Archivo mensual: marzo 2015

Ellos pueden

Ellos puedenLes imputan ingresos millonarios pasados por debajo de la mesa, asesoría ideológica a gobiernos latinoamericanos de izquierda, inconsistencia estratégica, oportunismo político, banalidad en el discurso y hasta escandalosos líos de falda. No los acusan de traer el apocalipsis porque ese, aun cuando lo parezca, todavía no ha llegado a España.

Pero si estuviera ya a las puertas —digamos: de Sol o de Alcalá—, no serían cuatro los jinetes, sino solo tres: Pablo Iglesias, Íñigo Errejón y Juan Carlos Monedero, una tríada con la que, francamente, los partidos tradicionales de la Madre Patria no saben qué hacer.

Tantos años jugando a la política de frac, para que vengan estos académicos de tertulia a virarles el discurso patas arriba, a soliviantar el status quo, a improvisar mítines encima de una mesa. Tantos años de sosegada pugna entre el PSOE, el PP y alguna que otra formación medianamente zurda, para que vengan los chiquillos de Podemos a arrasar con las encuestas. Sigue leyendo

San Isidro al desnudo

San Isidro al desnudoHacía un calor de infiernos la tarde de 1870 en que doña Isabel Iznaga de Cantero, sin necesidad de teas incendiarias, redujo a cenizas el esplendor de San Isidro de los Destiladeros. Bastó apenas que sintiera la decadencia del azúcar pisándole los talones para que se dignara notificar al cabildo trinitario lo que ya había resuelto: la demolición, sin cargos de conciencia, de su antiguo ingenio.

Eran los estertores iniciales de una crisis que había comenzado para los sacarócratas de la región con el estancamiento productivo y el atraso tecnológico, y que habría de continuar a finales del siglo XIX con la centralización de las moliendas en la barriga de un único central, el Trinidad Sugar Company, que lo engullía todo.

De manera que la determinación de doña Isabel Iznaga de Cantero fue, cuando menos, premonitoria: resignada a lo inevitable, contó los dividendos que San Isidro le había prodigado en sus mejores zafras, pasó revista a los muchos dueños que la habían precedido desde que se tenían noticias de la finca, allá por la década de 1770, y mandó a detener las máquinas.

Lejos estaba de sospechar entonces que su abandono intencional permitiría a los cubanos de hoy heredar un sitio de inestimable valía arqueológica, una suerte de museo a cielo abierto donde los especialistas juegan a descifrar los misterios de aquellos tiempos románticos del azúcar. Sigue leyendo

Guns n’ Roses en Cuba: cuestión de paciencia

Guns n’ Roses en Cuba cuestión de pacienciaSi me lo hubieran dicho hace 15 años, mientras copiaba las letras de Don’t cry y November rain en la libreta de canciones que compartían armónicamente con temas de Laura Pausini y Enrique Iglesias; si me lo hubieran dicho a finales de los 90, cuando el heavy metal no lucía aún como un subgénero del rock preterido y desfasado, habría respondido con una mueca de incredulidad, más o menos la misma que esbocé cuando supe que Cuba y Estados Unidos, con todo y sus recelos, se sentarían a la mesa de diálogo.

Tal vez por eso, porque cayó en paracaídas cuando menos la esperaba, me sorprendió tanto la noticia: Guns n’ Roses vendría a Cuba. No exactamente Guns n’ Roses, cuyas letras llegué a tararear de memoria incluso sin saber lo que significaban, sino Richard Fortus, guitarrista rítmico de la banda; y no se paseó por toda Cuba, solo por la capital, aunque el discurso gestado en La Habana nos haya hecho creer que, ciertamente, la isla entera cabe en el Morro.

Se apareció con la pinta de gorrión mojado que suele identificar a los rockeros de su generación: cabello largo y descompuesto, tatuajes que escandalizarían a mi madre —“todavía no sé cómo no te hiciste uno para contrariarme”, me lanza a destiempo—, mirada lacónica, look general medio afiebrado. Se apareció con esa estampa, subió al escenario de La Tropical y dejó a todos con el desasosiego en carne viva. Sigue leyendo

Lo mejor del paquete

Lo mejor del paqueteBasta con plantarse frente a la universidad, la facultad de Ciencias Médicas o en el parque Serafín Sánchez y encañonar a cualquier joven con dos preguntas. Una: ¿sabes qué es el paquete? Todos asienten, invariablemente. Y dos: ¿sabes qué es Mi mochila? Miradas que se cruzan, hombros que se encogen y la respuesta ocurrente de algún alumno de preuniversitario: “Bueno, será el jolongo que usted se echa a la espalda”.

Pero no, no se trata de un modelo específico de jaba, sino de un producto cultural en formato digital confeccionado y distribuido por los Joven Club de Computación y Electrónica (JCCE) con el concurso de diversos organismos y entidades estatales que, según el documento descriptivo al que tuvo acceso la prensa, tiene como finalidad propiciar el entretenimiento de las personas de todas las edades, con la prioridad puesta en los jóvenes.

Cine, deportes, humor, música, videojuegos, telenovelas y aplicaciones informáticas figuran entre los materiales que se incluyen en Mi mochila, les explico, a lo que casi todos responden: “Ah, hubiera empezado por ahí; ese es el paquete cubano”.

Imposible no hacer la analogía. Si a los contenidos le sumamos el modo de distribución, con una casa matriz en La Habana que envía el compendio hacia todas las provincias en una frecuencia ya estudiada y definida, no resulta difícil asociar el paquete con Mi mochila; un clic carpeta adentro, sin embargo, revela diferencias sustanciales entre una y otra iniciativa. Sigue leyendo