Archivo mensual: enero 2016

Catarsis en alguna parte

Catarsis en alguna parteIncreíble lo que una puede escuchar en una guagua. No ya en una Yutong, donde por lo general la gente sube rumiando por lo desvencijadas que están y lo caras que siguen costando; sino en una Girón repleta de niños que participarían en una competencia de canto.

Lo de menos eran los tripulantes, pequeños entre la edad de la peseta y el inicio de la adolescencia que forman parte de un proyecto sociocultural de Trinidad y tienen —como todos alguna vez— la ilusión de llegar a convertirse en bailarines o cantantes. Ellos estaban en lo suyo: oliendo un limón para entretener el mareo o vocalizando por enésima vez antes de salir al escenario.

Lo sorprendente no fue ni siquiera la demora del ómnibus, que recogió a los niños dos horas después de lo planificado —horario de Cultura le llaman—; sino las declaraciones que, a viva voz y durante el trayecto, vino dando el chofer, como desahogándose.

La emprendió contra el sistema de la Cultura, para comenzar por casa: que mira lo tarde que era y esos niños llevaban tanto tiempo esperando; que no fue su culpa, que a él lo llamaron cuando la primera guagua se rompió porque imagínate, no le dan mantenimiento y a estos tarecos viejos hay que pasarles la mano, comprarles piezas y destinarles combustible, en lugar de beneficiar tanto los carros de los cuadros, que total, hasta donde él sabe la cultura no se hace en reuniones. Sigue leyendo

Más furioso que rápido

Más furioso que rápidoAquello no era un bache; era un cráter en plena autopista nacional. El carro iba a 110 kilómetros por hora, una velocidad de tortuga en cualquier vía rápida del mundo, pero que en la única carretera de su tipo en Cuba —¿o debería decir: en la mitad de Cuba?— clasifica como velocidad de riesgo.

Iba a 110 kilómetros por hora a las 10 de la noche. Y llegado este punto un lector cubano pudiera reprocharme: “Pero, ¿tú estás loca? ¿Quién no sabe que a esa hora no se puede coger la autopista?”; preguntas que viran la tortilla y me culpan a mí por lo que debería ser responsabilidad de quienes tienen a su cargo el mantenimiento de ese “roto, agujereado” espinazo de asfalto.

Para terminar el cuento: el carro iba a 110 kilómetros por hora sin más iluminación que el tímido reflejo de los focos cuando las ruedas delanteras cayeron, haciendo un estruendo de pánico, en lo que más bien parecía una falla tectónica.

“Me cago en…”, vociferó el chofer, que aún debió recorrer 15 o 20 metros más antes de arrimarse a la cuneta porque otros dos carros ya habían caído en la misma cuarteadura del camino y sus ocupantes hurgaban bajo sus correspondientes armazones metálicas, dispuestas en fila india. Sigue leyendo

Hostales en Trinidad: la marea del turismo

Hostales en Trinidad la marea del turismoQue el 2015 fue un año sin precedentes para el turismo en Cuba es a estas alturas, cuando menos, una verdad de Perogrullo. Basta leer los artículos de la prensa nacional, que auguran una cifra récord de 3.5 millones de visitantes extranjeros al cierre de diciembre, lo que significaría un 18 por ciento de crecimiento con relación a 2014.

Pero los números en blanco y negro no les dicen tanto a los propietarios de hostales en Trinidad como el hecho de que sus habitaciones apenas hayan dado abasto de enero a diciembre o, como ellos suelen decir, se hayan mantenido overbooking.

“En este pueblo el turismo es como la zafra, que cuando el central muele la gente está contenta, pero en tiempo muerto hay que salir a buscarse la vida —explica Mercedes Gómez con una peculiar analogía—. En Trinidad la zafra del 2015 ha durado de punta a cabo”.

Dándose sillón en la sala de su casa, que más bien parece un museo de artes decorativas, Mercedes describe los ciclos de su negocio sin necesidad de recurrir a documento alguno: “De septiembre a mediados de noviembre y los meses de mayo y junio son casi siempre de baja turística; de diciembre a febrero entran en su apogeo los viajes de familia, y en julio y agosto, los de playa”.

Pero en 2015 los períodos habituales no funcionaron exactamente así. El pasado año la avalancha de visitantes extranjeros desbordó por mucho los picos de ocupación en las temporadas más exitosas que ella recuerde, que no han sido pocas en las dos décadas que lleva regentando un hostal en pleno centro histórico de la tercera villa de Cuba. Sigue leyendo

Hostales en Trinidad: las verdes y las maduras

Hostales en Trinidad las verdes y las madurasA cada rato, mientras recoge la mesa donde desayunaron sus huéspedes y le encarga a la empleada el menú del mediodía, Mercedes Gómez recuerda una de las primeras reuniones, hace casi 20 años, cuando en Trinidad comenzaba el boom de los hostales particulares.

“El Estado no necesita para nada los ingresos de este tipo de turismo”, concluyó categórico un funcionario que, durante casi una hora, se había encargado de ponerlos en su sitio: el país les permitía que arrendaran habitaciones pero, que conste, no porque los hoteles estatales no dieran abasto, sino para que ellos pudieran tener ingresos. Más bien parecía un favor.

Mercedes se acuerda de aquella arenga y hasta siente pena por el orador de turno: “El pobre —me dice—, ¿quién iba a decirle que hoy los negocios por cuenta propia iban a aportar más del 50 por ciento de los ingresos del municipio y que, en lugar de tratarnos como parias, hasta nos reconocen públicamente por televisión?”.

Sentada en su sala de puntal altísimo, se mece con insistencia en la comadrita mientras evoca las verdes y las maduras por las que ha debido pasar desde que en 1996 decidió aprovechar los atractivos y la amplitud de su casa, levantada en el siglo XVIII en pleno Centro Histórico de Trinidad, para exprimir esa mina de oro que es el turismo. Sigue leyendo