Archivo mensual: octubre 2015

La obsesión por encontrarlo

La obsesión por encontrarloDesde aquella madrugada de principios de noviembre de 1959 en que soñó con Camilo Cienfuegos, Yolanda de las Mercedes Ruiz no volvió a creer en sus dotes de médium. Se había despertado a las cinco de la mañana después de una visión tan nítida como para sacarle las dudas del cuerpo: el héroe que ella conoció en Yaguajay algunos meses antes, en medio de la vorágine libertaria, no estaba muerto sino malherido en los cayos al norte del poblado.

“A mi alrededor todos se lamentaban por la pérdida, pero yo tenía la seguridad de que iban a encontrarlo —confiesa a los 85 años bien cumplidos sin perdonarse todavía el error—. Me desengañé tanto que nunca más traté de buscarle sentido a las cosas que se le ocurren a una cuando está dormida”.

La suya fue una corazonada común entre miles de personas a lo largo y ancho de la isla, más atribuible al estado de desasosiego general por la desaparición inexplicable del Comandante rebelde que a cualquier motivo de índole metafísica.

Afligido en extremo, el pueblo se mantuvo aferrado a cuanto recurso le diera esperanzas, al punto de que Luis M. Buch y Reinaldo Suárez en su libro Gobierno Revolucionario Cubano, primeros pasos, dieron fe de lo que llamaron la obsesión por encontrarlo. Sigue leyendo

La filosofía del llega y pon

La filosofía del llega y ponTímidamente al principio, como quien prueba fuerza, le fueron creciendo a las ciudades cubanas portales sobre las aceras, escalinatas que invaden con total desparpajo los parterres, organopónicos enteros detrás de los edificios multifamiliares, garajes privados en zonas comunes y un largo, larguísimo etcétera de violaciones a lo instituido en materia de ordenamiento territorial y urbano.

Y se percataron los infractores de que nada pasaba, que semejante rosario de ilegalidades crecía frente a las narices de todos como la verdolaga sin que se derribara ni un solo ladrillo —una multa, si acaso—, con lo cual el cáncer de la indisciplina derivó en una peligrosa metástasis: la impunidad, esa sensación que algunos tienen de estar por encima de lo legislado.

No lo digo yo, que apenas conozco las infracciones cometidas por los vecinos en mi reparto; lo reconocen los miles de ciudadanos que a lo largo y ancho de la isla denunciaron con vehemencia el problema en aquellas catarsis colectivas de 2011 que terminaron por conformar los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución.

Hasta qué punto el fenómeno reptaba por las pantorrillas de la nación que el lineamiento 120 instaba —y todavía insta— a elevar la calidad y la jerarquía de los planes generales de ordenamiento y a rescatar la disciplina territorial y urbana. Sigue leyendo

En el reino de Olofi

En el reino de Olofi“A mí me baja Yemayá —confiesa Juana Digna Cartaya frente al altar que rige los destinos de su casa, en el barrio África de Yaguajay—. Sé cuándo me va a pasar: es como si algo muy grande me cubriera y dejo de ser yo, sin que pueda hacer nada para impedirlo”.

Luego vuelve en sí, poco a poco, con el sonido de los tambores, y no logra recordar qué hizo mientras su cuerpo lo montaba la deidad. Así le sucede siempre, desde que su abuela le descubrió la gracia y le enseñó las muchas formas de servir al panteón yoruba.

“El que diga que se acuerda es porque no bajó el santo de verdad —aclara Juana—. Fíjate si todo es decisión del orisha que a veces no me he sentido bien y, para que se mantenga lejos y yo pueda ir al toque sin montarme, preparo un amarre; pero si Yemayá quiere venir, no hay remedio que valga”.

Deslumbrado por tales manifestaciones de fervor religioso, abundantes en Cuba desde el inicio de la trata negrera, el sabio cubano don Fernando Ortiz describió para la posteridad “ese terequeté o característico desorden, generalmente convulsivo, durante el cual se doblan, pierden la conciencia de su propia personalidad, adoptando una distinta, (…) que habla lenguas extrañas, baila, profetiza, se enfurece y golpea, come candela y ejecuta con analgesia actos comúnmente dolorosos”. Sigue leyendo

Eran las manos del Che

Eran las manos del ChePor 400 000 dólares un agente de la CIA, disfrazado de experto del Museo Británico, intentó comprar las manos del Che. La anécdota la cuenta Juan Coronel, miembro del Partido Comunista Boliviano, quien, junto al abogado y reportero de Cochabamba Víctor Zannier, formó parte de un intrincado plan para sacar del país andino las manos del guerrillero y hacerlas llegar a Cuba.

El propio periodista las había encontrado en el apartamento de Antonio Arguedas, ministro del Interior de Bolivia en aquel momento, con instrucciones expresas y detalladas del funcionario sobre cómo buscar en el suelo debajo de su cama una urna de madera tapizada “con terciopelo rojo y un acabado muy elegante”.

De modo que, cuando Zannier arribó a La Habana a bordo de un avión de Aeroflot con el maletín entre las piernas el 6 de enero de 1970, concluía una operación de gran envergadura en la que intervinieron varias naciones y por la que no pocos arriesgaron sus vidas. Sigue leyendo