El campo, la ciudad y los perros

El campo, la ciudad y los perrosTienen las mismas cuatro patas y la misma expresión de fidelidad en la mirada, pero los perros de ciudad no son exactamente iguales a los perros de campo; como los humanos que habitan aquellos lares, que por más cruzadas teatrales que se inventen para animarles las noches de Pascuas a San Juan; por más planes asistenciales que se dibujen en papeles y, solo a ratos, en los trillos de las comunidades, no puede afirmarse rotundamente que lleven una vida fácil.

Fácil, lo que se dice fácil, no: con la tierra de cultivar en el patio de la casa, pareciera que los campesinos sintieran menos la carestía de los alimentos o que les bastara con lo que sacan del surco para darse por satisfechos. Eso tienen las telenovelas del ICRT, que son capaces de crear semejantes espejismos.

Pero ni todos los guajiros levantan cosechas millonarias —algunos sí, para qué negarlo—, ni tiene ahora mismo el campo cubano la infraestructura de hace algunos años. La reorganización de las escuelas y de los servicios médicos, por ejemplo, no fueron medidas lo que se dice populares en los caseríos más intrincados, ni el arrendamiento de los círculos sociales; tres determinaciones categóricas evidentemente tomadas bastante lejos de los antiguos bateyes azucareros y de los pueblos encaramados en la montaña.

No debe ser lo mismo —digo yo— resolver las pequeñas diligencias cotidianas allá arriba, donde el diablo dio las tres voces y las guaguas dan apenas tres viajes a la semana, que junto al parque Serafín Sánchez y con más de 10 tiendas a mano.

Tampoco debe ser equiparable el esfuerzo de ensillar el caballo, subir a la grupa al niño de ocho años, recorrer 10 kilómetros para llevarlo a la escuela y después regresar para ordeñar una vaca, que agarrar de la mano a un niño de ocho años, caminar 10 cuadras y seguir tranquilamente para el trabajo. Suposiciones mías, repito, que ni tengo hijos ni he vivido monte adentro más que el tiempo de rigor de las escuelas al campo.

Pero a lo que iba: los perros de ciudad, como sus dueños, no son del todo iguales a los nacidos y criados en zonas rurales. Se estresan más, forzados a orinar y hasta a ladrar mirando los horarios, reducidos a un rincón de apartamento y atados de las cuatro patas para enterrar huesos entre las losas de la casa. Envidian la libertad de los potreros.

Algo tenían que envidiar, parece decir un cachorro de perro sato que, tirado a la larga el otro día en un camino en medio de la nada, ni siquiera se sorprendió cuando una mole de hierro estuvo a punto de arrollarlo. El chofer frenó de pronto, asustado con aquel animal temerario que ni se inmutaba con el jeep que tenía delante.

El perro levantó la cabeza, miró lo que de seguro le pareció una carreta sin bueyes, y se recostó de nuevo para “seguir echando”. Ese perro del fin del mundo, sin dudas, jamás había visto un carro.

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4 comentarios en “El campo, la ciudad y los perros

  1. Gisse:

    Le hago honor a mi pseudonimo.

    Soy inagotable. Si esperas que yo solito me retire de este blog humillado por

    la pateadura que crees haberme dado, con la complacencia

    de tus admiradores, te aseguro que estas viviendo el Suenno del Celta,

    una de las ultimas obras

    del autor que ahora parafraseas. En mi anterior comentario,

    yo fui Pantaleón y la tal Marujita, contra la cual arremetes

    sin piedad, solo una de las imprescindibles visitadoras.

    Saludos. Ahora tratare de colgarte otro comentario.

  2. Es cierto lo que opina Miriam:Tienes el don de escoger la foto precisa para encabezar tus trabajos.Son como un resumen visual de lo que escribes.Has explorado la posibilidad de algún modo dedicarte a la fotografía?Tienes “Buen ojo”.
    Trabaje y viví buena parte de mi vida en el campo y también allí viví mis tiempos más felices.Alli y en el mar es donde único me sentí completamente libre

  3. Muy bueno tu post. Excelente esa comparación. Generalmente la vida en el campo es muy dura pero tiene sus cosas bellas por el propio contacto con la naturaleza. Saludos desde el oasisdeisa

  4. Excelente por tu síntesis. El campo cubano es todo un tema apasionante, con sus bellezas y problemas. Queda claro que queremos ser un país de servicios, que hemos creado un potencial enorme de profesionales en salud, educación, deporte, etc., pero seguimos siendo un pueblo que vive en una tierra donde la naturaleza nos grita que es importante la agricultura. No tenemos una esfera de cristal que, maravillosamente, adivine por nosotros el futuro, nos toca construirlo. El reto es hacerlo con varias generaciones que han sido educadas en una visión de desarrollo que no siempre le ha dado toda la importancia que merece al campo. De ahí que existan muy arraigadas valoraciones que privilegian la ciudad al campo, el trabajo de oficina a la agricultura. ¿Inevitable contradicción del desarrollo moderno? Puede ser, pero las contradicciones aunque sean inevitables no son por ello menos salvables, la contradicción debe convertirse en un tema de interés. Por lo pronto, ya hoy existen personas que en su historia de vida han invertido las tendencias, se han mudado de la ciudad al campo, han abandonado las no menos complejas tareas directivas y a veces burocráticas de una u otra empresa, para irse a vivir y a producir de una manera mas directa. Sin manifiestos idílicos, es una vida difícil la del campo, pero si no tuviese hermosuras y encantos, alguien como mi padre, no hubiese hecho ese casi viaje a la semilla que es retornar al campo.
    Gracias de nuevo por tu trabajo

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