Ponte pa’l deporte

Ponte pa’l deporteLo mío con el deporte —nunca me he ocultado para decirlo— es una relación de incomprensiones mutuas que comenzó a principios de los 90, cuando mi tío monopolizaba el único televisor de la casa para vociferar en tiempo real y a todo volumen mientras Víctor Mesa se robaba cada base de Cuba o para admirar el voluptuoso talento de las espectaculares Morenas del Caribe.

“Ponte pa’l deporte”, me decía. Y cambiaba sin cargo de conciencia alguno de Cubavisión para Tele Rebelde dejándome —eso sí— unas ganas olímpicas de marcarle el ippon que ya para entonces propinaban hasta por gusto las alumnas de Ronaldo Veitía.

Aquel “ponte pa’l deporte”, como suele suceder con las ordenanzas descabelladas, quedaría al campo poco después, cuando una muy traumática autocanasta frustró mis pretensiones de Michael Jordan.

Luego, por si aún no me bastaba, demostré profusa y sistemáticamente mi incapacidad absoluta para el salto largo y de altura, para enhebrar una decena de abdominales al hilo sin caer rendida por la falta de aire y para resistir una carrera de tan solo 800 metros en aquellas pruebas de eficiencia física que me aterraban más que cualquier examen final de Geometría Analítica. Lo que se dice una tortura china.

Dárseme de verdad, solo el ajedrez, pero eso de sentarme a trazar estrategias para acorralar al otro no me parece tan digno de los atletas como de los políticos.

Tampoco es que sea fundamentalista. Como casi todos los cubanos, tengo un catálogo de glorias deportivas que admiro y un equipo de pelota favorito —Villa Clara—, cuya actuación persigo con orejeras durante una serie nacional tan venida a menos que ya se ha convertido en la serie de los que no caben en ligas extranjeras, sean canadienses, japonesas o las Grandes, las de enfrente.

Sigo el desempeño de los cubanos, déjenme aclararlo, porque todavía tiene sentido, al menos para la espectadora que soy, ver a los muchachos defender la camiseta, dejar la piel en el terreno, salvar la honrilla o evitar barridas, para sonar a comentarista de la televisión cubana. Lo sigo por eso, no porque crea, siquiera remotamente, que las terapias de reanimación de los últimos tiempos conseguirán sacar del coma a nuestro movimiento deportivo.

Subir el salario a los atletas, por ejemplo, además de una medida tan necesaria como tardía, me parece una jugada claramente insuficiente para contener la sangría del alto rendimiento que Cuba padece desde hace décadas y que ha llegado a límites de vértigo ahora, cuando cualquier país desarrollado puede “comprar” a prospectos o a figuras ya establecidas por cifras que dejarían en ridículo los miles de pesos mensuales que eroga hoy el Inder.

No digo yo que nuestros jugadores no lo merezcan. Miles no, millones habría que pagarles por entrenar en instalaciones maltrechas, con implementos de pena y, no obstante, trepar como gatos a lo más alto del podio. Miles no, millones de pesos que también merecen, a no dudarlo, médicos —recientemente beneficiados con un aumento salarial ostensible—, maestros, economistas, abogados, científicos, artistas, trabajadores de la administración pública y los servicios, y un larguísimo etcétera que es como decir todos. Cada cual en su campo ha dado el jonrón a la hora buena.

Pero lo que me preocupa a mí, que no administro el presupuesto sino la parte que cae en mi bolsillo, es hasta dónde estiraremos la soga para exhibir un pedigrí deportivo del primer mundo con una economía de quinto.

A lo mejor soy yo, que en el más reciente Mundial de Atletismo sufrí con la plata de Pedro Pablo Pichardo y lloré de emoción con el salto a la gloria de Yarisley Silva pero, incluso en ese momento, con la piel erizada y el nudo en la garganta, no le concedí más valor al deporte que el de alimentar el espíritu. No demuestra que seamos un país ni más ni menos poderoso. Subrayo: alimenta el espíritu.

Habida cuenta de mi relación tortuosa con el deporte, puede que mi opinión no sea representativa. Ni la mía ni la de mi madre, tan concentrada en sus urgencias cotidianas que ni se enteró de la final de los 100 metros planos que hace menos de un mes paralizó al mundo.

Recién llegaba de la calle rezongando “porque en Sagua el pollo de la shopping está más perdido que la carne de res”, y sin darle tiempo a relajarse la asalté, eufórica, con la pregunta:

– Mima, ¿viste lo que hizo Usain Bolt?

