Archivo mensual: julio 2014

¿Un carnaval más?

Un carnaval másYa concluyó el Santiago Espirituano; no la festividad sui géneris que los yayaberos fueron moldeando a su imagen y semejanza durante siglos, sino una jornada de celebración popular que comenzó bajo los augurios de un torrencial aguacero y que hoy continúa levantando polémica.

En qué medida perduran las esencias del Santiago en las fiestas que tuvieron lugar del 23 al 27 de julio es un asunto que se dirime con similar vehemencia en corrillos de expertos e intelectuales, cansados ya de alertar sobre las tradiciones marchitas, y en tertulias de calle, justo el sitio donde se experimenta con mayor intensidad esa suerte de carnaval peculiarísimo que, por desgracia, no vive sus mejores tiempos. Sigue leyendo

Estribillo de verano

Estribillo de verano“Na, na, na, pero esa no puede ser la canción del verano 2014”, rumié para mis adentros cuando la escuché por primera vez en la revista informativa Buenos días, el espacio matutino de la televisión cubana que funciona como la versión criolla de Internet: si durante la madrugada hubo un nuevo atentado en Siria, allí está; si llegó un presidente amigo al aeropuerto José Martí, allí está; si la Aduana duplicó las restricciones mientras dormíamos, allí está.

Y allí estaba, con el autor de cuerpo presente en el estudio, la canción seleccionada —o encargada a dedo, no se sabe bien— para acompañar estos meses de intenso calor y no tan intensa programación recreativa.

Interpretada por un grupo de artistas como la orquesta Anacaona y de jóvenes que aún no creo merezcan esa categoría como Ángeles o JG, la obra irrumpe en los hogares cubanos con la demoledora vaguedad de su estribillo: “Menos mal que nada se hizo en vano./ Ahora todo está bien,/ vamos a disfrutar el verano”. Como diría Chuncha: machete rima con lima. Sigue leyendo

El perro del hortelano

El perro del hortelanoPoco a poco, la Aduana General de la República ha conseguido superarse a sí misma: como si las normativas que estableciera hace dos años —casualmente también en julio— para regular la entrada de productos al país no fuesen ya ridículas, esta vez redujo hasta límites de miseria las cantidades que las personas naturales pueden importar.

Y publica la lista, como dijeran los españoles, “con todo el morro”: dos docenas de blúmers, cinco corbatas, cinco kilogramos de tuercas y arandelas, la torre de una computadora, 24 artículos para el cabello… Leyendo semejante inventario de indigencias he querido ocultar la cabeza como el avestruz, segura como estoy de que a estas alturas debemos ser, cuando menos, el hazmerreír mundial.

Pero la Aduana de Cuba, no: investida de poderes omnímodos, decide e informa de su determinación en conferencia de prensa, impúdica y orgullosamente, al punto de que una funcionaria de cuyo cargo no quiero acordarme declaró frente a cámara: “La resolución pretende evitar la fuga de divisas del país y estimular el mercado nacional. Es para eso”. Como si no lo supiéramos ya. Sigue leyendo

Sin Juan Quinquín en Pueblo Mocho

Sin Juan Quinquín en Pueblo MochoUna rana en camiseta/ a Pueblo Mocho llegó/ y el alcalde que la vio/ la multaba en dos pesetas. (Del folclore popular)

Bajando la loma de la Vigía, Félix Díaz Puente ve desparramarse el caserío a sus pies. Le basta un minuto de resuello para abarcar con la vista las pocas cuadras que dan forma al pueblo: unas 50 viviendas acomodadas junto a las dos vías principales, los postes de la corriente siguiendo un orden que no se atrevería a definir, los marpacíficos salpicando de rojo casi todos los portales.

De seguro ignora que también desde la ladera de una montaña miró hacia abajo Juan Quinquín, aquel guajiro que inventó el escritor villareño Samuel Feijóo y que pusiera a campear por su respeto en el corazón del Escambray. Sigue leyendo

El excelente estado de las relaciones bilaterales

El excelente estado de las relaciones bilateralesO últimamente están visitando más ministros, diplomáticos y funcionarios extranjeros esta isla del Caribe, o siempre han venido en similar cuantía y la prensa —ese chivo expiatorio tan de moda— no lo reseñaba.

Lo cierto es que, de una época en que parecíamos al margen de las relaciones internacionales, hemos pasado a otra en la cual recibimos los mismo a un presidente latinoamericano, un representante de la Unión Europea, un canciller africano, un militar asiático, que a un jeque del Oriente Medio.

De hecho, me sorprende el gesto desprejuiciado de dar la bienvenida —en el aeropuerto, incluso, y con apretón de manos— a personalidades cuya filiación ideológica o militancia política hasta hace apenas una década se habrían erigido en murallas chinas insalvables. Sigue leyendo