Archivo mensual: octubre 2014

Vendedor de libros

Vendedor de librosEs el anciano de siempre: pantalón de caqui anudado a la cintura, camisa ajada por las muchas puestas, mirada perdida en la acera de enfrente. Pudiera ser Manuel, pero no el tipo de Manuel que se deja llamar Manolo. Con un rictus de amargura en el entrecejo, es más bien un Manuel solemne.

Lo saludo todas las mañanas, invariablemente, cuando paso apurada para el trabajo y ya él está sentado en el muro perimetral de un cantero sin flores. A su derecha, alineados sobre el muro descolorido, una hilera de libros que intenta vender contra el sentido común de sus posibles clientes.

Ni son ediciones de lujo, ni ejemplares raros, ni textos de escasa tirada y amplia demanda, ni primicias de Feria, ni clásicos de la literatura universal. Y no puede decirme Manuel que no me fijo, que sigo de largo sin reparar en las carátulas: todos los días aminoro la marcha, le digo “buenas, ¿cómo anda?” y sin que me responda siquiera leo los títulos uno por uno, también invariablemente. Sigue leyendo

Que Palmas y cañas no me pierdo yo

Que Palmas y cañas no me pierdo yoNo sé en el resto de los hogares cubanos, pero en el que me crié se respetaba las siete de la tarde del domingo como una hora sacramental. En tiempos de pelota o huracanes, días de cumpleaños o conmemoraciones nacionales, mis abuelos hacían caso omiso del contexto y, “comidos” y bañados desde antes, se sentaban a disfrutar de Palmas y cañas, el estelar campesino de la televisión cubana. Aquel estribillo de “atienda, compadre, al televisor, que Palmas y cañas no me pierdo yo” siempre funcionó en mi casa como una voz de mando.

Ninguno de los dos había vivido jamás en el monte, lo que se dice el monte: mi abuela provenía de una familia humilde, humildísima —de ese tipo de humildad que roza en la pobreza—, que para cuando ella tuvo uso de razón ya se había asentado en un barrio periférico de Sagua la Grande; mi abuelo había nacido en una aldea de Galicia pero, una vez en Cuba, ejerció los más disímiles empleos urbanos. Por tanto, no era el origen campesino lo que los ataba al programa.

Lo mío con Palmas y cañas es mucho más explicable: sin ascendencia rural ni vocación alguna para el trabajo en el campo me seduce, eso sí, la candidez que en aquellos parajes se da como por ensalmo y que aprendí a aquilatar sentada junto a mis abuelos en el ritual de los domingos. Sigue leyendo

De la televisión analógica al apagón total

De la televisión analógica al apagón totalParecía una cola para comprar huevos de los llamados baratos o carne de res por la libre. La gente llegaba y rezaba el salmo de rigor: “¿Quién es el último?”. “¿Detrás de quién tú vas?”. “Detrás de la muchachita de la blusa roja que va detrás de la señora del pañuelo”. Y la fila crecía sospechosamente, no porque hubiese marcado algún iraquí con pinta del Estado Islámico, sino porque el tumulto estaba armado justo frente a una tienda de Cimex.

Imaginando estaba cuál era el artículo en rebaja por inminente caducidad cuando me voceó, de acera a acera, el vecino con quien suelo entablar discusiones de economistas no titulados: “¿Viste que sí hay dinero en la calle?”. Abrió la jaba y me alargó el comprobante recién rasgado en la puerta de salida: caja decodificadora de televisión digital, 38.30 CUC. “¿Hay o no hay dinero, periodista?”.

Me encogí de hombros, como en escaramuzas anteriores por el precio de los carros o como de seguro habré de hacer —desde ya me lo vaticino— cuando él sea de los primeros espirituanos en conectarse a Internet desde la casa; un escenario que, dicho sea de paso, está a la vuelta de la esquina pese a la “virulencia” de las nuevas tecnologías y a los planes de la Usaid. Sigue leyendo

La gota que colmó la fuente

La gota que colmó la fuentePlantado en sus trece y con la resolución de quien ha agotado ya todos los recursos, Juan Eduardo Bernal Echemendía (Juanelo) se niega a dar vuelta atrás: La noche de la fuente, tertulia bohemia que sostuvo desde abril de 2001 contra viento, marea y la precariedad presupuestaria, ha muerto y no precisamente de muerte natural.

Si a alguien le quedaban dudas, por las veces anteriores en que el espacio cerró, se brincaron los obstáculos y se retomó de nuevo; si alguien pensaba que esta suspensión respondía a una perreta pasajera, de seguro se habrá escandalizado cuando el propio Juanelo dio por perdido sin remedio el proyecto frente a las cámaras de la televisión regional.

“Por respeto elemental al público no podemos seguir retozando con La noche…, si la asume otra institución, no sé: la Sociedad Cultural José Martí (SCJM) no la va a asumir más”, declaró en A la luz del fénix, programa en el que también comparecieron Martha Cuéllar Santiesteban, directora del Museo de Arte Colonial, sede de la peña, y María Eugenia Gómez Pérez, subdirectora provincial de Cultura y Arte en Sancti Spíritus. Sigue leyendo

Palabras cruzadas

Palabras cruzadasEn el mejor de los mundos posibles, le bastaría al libro con su calidad innata y altísimo vuelo estético para ser comprado por los lectores potenciales, quienes tendrían herramientas suficientes para aquilatar la trascendencia de un texto, ya sea de Cavafis, Eliseo Diego o Lezama.

Pero no estamos en las disquisiciones ingenuas del Pangloss de Voltaire, ni el hecho de que una obra vea la luz implica, forzosamente, que llegue a ser consultada; de manera que, en sentido general y sin que nadie se rasgue las vestiduras, hay que aceptarlo humildemente: la literatura necesita promoción.

En tal urgencia, la de dar a conocer en mayor medida y con estrategias mejor pensadas la prolífera producción literaria espirituana, parecen coincidir las más disímiles voces involucradas en la controversia que propició el periódico Escambray durante semanas y que puede resumirse en una pregunta: ¿qué factores inciden en la recepción de los textos concebidos por nuestros escritores contemporáneos? Interrogante que, dicho sea de paso, no pretendía ser retórica. Sigue leyendo