Archivo mensual: abril 2016

Cuenca Zaza: ¿surtidor o vertedero?

Cuenca Zaza surtidor o vertederoSi la cuenca del río Zaza, la segunda más extensa de Cuba, solo recibiera los desechos orgánicos de las más de 250 000 personas que viven en sus 2 413 kilómetros cuadrados; si asimilara únicamente las 1 430 toneladas de residuos domésticos que la gente lanza por tragantes, tuberías y desagües, aun así tardaría más de medio siglo en revertirse el grado de contaminación que sus propios habitantes le vienen prodigando.

Pero la cuenca Zaza, la infeliz, recibe además con estoicismo militante los vertimientos industriales de buena parte de las empresas ubicadas en sus márgenes, incluyendo la muy perniciosa refinería Sergio Soto, de Cabaiguán; los residuales altamente tóxicos del hospital provincial Camilo Cienfuegos, y hasta los desperdicios de las cochiqueras que se multiplican como por ensalmo en la zona, ya sean gestionadas por entidades estatales o por criadores particulares.

“Es un supiadero enorme, la gente no tiene conciencia de lo que hace”, explica la espirituana Ofelia Díaz con el aval de haber vivido durante dos décadas a unos 30 metros del río Zaza, columna vertebral de la cuenca. Y mientras describe los perros muertos, los sacos de escombros y las jabas de nylon que ha visto lanzar allí, apunta la manguera hacia el corral con sus siete cerdos y los baña “como todas las tardes”, sin imaginar que los vestigios de su limpieza irán a parar al mismo espejo de agua. Sigue leyendo

La miel salió sin cocaína

La miel salió sin cocaínaSeguro como está del control de la calidad puertas adentro de su empresa, Delso Viciedo, especialista comercial de la Planta de Beneficio de la Miel en Sancti Spíritus, concluye su breve diálogo con este equipo de prensa usando una frase radical: “Ustedes están perdiendo el tiempo aquí, adonde tienen que ir es al puerto de Colón, en Panamá”.

Y hasta allá iría Cuba profunda, si pudiera, con el propósito de desentrañar los pormenores de una bola que lanzó al ruedo mediático hace apenas unos días la agencia EFE y que ha puesto en tela de juicio no solo la inocuidad de los productos manufacturados por la planta espirituana, sino lo que es aún más grave: el compromiso de Cuba en la lucha contra el narcotráfico.

Según las versiones de la citada agencia, el 14 de abril la Policía Nacional de Panamá incautó en el puerto de Colón 401 kilogramos de cocaína, transportados en un contenedor que había sido embarcado en el Puerto de Mariel y cuyo destino final sería Bélgica.

Pero hasta los propios funcionarios de Panamá han tenido que decir “digo” donde habían dicho “Diego” ante las pesquisas llevadas a cabo por las autoridades cubanas, que pusieron nombre y apellidos al contenedor, localizaron su procedencia y revisaron la documentación pertinente: había sido cargado en Sancti Spíritus y contenía miel de abejas en 60 bidones de metal de 200 litros cada uno; miel de abejas, no de caña, como originalmente había informado la policía panameña, un entuerto que se presume haya inspirado el nombre de la operación: Caña Brava. Sigue leyendo

La batalla retórica

La batalla retóricaConvengamos en un punto: nuestra retórica es precaria. Y no lo digo porque hayamos tenido a Obama luciéndose por La Habana y robándole el show a Pánfilo con naturalidad, como si fuese un cubano del montón. No lo digo por eso —aunque llegado este punto es imposible eludir la comparación—, sino por el exceso de frases hechas, clichés de barricada y obsolescencia argumental que oigo casi a diario y que terminan minando los discursos que deberían emocionarnos. Y si no emocionarnos, al menos no resultarnos indiferentes.

Basta con asistir a una asamblea X del sector Y para comprobarlo. Reunión que se respete tiene un orden del día y un orador, que por lo general comienza con la muy socorrida elipsis: “Decirles que”, en lugar de: “Quiero decirles que”, un vicio del lenguaje burocrático que los lingüistas detestan pero que pareciera estar de moda entre funcionarios y cuadros. Reunión que se respete debe tener también varios participantes, mejor aún si coinciden y apuntalan su sintonía con frases más o menos similares: “en igual período del año anterior”, “el tema de”, “las causales de las problemáticas” y los “niveles de recursos”. Este último, con variante cariñosa de “un nivelito” si el recurso es poco.

Ellos no tienen la culpa, aclaro, de ese empleo limitado y maniqueo del idioma, ni de que los temas sean temas, ni de que las comparaciones necesiten puntos de referencia y la forma que han encontrado de ilustrar avances o retrocesos sea mirando 360 grados hacia atrás.

La culpa es —o eso creo— de una formación ciudadana que no está diseñada precisamente para estimular la oratoria persuasiva, la formación de consensos. Yo hasta lo digo a veces: “No te estoy pidiendo permiso, te estoy informando”. Puertas adentro de la casa suele funcionar; pero puertas afuera… Sigue leyendo

Trinidad: los días sin agua

Trinidad los días sin aguaMás de 25 pesos cubanos convertibles (CUC) ha llegado a pagar Nereida López por una pipa de agua que le dura lo que un merengue en la puerta de un colegio. “Unos 4 000 litros cada siete días”, aclara con la seguridad de quien ha calculado gota a gota toda el agua: la que compra a sobreprecio porque no le queda más remedio para mantener a flote su negocio, la que le llega por las tuberías apenas unas horas en ciclos cada vez más distendidos y hasta la que cae del cielo, escasa como las demás pero que ella recoge con un ingenioso sistema de canales adosados al colgadizo.

“En Trinidad tenemos un trauma con el agua”, sentencia y todo en derredor suyo parece darle la razón: la psicosis con que friega un vaso y cierra el grifo, friega un plato y cierra el grifo, llena un pomo y cierra el grifo; la cisterna que repleta ahora mismo, mientras conversamos, con una manguera kilométrica que atraviesa la casa colonial de punta a cabo; los tres tanques de 55 galones que tiene de reserva en el fondo del patio para que no los vean los turistas.

En la tercera villa de Cuba la obsesión de acaparar el líquido es tal que ni siquiera la proliferación del Aedes Aegypti, mosquito transmisor del dengue que vive a sus anchas en los depósitos de agua estancada; ni siquiera el riesgo de una epidemia como esa, que ha amenazado varias veces con espantar el turismo, ha conseguido que la gente renuncie a acumular todo el agua que le sea posible. Sigue leyendo