Archivo mensual: septiembre 2015

Cayo Santa María: ¿se agota la mina de oro?

Cayo Santa María se agota la mina de oroMientras se toma un mojito frente al mar de un azul intenso, paradisíaco, ningún visitante puede sospechar que esa suerte de Edén al norte de Villa Clara tiene las horas contadas. No para el turista, que podrá regresar cuantas veces quiera a disfrutar de los alisios del Caribe —si el mundo no se acaba mañana, por supuesto—, sino para los constructores que, anónima y tenazmente, han sacado de su chistera la decena de hoteles que hoy conviven en Cayo Santa María.

El agotamiento de semejante mina de oro estaría condicionado por una razón objetiva, digamos que aritmética: en 17 kilómetros de largo y 77 000 hectáreas de exuberantes playas y dunas de ensueño, llega el momento en que no puede colocarse ni un ladrillo más.

Y ese día está a la vuelta de la esquina, según declaran a la prensa fuentes de la empresa constructora que, desde 2001, viene levantando a paso acelerado la planta hotelera que crece mar adentro y la infraestructura que le sirve de retaguardia en tierra firme. Sigue leyendo

Un post atípico, como este Papa

Un post atípico, como este Papa19 de septiembre de 2015. Amaneces medio triste, como todos los 19 de septiembre desde que hace 17 años te falta tu abuela, la que te enseñó el credo y te llevó por primera vez a la Misa del Gallo. Amaneces medio triste, pero luego te despabilas bien y recuerdas, porque lo sabes desde hace meses, que este sábado llega el Papa. “Un 19 de septiembre atípico —piensas—, atípico como este Papa”.

Adelantas en la casa porque supones, con el olfato de quien no lleva precisamente dos días trabajando, que la visita del primer Pontífice latinoamericano y jesuita a Cuba levantará una ventolera mediática sin precedentes, te mantendrá ocupada a tal punto que apenas conversarás con los amigos, apurarás la comida recalentada y te desvelarás, como suele sucederte cuando algo te preocupa. Seguirás a Jorge Mario Bergoglio a todos lados.

Técnicamente, no a todos lados; porque no vuelas junto a él en la nave de Alitalia, ni eres parte de la prensa acreditada. Vives en una pequeña provincia del interior que no figura en la agenda de los Papas, que no manda corresponsales a La Habana, a Holguín o a Santiago; en una ciudad que recibió parabienes explícitos del Sumo Pontífice al llegar a los 500 años, pero a larga distancia. “Unas felicitaciones por control remoto”, sería muy capaz de decir Francisco. Sigue leyendo

Ponte pa’l deporte

Ponte pa’l deporteLo mío con el deporte —nunca me he ocultado para decirlo— es una relación de incomprensiones mutuas que comenzó a principios de los 90, cuando mi tío monopolizaba el único televisor de la casa para vociferar en tiempo real y a todo volumen mientras Víctor Mesa se robaba cada base de Cuba o para admirar el voluptuoso talento de las espectaculares Morenas del Caribe.

“Ponte pa’l deporte”, me decía. Y cambiaba sin cargo de conciencia alguno de Cubavisión para Tele Rebelde dejándome —eso sí— unas ganas olímpicas de marcarle el ippon que ya para entonces propinaban hasta por gusto las alumnas de Ronaldo Veitía.

Aquel “ponte pa’l deporte”, como suele suceder con las ordenanzas descabelladas, quedaría al campo poco después, cuando una muy traumática autocanasta frustró mis pretensiones de Michael Jordan.

Luego, por si aún no me bastaba, demostré profusa y sistemáticamente mi incapacidad absoluta para el salto largo y de altura, para enhebrar una decena de abdominales al hilo sin caer rendida por la falta de aire y para resistir una carrera de tan solo 800 metros en aquellas pruebas de eficiencia física que me aterraban más que cualquier examen final de Geometría Analítica. Lo que se dice una tortura china. Sigue leyendo

Méyer y el diluvio por venir

Méyer y el diluvio por venirRodeados de lomas por todos los contornos, los habitantes de Méyer, en pleno Escambray, se valen de una frase ocurrente para sortear con humor los escollos de la nostalgia: “Vivimos en un hueco que se va a tragar la presa”, dicen, y sin que se les humedezcan los ojos ni anden lamentándose por dejar la tierra donde criaron a sus hijos rematan con gracejo trinitario: “Ey, sí, lo que hace falta es que terminen de decirnos pa’ cuándo, porque en este jelengue ya llevamos un buen rato”.

Muy pocos sabrían ponerle fecha exacta a ese “rato”, pues, según sus recuerdos aproximados, fue durante los primeros años del período especial cuando comenzaron a llenarse de polvo los proyectos y se paralizaron indefinidamente las obras del Agabama, acuatorio que, al menos en planos, prometía figurar entre los primeros del país.

Desde entonces, los más de 1 000 vecinos aferrados a ese paraje intramontano ya han aprendido a lidiar con los trillos farragosos, las chicharras cantando hasta punto de mediodía y los aguaceros torrenciales que amenazan con ahogar antes de tiempo los potreros. Sigue leyendo

¿La madera del futuro?

La madera del futuroPara los socios de La esperanza, única cooperativa no agropecuaria (CNA) de Cuba que produce elementos plásticos, la idea de construir un material que luzca como la madera, que llegue a ser incluso más resistente y no se pudra ni se deteriore en cuestión de pocos años; una idea así, que pareciera sacada de un libro de Julio Verne, los mantiene ilusionados desde hace meses.

Solo ilusionados, acota a seguidas Yoel Torres Hernández, presidente de la CNA, quien enumera los mil y un obstáculos que han debido sortear desde que probaron que sí, que se puede fabricar madera plástica con la misma materia prima con la que elaboran tuberías y mangueras de todas las dimensiones imaginables.

“Además de La esperanza, tenemos noticias de que este recurso se conforma en la empresa militar Emilio Bárcenas, en La Habana, pero ellos necesitan materia prima virgen y nosotros aprovechamos los desechos. Eso nos coloca en ventaja”, sostiene Torres Hernández, un abogado de carrera que defiende con vehemencia esa suerte de industria a pequeña escala que el pasado 11 de julio cumplió un año.

Lo que él llama una ventaja se diluye, sin embargo, cuando pone en la balanza la falta de prioridad a la que, según afirma, está condenada la asociación por el pecado original de haber surgido como una cooperativa no agropecuaria. Sigue leyendo