cínico. Elvia Rosa lo sabe. De hecho, se lo propuso conscientemente durante los 14 años en que fue atando cabos inconexos, agenciándose ejemplos en la historia, buscándole la quinta pata al gato de la nacionalidad insular hasta darse de bruces frente al libro terminado y listo para imprenta: Aterrizaje. Después de la crítica de la razón cínica.

Cínica, no por la proyección desvergonzada de los griegos antiguos, que usaban prendas raídas, se exhibían impúdicamente o vivían en un tonel; sino por la actitud de resistencia pasiva, de enmascaramiento y hasta camuflaje que han debido adoptar los cubanos en su devenir.

Cínica, y a mucha honra, parece reconocer desde el texto la espirituana Elvia Rosa Castro (1968), quien ha venido creando un corpus ensayístico tan sui géneris que el destacado intelectual Víctor Fowler en las palabras de contracubierta advirtió: “Este libro lleva la marca de fábrica de Elvia Rosa S. A.: erudito, divertido, polémico, sagaz y dramático”. Sigue leyendo

En tiempos de la Celac

En tiempos de la CelacNo me atrevería a asegurar, tan rotundamente como proclaman los medios, que la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) ha conseguido cumplir los anhelos de integración de Bolívar y Martí. No me atrevería a asegurarlo, no porque desconozca el alcance real de una entidad regional como esa, recién fortalecida tras su segunda cumbre; sino porque me parece injusto fabular con la historia, descontextualizar a los héroes y ponerlos a apuntalar una causa, cualquiera que esta sea.

Lo que sí me atrevería a sostener —porque para algo aprobé varios semestres de Historia de América— es que desde las pretensiones bolivarianas de la Gran Colombia, cuyos límites geográficos Martí expandiría para incluir a toda la América nuestra; desde aquellos sueños truncos hasta hoy, jamás el subcontinente había conseguido integrarse como ahora: con políticas sociales en común y mayor respeto a la diversidad. Sigue leyendo