Archivo mensual: abril 2015

¿No es país para negocios privados?

No es país para negocios privadosAl café El Colga’o se llega, literalmente, con la lengua afuera. Hay que soportar la cola que se alarga en pleno bulevar de Sancti Spíritus, subir el primer y altísimo piso, tomar aire en el descanso mientras te ríes del cartel: “Todavía no llegas, continúa subiendo”, remontar la escalera construida en la primera mitad del siglo XX y llegar jadeando frente a la puerta. Una vez dentro, quedas inevitablemente deslumbrada con el espíritu del sitio, desenfadado y hasta bohemio.

En dos salones, 10 mesas bajas de madera con banquetas o cojines pueblan un espacio diseñado y decorado por los propios trabajadores: una tendedera para colgar objetos que han ido trayendo los habituales, un mueble de época, una pared tapizada de grafittis, el ya antológico atrapasueños…

Fue, en principio, cuestión de inspeccionar el mercado: ¿qué le falta a una ciudad como Sancti Spíritus? ¿Qué negocio pudiera ser exitoso en un sitio como este, donde los postigos se cierran con la telenovela de turno y el pueblo parece responder disciplinadamente a un muy trasnochado toque de queda?

Ni hostales, ni paladares, que de esos “hay tantos que se atropellan” y una a veces se pregunta si llegan a ser rentables con esos precios exorbitantes para el cubano que vive de su salario y con las limitaciones que impone un tipo de turismo internacional calificado como “de tránsito”. Sigue leyendo

Derechos de ciudad

Derechos de ciudad“Es inaceptable”, rumió por enésima vez Saturnino Sánchez Iznaga mientras ponía punto final a la carta que habría de remitirle al alcalde de la ciudad, en 1912, en protesta por la inminente demolición de una de las joyas de la arquitectura trinitaria.

De su puño y letra, la denuncia: “Que los señores Rovira y Hermano adquirieron por insignificante cosa, la casa conocida por de Béquer, con el deliberado propósito de destruirla para de los materiales reembolsarse del ínfimo costo y que les quedara libre una espléndida utilidad adquirida fácilmente para ellos; pero en perjuicio, que poco les importa, para la ciudad”.

La vivienda motivo de discordia había sido construida en las inmediaciones de la Plaza Mayor, por Don Juan Guillermo Béquer, norteamericano asentado en Trinidad, quien se aseguró de que no hubiese otro palacio como el suyo en toda la jurisdicción: fachada totalmente simétrica, dos niveles, cúpula a la usanza europea, escaleras suspendidas en el aire, puertas y ventanales de la más fina ebanistería… Tanta opulencia, sin embargo, no impidió que apenas unas décadas después de que Domingo del Monte la calificara como una de las mejores casas de Cuba, el palacete estuviese a punto de ser derribado. Sigue leyendo

En el kilómetro cero

En el kilómetro ceroPor suerte para la sociedad civil de Cuba —la verdadera, la que se quedó en la isla viendo por televisión el capítulo vergonzoso de la Cumbre de los Pueblos—, los presidentes Raúl Castro y Barack Obama no se miraron con recelo por encima del hombro ni se gruñeron en los pasillos, sino que se sentaron a conversar, con todo y sus irreconciliables diferencias, en un ensayo de lo que pudieran ser unas relaciones diplomáticas normales. Como diría un amigo entrañable: consiguieron respirar el aire de la misma crujía.

Aunque, seamos honestos: las relaciones bilaterales entre Cuba y Estados Unidos no serán normales, lo que se dice normales, al menos por el momento. Creo, incluso, que no llegarán a serlo nunca. Demasiados intentos de dominación desde la Doctrina Monroe hasta hoy, demasiados muertos en una historia de Kramer contra Kramer que es imposible borrar de un plumazo, como sugirió en su discurso el mandatario norteamericano y provocó la reacción en cadena de varios de sus homólogos del sur. “Sí interesa lo que pasó antes de que naciéramos”, pudiera repetir a coro la parte de América que llegó al subdesarrollo y no precisamente en paracaídas.

