Archivo mensual: diciembre 2014

Escambray en Internet: navegar a contracorriente

Escambray en Internet navegar a contracorriente— ¿Y esa información que tú me pides va a salir en el periódico de este sábado?, me preguntó cierto funcionario.

— No, es para un trabajo que será publicado en nuestra página web, le respondí sin inmutarme.

— Ah, pero entonces nadie lo va a leer.

Pensé decirle que se equivocaba, que más de la mitad de los lectores de la web de Escambray accede a la página desde la isla y que es precisamente esta plataforma y no la edición de papel la que más índices de audiencia reporta. Pensé convencerlo con datos y estadísticas, pero entonces recordé lo que la práctica se ha encargado de acuñar: el riesgo de escribir sobre Internet en Cuba es que unos lectores comprenden y otros —la inmensa mayoría—, no.

Afortunadamente y pese a los exorbitantes precios al uso para acceder a la web, la isla luce cada día menos desconectada y ya hay hasta quienes manejan términos al estilo @teleSURtv.

Sin embargo, la presencia de Escambray en la red de redes no es de ahora, que los cubanos andamos deslumbrados con las lucecitas para escena del mundo online; sino de hace exactamente 15 años, cuando un equipo de cuatro o cinco gatos se atrevió a “bajarse de la carreta tirada por bueyes para subirse en una nave espacial”. Sigue leyendo

¿Hora de pasar página?

Hora de pasar página“Si vas a emprender tu viaje a Ítaca, pide que tu camino sea largo”. Constantino Cavafis.

Aunque el deslumbramiento se nos acabe mañana; aunque en el fondo no sea más que desconcierto y temor este amasijo de emociones encontradas que le eriza la piel a toda Cuba desde que Raúl Castro y Barack Obama anunciaron, en discursos escrupulosamente simultáneos, el restablecimiento de las relaciones diplomáticas fracturadas durante más de 50 años; aunque solo sirva para que Gerardo Hernández no muera tras las rejas, dejado a la buena de Dios y a la mala suerte de su cadena perpetua, estos 18 meses de negociaciones secretas, revelados el pasado miércoles 17 de diciembre, habrán valido la pena.

Sinceramente, no pensé que viviría para verlo: ni el regreso de Gerardo, el más complicado de los cinco agentes cubanos, ni la normalización de los vínculos diplomáticos, siquiera en anuncio. Y nadie puede culparme por ello: desde que nací —incluso, desde que nacieron mis padres— ambas orillas han hecho alarde de arrogancia. La inclusión de Cuba en la lista negra de los países patrocinadores del terrorismo, por ejemplo, o la demanda establecida por esta isla al gobierno de Estados Unidos, o la ley que subordina el bloqueo económico, financiero y comercial a las veleidades del Congreso norteamericano, o los adjetivos que solemos prodigar a todos y cada uno de los presidentes que han desfilado desde 1959 por la Casa Blanca… El rosario de encontronazos parecería —y ciertamente es— interminable. Sigue leyendo

Sancti Spíritus del recuerdo

Sancti Spíritus del recuerdoSentado en la puerta de su casa, Abelardo Bernal puede suponer, por el sonido indiscreto de los obturadores y el cuchicheo en inglés, que está siendo captado por las cámaras fotográficas de los turistas. Intuye que su figura desgarbada, su porte antediluviano y el inmueble donde vive, levantado una y otra vez sobre sí mismo desde mediados del siglo XIX, deben deslumbrar al corrillo de extranjeros que se escurren entre las callejuelas de la parte vieja de la ciudad. Se atreve a adivinar hasta la expresión de desconcierto en sus rostros, pero solo eso: Abelardo se ha quedado ciego de remate.

“Hace casi 20 años que no veo nada, así que ya no puedo hablar de la Sancti Spíritus de hoy, sino de la Sancti Spíritus que recuerdo —confiesa con la ecuanimidad de quien ha aprendido a lidiar con las tinieblas—. ¿Y quiere que le diga una cosa, periodista? Eso de vivir de la nostalgia tiene su encanto”.

A los 94 años, el otrora farmacéutico, vendedor de libros y empleado del comercio se ajusta a la rutina que le imponen las circunstancias: levantarse temprano —“aunque no trabaje, no logro desacostumbrar al cuerpo”—; dejarse guiar para los menesteres domésticos por su única hija, “que ya no está de salud como para ser mi lazarillo”; y acomodarse en un sillón en la mismísima puerta de su casa, desde donde asiste a la modernización del pueblo: “Sí, periodista, el pueblo, porque Sancti Spíritus no es una ciudad; es más bien una aldea”. Sigue leyendo

El Niágara en bicicleta

El Niágara en bicicletaSolo cuando vi bajar del avión a Félix Báez Sarría, vivito, coleando y sin el traje de cosmonauta que lo aislaba del mundo; solo cuando la noticia de que estaba de alta y en camino hacia la isla aterrizó también por la terminal 3 del Aeropuerto Internacional José Martí, de La Habana; entonces y solo entonces logré zafar el nudo que me atascaba la garganta desde que en la mañana del 19 de noviembre un locutor atribulado leyó la nota del Ministerio de Salud Pública frente al estupor de Cuba: uno de nuestros médicos en África Occidental había dado positivo a las pruebas del ébola.

De sobresalto en sobresalto le había seguido la pista: desde que se encontraba en estado crítico y la prensa apenas decía eso: “estado crítico”; cuando comenzó a dar muestras de mejoría, a comer por sí mismo, a esperanzar al equipo de especialistas —unos 50— que lo atendían a tiempo completo; hasta que los últimos reportes del Hospital Universitario de Ginebra, Suiza, confirmaron su cura definitiva.

“Sus fluidos corporales ya están libres del virus”, certificaron tan rotundamente que no me atrevo a dudarlo, aun cuando recuerde haber leído en alguna parte que el ébola permanece en el semen de los hombres infectados hasta tres meses después de haberse restablecido. O son meras elucubraciones sensacionalistas de los medios, o tienen un fundamento científico que —me atrevo a asegurarlo— ya los expertos cubanos han valorado para no sumar nuevos síntomas al cuadro epidemiológico nacional. Sigue leyendo

Viaje al tope de Las Villas

Viaje al tope de Las VillasEl carro se detiene, exhausto por la subida, en un recodo que la misma providencia parece haber plantado para que los choferes no desistan a medio camino. “Refresque la ‘bestia’ con el agua de esa pluma y siga echando, que todavía le falta un impulso pa’ llegar al mirador y otro pa’l pueblo”, le dice al equipo de prensa un campesino que sorprende por sus dotes de guía turístico.

“Todo esto aquí se conoce como la Curva de Juana”, explica, mientras dibuja con los brazos unos círculos concéntricos que sobran para señalar la única casa, donde vive solo con su perro; la cerca de alambre de púas que la circunda; y el chorro de agua, por donde ha visto pasar cientos de carros jadeando hacia Topes de Collantes.

Y sin agregar palabra se pierde loma arriba, como de seguro ha venido haciendo a diario, sin que le duelan las corvas por la pendiente ni se le cansen los huesos de casi 70 años. A semejantes andanzas están acostumbrados los más de 2 000 habitantes que escogieron quedarse por estos lares, casi inaccesibles pero a buen recaudo de las veleidades del llano. Sigue leyendo