– ¿Qué Usain Bolt ni Usain Bolt? —Y me enseñó descorazonada la jaba vacía—. Además, tú sabes que yo no entiendo de pelota.

Lo mío con el deporte es, sin dudas, una tara de familia.

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12 comentarios en “Ponte pa’l deporte

  1. Aunque a mí sí me guste el deporte y me alimente el espíritu y quiera tener uno “del primer mundo con una economía de quinto”…y aunque ahora me arrepienta de haber estudiado lenguas extranjeras y no haberme dedicado a lo de las Morenas…aunque sea una líbero daba, je je je

  2. Je Je. Excelente entrada. Espero que no me censures. Es lo mejor que he leido en largo tiempo, incluyendo lo de Hillary. El deporte y yo, tambien estamos rennidos,
    Por ultimo. Aunque no tengo ni por asomo tus dotes para el teclado, al menos estoy seguro que en ajedrez te doy jaque mate.

    Je Je

  3. Gisse, tu equipo favorito debería ser el de Ciego de Ávila, por su ceercanía geográfica y porque a cada rato pudieras venirte acá a disfrutar de buenos juegos.

  4. el problema del deporte en cuba es que seguimos haciendo deporte de los 80 del siglo pasado en la segunda década de este… las mismas políticas, los mismos dirigentes, los mismos errores porque el mundo deportivo ha cambiado enormemente en 15 años… por lo demás: no te vendas a los tigres que lloro…

  5. Genial, y mucho mejor para mí que tengo una relación parecida co el deporte. Pero no te desanimes, que lo que no habías logrado con él, como pareja formal, tal vez lo lograste con esta relación fortuita de hoy en tu blog, donde entre col y col, con esa finísima ironía que te tienes y me encanta, supiste dar valoraciones muy buenas de la situación del deporte. Y de paso mostraste que background del asunto tienes. un beso grande…

  6. El exodo de deportistas, sobre todo peloteros en busca del sueño de las Grandes Ligas, no lo para ni el medico chino, por razones exclusivas de dinero, cantidades millonarias que no lo ganarian en Cuba ni la otra vida. No es inmoral querer vivir desahogado, sin carencias ni miserias. La vida, a veces, es muy corta.
    La fuga de medicos, ingenieros, licenciados, maestros y tecnicos, no se detendra por lo mal pagados que estan todos. Tambien influyen las malas condciones de trabajo, la poca consideracion, el bajo estimulo al esfuerzo.
    La sangria de la emigracion de jovenes bien formados no es solo en bote o en balsa, sino por los propios aeropuertos cubanos y de forma legal. Los profesionales no quieren regresar a la miseria, sino sembrarse en la prosperidad que da el trabajo bien remunerado, que es la unica forma de satisfacer las necesidades personales y familiares. Con el trabajo bien pagado, si se hacen planes de futuro.
    Ni en los 60, ni en los 70 , ni en los 80 hubieron deserciones de deportistas, porque las condiciones economicas eran otras bien distintas. Habia estimulo moral y material y las medallas y trofeos pesaban, pero hoy no. Con preseas no se entra a una tienda en divisas a comprar una factura de alimentos.
    Mi generacion , la que llego a la mayoria de edad en la decada del 70, vivia de la ilusion, de un futuro mejor y prospero que nunca llego. Las nuevas generaciones no hacen planes de un mejor mañana porque sus padres ya vivieron en carne propia aquel engaño. Todo fue una burda estafa.

  7. LEON CARPIO reseña “la finisima ironia” de la bloguera. Es que los gallegos son los reyes del sarcasmo y ella, que es nieta de un ferrolano ( nacidos en El Ferrol ) que emigro a Cuba, saco los genes de su difunto abuelo. Es que la sangre tira como la cabra al monte.

  8. Quizas sean desahogo biliares,pero la reto a que me demuestere si escribi una sola mentira o lo hice irrespetuosamente..Porque no deja que sea el lector quien juzgue?..Recuerde que como servidora publica y creyente,haces caso omiso del papa quien afirma..Los servicios nunca son ideologicos,se sirven a las personas,no a las ideas..Por ultimo no estoy en ninguna acera pues no tengo ideologia alguna y por tanto ni partido ni jefe politico y puedo exponer mi verdad sin necesitar la aprobacion de nadie, aunque no me la pubiques..Puedes decir lo mismo?

    1. Yo sirvo a mis principios. Y me perdona si le digo que no le creo una sola de las siguientes palabras. Y cito: “no estoy en ninguna acera pues no tengo ideología alguna y por tanto ni partido ni jefe político y puedo exponer mi verdad sin necesitar la aprobación de nadie”. Saludos.

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