El Aedes y la seguridad nacional

El Aedes y la seguridad nacional“No tengo tanques, ni cubos llenos de agua, ni vasos espirituales”, le digo al operario de la campaña que, sin insistir demasiado en la revisión, me pide el visto, anota algo, firma y se va sin haber puesto un pie dentro de la casa. Cierro la puerta y sigo lavando, como vengo haciendo un sábado sí y otro no desde que trabajo.

La escena, repetida cíclicamente con alguna que otra alteración —operarios más o menos jóvenes, con linternas o sin ellas—, quiere decir una de dos cosas: que no entran a revisar, muy a pesar de mi evidente ajetreo doméstico, porque la zona donde vivo es la única libre de mosquito en Sancti Spíritus, un municipio con altos índices de infestación, o que los propios encargados de eliminar el vector no están al tanto del peligro real que un solo Aedes aegypti supone.

Para ser justa, sin embargo, debo conjugar el verbo en copretérito: no estaban al tanto, porque desde hace apenas unas semanas, cuando la epidemia de zika comenzó a saltar fronteras y a expandirse por casi todo el cuerpo de América, la campaña antivectorial en Cuba se ha desperezado de su tradicional abulia y ha retomado el cariz de apremio que siempre debió tener. Hoy, incluso, cuando ya hay casos de zika confirmados, linda con el pánico.

No lo digo yo, que viendo los escalofriantes estragos del zika en Brasil le he pedido —suplicado casi— al operario de la motomochila que me inunde de humo la casa, que fumigue dentro del baño y bajo las camas; lo dice la prensa nacional, que da cobertura al despliegue inusitado hasta de efectivos militares en una campaña profiláctica que comienza en los aeropuertos y las aduanas, pero que debería terminar en cada salidero de esquina, en cada tubería de aguas albañales que se escurre calle abajo.

Conscientes de que los operarios de vectores —los oficiales, a los que les pagan por ello— no darían abasto y que tienen parte de responsabilidad en que el mosquito se haya acomodado a sus anchas en campos y ciudades cubanas; conscientes también de que el zika ha dicho aquí estoy yo sin que haya fallado ni una alarma en frontera, las autoridades de Salud Pública reconocen que necesitan ayuda para resolver una situación higiénico-epidemiológica que los sobrepasa y en la que mucho pudieran aportar las Fuerzas Armadas Revolucionarias, que en definitiva están para garantizar la seguridad nacional.

Y la seguridad nacional pasa ahora mismo por erradicar una enfermedad sobre la que no se tienen muchas certezas pero sí la sospecha de que, además de los síntomas comunes al dengue y al chikungunya, pudiera derivar en malformaciones en los fetos de las gestantes que lo haya contraído.

Si en los países del continente americano en los que ya se reportan casos el zika está causando espanto, ¿cómo sería en Cuba, con la necesidad —más bien urgencia— de aumentar la natalidad, consignada en cuanto informe y estrategia se concibe para mediano y largo plazos? ¿Habrá que decirle a las mujeres en edad fértil: ahora no salgan embarazadas o esperen a que pasen los nueve meses debajo de un mosquitero, prácticamente ingresadas? En edad fértil como estoy y sin hijos todavía, fue ese supuesto extremo el que comenzó a atormentar mi reloj biológico.

Quiero ser optimista y creer que no, que el zika no echará raíces en Cuba como su pariente cercano, el dengue; o que algún científico trasnochado descubrirá una vacuna que distribuirá luego, sin agarrarse de la patente para lucrar con lo que debería ser un bien de todos: el derecho universal a los servicios de salud gratuitos y de calidad.

Quiero ser más optimista aún: quiero creer que cuando pase el peligro inminente del zika, si Dios quiere y pasa, la campaña antivectorial en Cuba regresará a sus cauces habituales y a un ritmo en el que normalidad no signifique necesariamente desgano.

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Un comentario en “El Aedes y la seguridad nacional

  1. Aunque un obseso con la privacidad,comprendo tambien que mis derechos terminan donde comienzan los de los demas .El gobierno hace lo correcto en exigir examinar las casas,tampoco creo que tengan segunda intensiones pues la seguridad del estado no necesita husmear en un hogar para saber que se guarda debajo de la cama.Pero tu comentario sobre el hipotetico futuro compatriota, me dio risa,me recordo el cuento de Juana la lista..Lo conoces?..sino te lo contare cuando,el mes proximo, compartas el prometido cafe.

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