Archivo mensual: diciembre 2015

El 17D y el perro de Pavlov

El 17D y el perro de PavlovUna cosa es La Habana convertida en pasarela para que Annie Leibovitz retrate a Rihanna desnuda en un cuarto de mala muerte y, de paso, le diga al mundo: “Sí, sí, Cuba entera es esa pared desconchada y esos carros de los años 50 que todavía caminan”; una cosa es aparecer de sopetón en las revistas de viajes y en los itinerarios de los turoperadores como un destino que pareciera salir de la nada, y otra —bien diferente— es creer que semejante destape pudiera indicar que en estos últimos meses ha cambiado algo. Y donde digo “algo” léase la vida real de los cubanos.

Ni Katy Perry deslumbrada con el talento de los niños de La Colmenita, supongo que sorprendida de que en este país haya niños que canten y bailen; ni Mick Jagger dando cintura en la Fábrica de Arte Cubano; mucho menos el Secretario de Agricultura de los Estados Unidos manoseando piñas y plátanos y aguacates y papayas en el mercado agropecuario del Vedado han conseguido nada más que dispararnos las expectativas en plan perro de Pavlov.

Pero la vida real de los cubanos no es un experimento conductista, por más que a veces lo parezca. Llega un punto en que el perro se cansa de salivar. Llega un punto en que uno necesita más que el golpe de efecto de medio mundo paseándose por La Habana. Sigue leyendo

Si no hay plata, los matamos aquí mismo

Si no hay plata, los matamos aquí mismoDebo habérmelo topado en alguna cola de domingos en la Feria Agropecuaria, o en el concierto de los Van Van en la Plaza Cultural, o a bordo de un coche. Pudimos coincidir en una esquina de Sancti Spíritus, mientras él llevaba a sus hijos a Los Caballitos y yo rabiaba esperando la ruta 4. Puede que hasta nos hayamos saludado.

Pero no fue en la ciudad que compartimos hasta hace cinco meses, sino en las imágenes de la prensa internacional donde vi por primera vez a Osmel García Monteagudo; más bien, donde vi su pasaporte.

El documento, fotografiado por la agencia AFP, se bastaba solo para probar que, en efecto, Osmel había obtenido la visa de Costa Rica con fecha del 16 de noviembre. Y allí estaba entonces, dejando que los periodistas retrataran esa especie de carné con hojas de colores que abría a más no poder, como si con semejante gesto pudiera evitar lo inevitable: que quedara en entredicho su estatus migratorio.

En entredicho, no; en un limbo legal se encuentran desde hace semanas los miles de cubanos que, como Osmel, se fueron aglomerando en la frontera entre Costa Rica y Nicaragua luego de que quedara desarticulada una red de tráfico de personas. Dicen que les llaman coyotes. Sigue leyendo

Mis amigos de la primaria no me dejarán mentir

Mis amigos de la primaria no me dejarán mentirVeo a Laidí, mi profesora de quinto y sexto grado, y la saludo con esa mezcla de cariño y respeto que solo inspiran las maestras de escuela primaria; porque una vez en la secundaria, seamos francos, entre la presión que ejerce el grupo sobre el adolescente y las hormonas haciendo lo suyo, el profesor va perdiendo de a poco su omnipotencia.

Veo a Laidí y recuerdo, inevitablemente, la otra feliz que fui en la Nguyen Van Troi de Sagua la Grande, un plantel educacional de los más reputados en aquella época y que hoy ya no tiene lo que se dice personalidad jurídica: fue fusionado, supongo que por obra y gracia de algún reordenamiento, con la escuela primaria José de la Luz y Caballero, su archienemiga histórica.

Para que se tenga una idea: en casi todas las competencias de bandas, tablas gimnásticas, cantorías infantiles y concursos de conocimientos, la Van Troi y la José de la Luz pulseaban en las finales y una de las dos se llevaba el gato al agua por foto finish, cuando no compartían premio. De modo que esa fusión, para la pionera beligerante que fui, estaba fuera de todo pronóstico.

Pero mucho ha llovido desde entonces, es una realidad, y que de la Van Troi apenas quede el cascarón prestado a los alumnos de otra escuela no mella en lo más mínimo los recuerdos de varias generaciones de sagüeros. Sigue leyendo