Derechos de ciudad

Derechos de ciudad“Es inaceptable”, rumió por enésima vez Saturnino Sánchez Iznaga mientras ponía punto final a la carta que habría de remitirle al alcalde de la ciudad, en 1912, en protesta por la inminente demolición de una de las joyas de la arquitectura trinitaria.

De su puño y letra, la denuncia: “Que los señores Rovira y Hermano adquirieron por insignificante cosa, la casa conocida por de Béquer, con el deliberado propósito de destruirla para de los materiales reembolsarse del ínfimo costo y que les quedara libre una espléndida utilidad adquirida fácilmente para ellos; pero en perjuicio, que poco les importa, para la ciudad”.

La vivienda motivo de discordia había sido construida en las inmediaciones de la Plaza Mayor, por Don Juan Guillermo Béquer, norteamericano asentado en Trinidad, quien se aseguró de que no hubiese otro palacio como el suyo en toda la jurisdicción: fachada totalmente simétrica, dos niveles, cúpula a la usanza europea, escaleras suspendidas en el aire, puertas y ventanales de la más fina ebanistería… Tanta opulencia, sin embargo, no impidió que apenas unas décadas después de que Domingo del Monte la calificara como una de las mejores casas de Cuba, el palacete estuviese a punto de ser derribado.

Más demoró el rumor en confirmarse que la respuesta furibunda de Saturnino Sánchez Iznaga ante lo que él juzgaba como una afrenta a “los derechos de la ciudad”, acto de protesta que se inscribió en la historia como el primer texto en defensa del patrimonio edificado en Trinidad del que se tenga noticias, según pesquisas de los investigadores Carlos Enrique y Carlos Luis Sotolongo.

“Aunque los esfuerzos no fructificaron al no detenerse la demolición, Saturnino, hombre de cierto bienestar económico, adquirió por concepto de compra el solar, otrora palacio Béquer. Asimismo se hizo de las viviendas contiguas ubicadas hacia la esquina de Desengaño, en un intento de cerrar la Plaza Mayor para evitar acciones similares en el futuro”, aseveran los estudiosos.

De modo que la inconformidad ciudadana resultó la primera manifestación de un fenómeno que ha acompañado a Trinidad desde entonces: el desvelo de buena parte de sus pobladores —y quienes la han adoptado como suya— por preservar, solo con las alteraciones inevitables, la fisonomía heredada del siglo XIX; una fisonomía a la que, dicho sea de paso, hoy se aferra como tabla de salvación.

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Un comentario en “Derechos de ciudad

  1. Cuando faltan garantías para censurar a las autoridades, cuando en las graves cuestiones políticas, religiosas y sociales no se puede emitir libremente las ideas, los hombres enmudecen o consagran toda su fuerza intelectual a discusiones insípidas, rastreras y ridículas.

    Manuel González Prada.
    (Lima, 1848-id., 1918) Escritor y político peruano.

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