Cuenca Zaza: ¿surtidor o vertedero?

Cuenca Zaza surtidor o vertederoSi la cuenca del río Zaza, la segunda más extensa de Cuba, solo recibiera los desechos orgánicos de las más de 250 000 personas que viven en sus 2 413 kilómetros cuadrados; si asimilara únicamente las 1 430 toneladas de residuos domésticos que la gente lanza por tragantes, tuberías y desagües, aun así tardaría más de medio siglo en revertirse el grado de contaminación que sus propios habitantes le vienen prodigando.

Pero la cuenca Zaza, la infeliz, recibe además con estoicismo militante los vertimientos industriales de buena parte de las empresas ubicadas en sus márgenes, incluyendo la muy perniciosa refinería Sergio Soto, de Cabaiguán; los residuales altamente tóxicos del hospital provincial Camilo Cienfuegos, y hasta los desperdicios de las cochiqueras que se multiplican como por ensalmo en la zona, ya sean gestionadas por entidades estatales o por criadores particulares.

“Es un supiadero enorme, la gente no tiene conciencia de lo que hace”, explica la espirituana Ofelia Díaz con el aval de haber vivido durante dos décadas a unos 30 metros del río Zaza, columna vertebral de la cuenca. Y mientras describe los perros muertos, los sacos de escombros y las jabas de nylon que ha visto lanzar allí, apunta la manguera hacia el corral con sus siete cerdos y los baña “como todas las tardes”, sin imaginar que los vestigios de su limpieza irán a parar al mismo espejo de agua.

No por gusto los especialistas en manejo ambiental, tanto del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos (INRH) como del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (Citma), han coincidido en señalar la gran densidad de población como el principal riesgo al que se expone la cuenca; un riesgo no solo por los niveles de desecho que la actividad doméstica genera, sino sobre todo por la explotación de los recursos naturales con fines económicos.

Según asegura Néstor Álvarez Cruz, jefe de brigada de la Unidad de Medio Ambiente de la delegación provincial del Citma, el 63 por ciento de la carga contaminante que se tributa al río Zaza por todos sus afluentes, cañadas y otros escurrimientos procede de residuos domésticos, compuestos en su mayoría por remanentes de fregado, lavado, limpieza de las casas, detergentes, solventes, desinfectantes, así como del proceso higiénico-sanitario, es decir, contaminación con heces fecales humanas y de animales. El 63 por ciento, una cifra que pone el grito en el cielo.

Con áreas en nueve municipios —dos de Villa Clara y siete espirituanos—, dimensiones que equivalen al 2.2 por ciento del territorio nacional y 170 asentamientos que han crecido en sus riberas, la cuenca luce sobrecargada, aún más si se tiene en cuenta que el 90 por ciento de sus terrenos clasifican como superficie agrícola, lo cual conlleva, necesariamente, a la escasa cobertura boscosa y a la erosión de los suelos, que hoy figuran como puntos rojos en todos los informes.

“Y si pensamos que cada espirituano produce más comida que cualquier ciudadano de este país, tenemos que decir que se lo debemos a esta cuenca, nuestra principal riqueza desde el punto de vista agroproductivo”, ha declarado a la prensa el doctor en Ciencias Geográficas Ignacio González Ramírez, que alcanzó ese grado científico precisamente con una propuesta de modelo diagnóstico para la planificación ambiental de estos ecosistemas.

“Estamos hablando del territorio que alimenta a una gran cantidad de población, que a pesar de su estado críticamente insostenible tiene una capacidad productiva enorme. No podemos pensar en dejar de explotarla, al contrario, tiene que ser la prioridad para buscar alternativas que permitan lograr el equilibrio”, sostiene.

En 2013 concluyó el llamado planeamiento ambiental, pero antes, mucho antes ya andaban los expertos preocupados por un área particularmente compleja en la que han crecido cuatro presas, entre ellas la Zaza, la mayor de Cuba.

Hasta aquel embalse, de hecho, han llegado los estragos de la contaminación. De ello da fe Arsenio Marrero, un guajiro que plantó su rancho al cantío de un gallo del acuatorio y que jura haber visto en más de una ocasión la mancha inconfundible de los peces muertos. “Hace años que no pasa, es la verdad, porque dicen que hay mucha gente pendiente”, aclara.

Y por “mucha gente pendiente” entiéndase el Consejo de la Cuenca Zaza, creado en 1998, un organismo de dirección integrado por todas las entidades que tienen vela en ese entierro y que sigue a punta de lápiz los aumentos o disminuciones de la carga contaminante, los avances o retrocesos de la reforestación y las inversiones en materia de tratamiento de residuales que pudieran aliviar la polución.

