Méyer y el diluvio por venir

Méyer y el diluvio por venirRodeados de lomas por todos los contornos, los habitantes de Méyer, en pleno Escambray, se valen de una frase ocurrente para sortear con humor los escollos de la nostalgia: “Vivimos en un hueco que se va a tragar la presa”, dicen, y sin que se les humedezcan los ojos ni anden lamentándose por dejar la tierra donde criaron a sus hijos rematan con gracejo trinitario: “Ey, sí, lo que hace falta es que terminen de decirnos pa’ cuándo, porque en este jelengue ya llevamos un buen rato”.

Muy pocos sabrían ponerle fecha exacta a ese “rato”, pues, según sus recuerdos aproximados, fue durante los primeros años del período especial cuando comenzaron a llenarse de polvo los proyectos y se paralizaron indefinidamente las obras del Agabama, acuatorio que, al menos en planos, prometía figurar entre los primeros del país.

Desde entonces, los más de 1 000 vecinos aferrados a ese paraje intramontano ya han aprendido a lidiar con los trillos farragosos, las chicharras cantando hasta punto de mediodía y los aguaceros torrenciales que amenazan con ahogar antes de tiempo los potreros.

“Los jóvenes sí quisieran irse, pero los viejos le tenemos cariño a este pedacito por las cosechas, los animales y la tranquilidad”, confiesa Edelto Soto, un campesino de ley que narra como nadie las historias de cuando Méyer era un caserío nuevo que mandó fundar el Che en 1962 con hospital, acueducto, estadio y casas para 40 familias.

“Había que ver la alegría en el momento de entregar las llaves, un atajo de guajiros locos de contento”, agrega, intentando disimular el nudo que se le forma en la garganta por las paredes de mampostería sin grietas, los techos de placa y los jardines de marpacíficos que algún día van a quedar en el fondo del embalse.

Sin embargo, no todos los pobladores se sientan a recordar, dormidos en los laureles. Juan Alberto González pide a gritos soluciones inmediatas a lo que él mismo cataloga como el “¿nos vamos o no nos vamos?”: “Con el lío de la presa no se puede invertir ni un kilo más en Méyer porque sería como botar el dinero, eso lo entendemos; pero, mientras tanto, ¿qué?”.

A la teoría de no esperar por nadie para resolver sus entuertos parecen aferrarse mientras, tractor en mano, roturan surcos de drenaje junto a la carretera en carne viva para que no se empantane el agua de lluvia, se inventan excursiones a los museos de Trinidad para sortear el fatalismo geográfico a como pueden o dan cuerda a los músicos de manigua que improvisan canturías bajo los atejes.

Y es que en Méyer, con esa intuición innata del guajiro, lo han sabido desde siempre: para cuando los chubascos ya no sean la gracia de todas las tardes sino una maldición que se cuele por las cañerías y les tape sin piedad los techos; para ese entonces perdido de los calendarios faltan todavía demasiados aguaceros.

Anuncios

3 comentarios en “Méyer y el diluvio por venir

  1. Resulta que me topo con “Decisiones Dificiles” de Hillary
    donde se evalua la politica de USA hacia las mas obscuras regiones del planeta y, sentado en la silla de mi dentista, mientras la bellisima cubanita cambia de fresa(No se si te dije que ella tiene una fresa para cada procedimiento) , me meto a ver y !Que veo! Gisselle se ocupa de
    un asuntito ahi en un pueblucho del Escambay. Esta ninna caprichosa, no hay tarde que no me enoje. Luego regreso a comentar

    1. A ver, a ver: ¿no era que se había despedido definitivamente de este blog? La inconstancia es algo terrible, inagotable incluso. Por otra parte, “me maravilla” -para decirlo como lo dicen los habitantes de Méyer- su forma de menospreciar a la gente, y llama “asuntito ahí en un pueblucho del Escambray” a las circunstancias que rodean la cotidianeidad de un punto perdido de Cuba. Mejor no regrese a comentar, como ha anunciado. Creo que estoy llegando a mis límites. Y fíjese con qué: entre tantas sandeces que le he aguantado en este espacio, la que más me enerva es la de menospreciarme a la gente. Ya eso cruza la delgada línea roja de mi tolerancia.

  2. Allí,en Meyer,trabajo un familiar como médico,fui a visitarla y conoci gente maravillosa que no olvido.El proyectista de esa presa es un amigo de la infancia,ingeniero hidráulico,quien hizo los planos hace más de 30 años,antes del eufemístico por hambruna,periodo especial.Es tiempo que el gobierno termine con este cuento de la buena pipa y deje vivir sin sobresaltos a estas buenas personas.

La opinión es libre, mientras sea emitida con respeto

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s