El parque… ¿y su contexto?

El parque… y su contextoSupongamos que da tiempo, que este año los temporales de mayo no serán diluvios babilónicos que detendrán aún más la obra, sino tímidos aguaceritos que apenas salpicarán el terreno; que se garantizarán los materiales idóneos; que los inversionistas exigirán a los constructores respeto ciego a la letra del proyecto… Supongamos que sí, que el parque Serafín Sánchez estará listo para la vorágine del medio milenio.

Es cuestión de abstraerse: la plaza ocupará un área mayor, las luminarias se despegarán cinco o seis metros del suelo, la glorieta transmutará sus barrotes de concreto por una balaustrada de herrería, la vegetación recién trasplantada no dará la sombra suficiente y las sillas, que algunos han llamado “de Ñeñeca” por la vehemencia con que la historiadora de la ciudad las defiende, deberán aprender a convivir con nuevos bancos y canteros.

Así lucirá, hipotéticamente, si se cumple con precisión milimétrica el proyecto de remodelación de la plaza aprobado el pasado año y transformado desde entonces una y otra vez a golpe de voluntarismo.

Pero no es el parque en sí lo que me preocupa realmente. Siendo, como es, la obra megalómana con que se pretende deslumbrar al resto del país durante los festejos por los cinco siglos de Sancti Spíritus, ya doy por descontado que se inaugurará con bombos y platillos, incluso antes del 4 de junio. Los edificios del contexto, sin embargo, no correrán con tanta suerte.

Excepto la restauración de la cúpula y el vitral de la Biblioteca Provincial Rubén Martínez Villena y alguna que otra intervención medianamente seria que pueda estar sucediendo sin que se tengan mayores referencias, el resto de las acciones constructivas en el ámbito del parque no pasarán del resane y la pintura —mucha pintura— a las fachadas de los edificios, un modus operandi que la gente conoce como plan colorete en virtud del cual durante los últimos años ha venido transfigurándose la fisonomía de la cuarta villa.

Al parecer, el tiempo y los recursos solo han alcanzado para arreglos cosméticos en las edificaciones del contexto. De aquel estudio emprendido hace casi dos años sobre los espacios subutilizados y las capacidades por explotar en las mismísimas narices del parque; de aquella propuesta para cambiar el uso de no pocos inmuebles con el fin de aligerar la carga burocrática y despabilar la vida nocturna del centro de la ciudad; de semejante idea las autoridades se han desentendido olímpicamente.

Y es que, si bien es cierto que ninguna empresa o institución cuyas oficinas radiquen en las inmediaciones de la plaza va a decir de forma voluntaria: “Vengan, ocupen este local, yo lo cedo”; tampoco es un secreto para nadie que el gobierno territorial tiene potestad para discernir en casos de esta índole.

No hay que ser graduado universitario para sacar cuentas elementales: ¿qué pudiera beneficiar más a la colectividad: dos tiendas que vendan los mismos desinfectantes y cierren a las cinco de la tarde, una junto a la otra, o una institución cultural que se mantenga abierta hasta bien entrada la noche? ¿Un centro de pago de la corriente o un piano bar que amplíe las tan vilipendiadas y exiguas opciones de recreación?

No se trata de meter anárquicamente el pie —que de eso ya estamos hartos—, sino de que el gobierno negocie con las administraciones, ofrezca espacios alternativos y, en última instancia, apele a la autoridad de que está investido para determinar los rumbos de la ciudad; una ciudad a la que le falta, eso sí, un planeamiento estratégico; “una rehabilitación integral, progresiva y sostenible”, según sostienen los expertos.

A fuerza de posponer la decisión, los cambios de uso que pretendían sacar del letargo el perímetro del parque ya no estarán listos para el aniversario 500; de modo que Sancti Spíritus arribará a este 4 de junio con su plaza principal remodelada —supongamos que da tiempo—, las fachadas de su entorno con olor a pintura fresca y los grillos anunciando la modorra cultural de siempre.

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5 comentarios en “El parque… ¿y su contexto?

  1. en sancti spiritus debe existir un plan general urbano de la ciudad, ese plan debe estar hecho por la dirección provincial y municipal de planificación física y es el documento rector por el que el gobierno debe guiarse para cualquier cambio de uso o nueva inversión en el centro de la ciudad… o sea, patrimonio preserva y tiene sus intereses pero no puede decidir que uso se le da a una edificación, eso es potestad -o debiera ser- de la dirección provincial de planificación física que quizás tenga contemplado incluso un plan para el parque en especial… eso existe? está actualizado? se está respetando?… quizás esos elementos que te doy con conocimiento de causa -soy arquitecto y trabajé en dicho organismo en villa clara por tres años- pueden servirte para seguir esta línea…

    1. Todos los cambios de uso a los que me refiero ya fueron aprobados. Si no, no me hubiese puesto a elucubrar sobre ello. Lo que pasa es que no saldrán para el aniversario 500 porque “ahora ya no da tiempo”. De cualquier manera, aunque el parque se mantenga en el futuro con la casi nula vida nocturna que tiene hoy, me satisface sobremanera el proyecto de remodelación que le ha cambiado por completo la fisonomía al centro histórico.

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