En reciente análisis de la citada comisión, se le puso nombre y apellidos a los progresos: unidades subordinadas a la Empresa Porcina llevaron a cabo la reparación de colectoras de desechos líquidos hasta las lagunas, así como la elaboración de proyectos de biodigestores; el Ministerio de la Agricultura ejecuta un plan de incremento de las capacidades de tratamiento de residuales en cooperativas que se encuentran aguas arriba de fuentes de abasto a la población; la Empresa Agroindustrial de Granos Sur del Jíbaro desarrolló un programa para la desobstrucción de los canales de desagüe, lo cual mejoró la circulación del agua hacia la zona costera; la Empresa Azucarera Sancti Spíritus aplicó soluciones en el drenaje de pluviales del central Melanio Hernández para disminuir la cantidad de residuales a tratar, y el central Uruguay se proyectó con vistas a la culminación de la laguna de ácidos.

De hecho, el redimensionamiento de la industria azucarera hace ya casi una década contribuyó de carambola a reducir en varias toneladas los desechos tóxicos, pues tres de los ingenios que vertían a la cuenca detuvieron sus tachos y, con ellos, las cantidades industriales del llamado mosto que iban a parar a la Zaza.

De todo se ha probado, desde imponer multas y decretos a quienes invaden la tan vituperada franja hidrorreguladora —20 metros a ambos lados de ríos y afluentes—, impulsar campañas de reforestación intensiva, hasta impartir charlas en las escuelas de la zona para fomentar desde edades tempranas una cultura ecológica que hoy, sinceramente, no todos tienen.

En esa cuerda, los científicos espirituanos han elaborado propuestas de valía como, por ejemplo, el desarrollo de ecomuseos en la región, una alternativa que busca crear la conciencia en los pobladores hacia la protección del medio ambiente.

Hace apenas unos meses, el Consejo de la Administración Provincial aprobó un proyecto de colaboración extranjera auspiciado por WWF Holanda y el Fondo Nacional para el Desarrollo Forestal que permitirá diagnosticar el estado actual de los bosques, los suelos y las aguas en un área específica de la cuenca Zaza.

Con un presupuesto estimado de 49 000 euros y 87 330 pesos en moneda nacional, las acciones se llevarán a cabo durante todo el 2016 y deberán beneficiar a los gobiernos locales, organismos de la administración presentes en la zona seleccionada para el estudio, campesinos, usufructuarios, asentamientos poblacionales y, en general, el Consejo de la cuenca del río Zaza, que recibirá un apoyo inestimable en esa especie de cruzada por el mejoramiento ambiental.

“¿Otro estudio? —cuestiona Ofelia Díaz junto a su corral de puercos, ya puesta sobre aviso de la posible visita de expertos extranjeros—, si lo que han sobrado son estudios y entrevistas y monitoreos. Aquí lo que hace falta es que estudien menos y se pongan a vigilar la cuenca, pero de verdad”.

(Publicado originalmente en Progreso Semanal)

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2 comentarios en “Cuenca Zaza: ¿surtidor o vertedero?

  1. Copio de Gisselle:

    ..Pero la cuenca Zaza, la infeliz, recibe además con estoicismo militante los vertimientos industriales de buena parte de las empresas ubicadas en..


    Ja Ja Ese estoicismo militante es definitivamente formidable. ?Seias tan amable de publicarme al menos este comentario? Je Je, No prometo portarme bien pues se que soy incorregible. Te todas formas, aunque no lei todo la entrada, felicidades por esa frase.
    Tuyo. (Je Je )
    El imagotable.

  2. El gran problema de la cuenca hidrográfica del río Zaza es que nunca la pensamos como lo que es, un ecosistemas en una isla, donde cualquier tipo de gestión que no sea sostenible va a causar fuertes impactos y casi todos negativos; en la vida real hacemos la gestión del agua, los suelos, los recursos forestales, paisajísticos, sociales, económicos y hasta etc, como si el archipiélago cubano fuera Australia (una isla continente); ese es el gran problema, no nos damos cuenta que somos isleños, que no podemos hacer la gestión, como se hace en Rusia, China, Venezuela, Brasil o los E.U.A.
    Seguimos aplicando los paradigmas tradicionales para su gestión (el ingenieril de los años 70 del pasado siglo) cuando todo se quiere solucionar con concreto, obras hidráulicas, maquinaria, NPK, pesticidas, hervicidas, la industria química y ahora además con transgénicos.
    La cuenca Zaza, necesita de una gestión integrada que piense primero que todo en el agua, la biodiversidad, los bosques, los suelos, la zona costera; pensar en salvar y gestionar los servicios AMBIENTALES que genera ese ecosistema y todos los ecossistemas y sólo cuando esto ocurra estaremos trabajando bajo el paradigma de un desarrollo sostenible real.

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