Sancti Spíritus del recuerdo

Sancti Spíritus del recuerdoSentado en la puerta de su casa, Abelardo Bernal puede suponer, por el sonido indiscreto de los obturadores y el cuchicheo en inglés, que está siendo captado por las cámaras fotográficas de los turistas. Intuye que su figura desgarbada, su porte antediluviano y el inmueble donde vive, levantado una y otra vez sobre sí mismo desde mediados del siglo XIX, deben deslumbrar al corrillo de extranjeros que se escurren entre las callejuelas de la parte vieja de la ciudad. Se atreve a adivinar hasta la expresión de desconcierto en sus rostros, pero solo eso: Abelardo se ha quedado ciego de remate.

“Hace casi 20 años que no veo nada, así que ya no puedo hablar de la Sancti Spíritus de hoy, sino de la Sancti Spíritus que recuerdo —confiesa con la ecuanimidad de quien ha aprendido a lidiar con las tinieblas—. ¿Y quiere que le diga una cosa, periodista? Eso de vivir de la nostalgia tiene su encanto”.

A los 94 años, el otrora farmacéutico, vendedor de libros y empleado del comercio se ajusta a la rutina que le imponen las circunstancias: levantarse temprano —“aunque no trabaje, no logro desacostumbrar al cuerpo”—; dejarse guiar para los menesteres domésticos por su única hija, “que ya no está de salud como para ser mi lazarillo”; y acomodarse en un sillón en la mismísima puerta de su casa, desde donde asiste a la modernización del pueblo: “Sí, periodista, el pueblo, porque Sancti Spíritus no es una ciudad; es más bien una aldea”.

Y dice “aldea” con cariño, como quien sopesa cuidadosamente las palabras y al final se decide por una a medio camino entre la crítica y el elogio; una palabra que expresa, a la postre, la esencia de una región que tiende al minimalismo. “Pero eso no es nada malo, mi niña, no se traumatice: significa que vivimos tranquilos en nuestra orilla.

“¿Usted ve a esos europeos que me tiran fotos como si yo fuera una reliquia? —inquiere—. Pues, luego ellos se van para sus países a luchar con el stress, esa enfermedad de la gente a la que no le alcanza el tiempo, y yo me quedo aquí, muriéndome de la risa solo de pensar cómo habré quedado en los retratos”.

Sumergido cada vez más en su mundo de ensueño, Abelardo siguió con detenimiento el ajetreo constructivo desplegado a propósito de los 500 años de la villa; el sonido de las maquinarias que, a escasas dos cuadras de su casa, reconstruyeron el parque Serafín Sánchez desde sus cimientos, y la algarabía vocinglera de las brigadas que pintaron las fachadas y enderezaron los aleros. Lo escuchó todo, pero por su mente desfilaron solo las imágenes de aquella Sancti Spíritus que quedó suspendida en su último destello de luz.

“Y está bueno ya, que yo no soy ni historiador ni alcalde de este pueblo”, murmura mientras se levanta, afincado en el bastón que le crece como otra extremidad de su cuerpo; se orienta con los gruesos muros de mampuesto y cierra tras de sí la puerta, alejándose a más no poder de la impertinencia de una entrevista que ha venido a removerle los recuerdos.

Afuera, una vez superado el parteaguas telúrico del medio milenio, la ciudad duerme a pierna suelta.

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4 comentarios en “Sancti Spíritus del recuerdo

  1. Gisselle. Mihija. Dale. Habla de tus cinco heroes, que tengo mucho material colgado en todas partes.

    Le aconseje a Raul que no usara notas, sino un Telepromter (No se si Raul quiera
    Ja Ja Ja mandarme un cheque por mis consejos, de todas formas si lo hace y aca me consideran “agente de Castro” y una Buena mannana me despierto con una capucha en la cabeza en Guantanamo Bay (La persona que me lo advirtio habla basicamente en ingles, pero habla bien el espannol y le dicen que no se haga el sueco, triquinnuela suya para que no le carguen mucho en la aduana del Jose Marti) (Ja Ja. esta es mi primera chivateria)

    Volviendo al tema: Si me meten preso Je Je Je bienvenido sea el Nuevo heroe, prisionero del imperio. Ustedes, aunque malos para proveer de carne de res y cerdo (de langosta no hablo porque no estoy en el negocio de la ciencia ficcion) son muy Buenos sacando gente de aca… Je Je desde que se hicieron con el ninnito Elian.

    El otro consejo. Tan pronto comiencen a entrar la oleada de turistas gringos a la isla, como medida de Buena voluntad ustedes Deben flexibilizar las visitas de cubanos a la isla. Especificamente, aquellos que tenemos pasaportes de USA deberiamos poder entrar a nuestro
    pais sin necesidad de sacar uno cubano, sobre todo porque, en mi caso, la plata me la gano, extremadamente duro, Je Je, Te aseguro que la USAID no me ha puesto, hasta el sol de hoy, en su nomina
    (Je Je Bueno. En Cubadebate hay una lista y el inagotable no estaba incluido. Je Je, Yo , como me consider tan talentoso, hasta me tome el trabajo de buscarme para verificar si alguien se estaba mangando mi estipendio.

    Je Je

    Saludos.

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