Salvando el exceso de pragmatismo de Obama —un “nevermind, pasemos página” que tampoco tenemos que acatar al pie de la letra—, los discursos de ambos líderes y las declaraciones a la prensa en el encuentro bilateral sorprendieron por las referencias mutuamente respetuosas, por el tono desenfadado en que estuvieron de acuerdo en el desacuerdo, por el habilidoso juego de ajedrez en que se las agenciaron para no dejar flancos abiertos en el tablero: Raúl se dispuso a conversar sobre cualquier tema en calidad de iguales y sin menoscabo de nuestros principios; Obama insistió en sus concepciones sobre la democracia, el acceso a la información y las libertades individuales. Sigue leyendo

La Feria que viene

La Feria que vieneHe dejado de comparar cada año la Feria Internacional del Libro con su edición anterior para no sentir que desciendo por una espiral interminable: una peor que la otra y esta, a su vez, peor que la precedente. Como un juego de matrioskas rusas que guardan en sus barrigas, ad infinitum, un desencanto mayor.

Es la sensación que tengo desde “provincia”, como llaman los escritores radicados en La Habana al resto de Cuba en un flagrante acto de desarraigo, como si buena parte de ellos no hubiera emigrado hacia la capital precisamente desde provincia.

En fin, a lo que iba: no sé puertas adentro de La Cabaña, pero en estas lejanas tierras del interior, donde los best sellers llegan a cuentagotas y los libros troquelados, juegos didácticos y cuadernos de colorear provocan aglomeraciones de madres incómodas, las Ferias repiten e, incluso, superan con una tranquilidad pasmosa los mismos vicios y desajustes: escasez de títulos atractivos, exceso de literatura “ociosa y de lento movimiento”, reedición y reventa —entiéndase: venta de nuevo, no a sobreprecio— de los libros que ya habían sobrado antes.

Dicen que este año no; que la Feria que comienza este miércoles pondrá a disposición de los espirituanos alrededor de 105 000 ejemplares de unos 1 000 títulos, entre ellos, 600 novedades editoriales. Dicen, además, que los especialistas del Centro Provincial del Libro y la Literatura planificaron con olfato de lector curtido —es decir, como les corresponde— las propuestas que le encargarían al “nivel central” para evitar que los remanentes quedaran luego, como casi siempre, dándose cabezazos en los anaqueles. Dicen eso… Sigue leyendo

Carne con papas

Carne con papasD. hacía el cinco en la cola de la carne de res. De dieta, por supuesto. Y también por supuesto D. no se llama D., pero me hizo jurar por las once mil vírgenes que no pondría su nombre real. No porque esta sea una historia de hurto y sacrificio de ganado mayor, en cuyo caso no se me ocurriría ni siquiera usar la letra inicial; sino porque D. le tiene un temor casi patológico a Internet. “Nunca la he visto, pero por lo que dicen debe ser malísima”, me explica, y con la ingenuidad de su argumento basta para convencerme.

Así que decido respetar a D., que cuando empezó esta historia hacía el cinco en la cola para comprar la carne de dieta. Fue entonces cuando a la fila de comadres le dio por cuestionar, como ya venía siendo costumbre, la inexplicable desaparición de la papa, que algunas solo habían visto en los reportes del noticiero de la televisión nacional.

—No habrá papa en las placitas estatales, pero por mi casa pasó ayer un hombre vendiendo el jarro grande a 25 pesos. Le compré cuatro.

—Además, no habrá en Sagua, porque de este pueblo no se acuerda nadie, pero en Santa Clara la papa está a la patá.

—Normal, si Santa Clara no se ha llevado el río de aquí porque no puede. No me extraña que estén nadando en papas por allá. Sigue leyendo