Acercar el pienso a la guanaja

Acercar el pienso a la guanajaMientras en las comunidades del Sancti Spíritus profundo el pasado año se reparaban los viales de acceso, se eliminaban tendederas eléctricas que parecían haber llegado para quedarse y hasta se daba colorete a escuelas y consultorios médicos; mientras mejoraban las condiciones de vida como parte de un programa gubernamental bien diseñado, a muy pocos lugareños les interesaba realmente de dónde salía el dinero.

“Para eso están los jefes, para llevar las cuentas. Lo mío es que terminen de destupir la cañería para que cuando caiga un aguacero los niños no tengan que entrar al aula en chalán”, le comentaba una vecina de Tunas de Zaza a este equipo de prensa en noviembre.

Y pudiera tener razón, aunque solo en la parte que corresponde a directivos y funcionarios públicos, que sí están encargados de ejecutar y administrar los presupuestos. En lo de desentenderse por completo de la gestión de los fondos, la tunera está equivocada.

La distorsión de sus apreciaciones no sería su culpa, en última instancia. Tan acostumbrada está la ciudadanía a acatar lo que le viene “de arriba”, que una parte no desdeñable apenas se cuestiona en qué se emplean los recursos, en qué se invierte o en qué se gasta.

Precisamente para comenzar a eliminar el excesivo verticalismo de la gestión económica nacional y conceder autonomía a los gobiernos locales, el país implementa un grupo de políticas que persiguen la descentralización de funciones y la creación de fondos en los territorios para su propia gestión y desarrollo; una estrategia que un filósofo de potrero ha calificado como “acercar el pienso a la guanaja”.

La Ley No. 113, Del sistema tributario, aprobada por la Asamblea Nacional del Poder Popular en el 2012, ya esbozaba entre sus tributos la llamada contribución territorial para el desarrollo local que, según la propia legislación en sus artículos 305 y 306, se establece para el desarrollo sostenible de los municipios y grava los ingresos por la comercialización de bienes o prestación de servicios que obtengan las empresas, sociedades mercantiles y cooperativas, por sí mismas y por sus establecimientos, sin perjuicio del municipio en que estén enclavados.

“Los ingresos recaudados por este concepto —suscribe el documento— se destinan al financiamiento de actividades dirigidas a garantizar el desarrollo territorial sostenible, a través de la gestión de los consejos de la administración municipales”.

No son cifras despreciables, sobre todo si se tiene en cuenta que ascienden al 1 por ciento de los ingresos de cada una de las entidades plantadas en el territorio; un monto que, no obstante, en el 2014 fue a parar íntegramente al presupuesto del Estado porque en ese entonces no existía reglamento que normara su ejecución. O sea, se recaudó pero no se ejecutó.

De ello da fe Yudiana Afonso Álvarez, al frente de la Dirección Provincial de Finanzas y Precios en Sancti Spíritus, quien pone la fecha en blanco y negro: en septiembre pasado se dio la facultad a los Consejos de la Administración Municipales para emplear ese dinero en gastos corrientes, porque la ley del presupuesto del 2015 no permitía utilizarlo en gastos de inversiones.

Este año, sin embargo, se flexibiliza la utilización de la contribución al permitirse que con los recursos captados por este tributo puedan financiarse inversiones, lo que ayuda a incrementar las fuentes de ingresos de los territorios para su desarrollo, según acotó Lina Pedraza Rodríguez, ministra de Finanzas y Precios, al presentar la Ley del Presupuesto del Estado para el 2016, en la Asamblea Nacional, el 29 de diciembre del 2015.

En buen cubano: que todas las personas jurídicas deben aportar a sus respectivos municipios, lo que obviamente redundará en beneficios para las arcas locales.

Para todas en Sancti Spíritus, excepto para las arcas gubernamentales de Trinidad, pues en virtud de la misma ley se exceptúan del pago “aquellos sujetos que resulten obligados, por estar ubicados en zonas declaradas priorizadas para la conservación, al pago de una contribución para la restauración y preservación de estas zonas, de conformidad con lo legalmente establecido”.

En la tercera villa de Cuba las entidades no pagan el 1 por ciento a la cuenta del municipio, sino el 2 por ciento de sus ingresos en moneda libremente convertible y el 1 por ciento en moneda nacional a la Oficina del Conservador de la Ciudad. Pero lo importante no es que el fondo exista —uno más en el erario público—, sino que el Consejo de la Administración Municipal tenga la prerrogativa de decidir en qué se va a emplear. Así, independientemente y de forma colegiada, sin que luego venga el Gobierno provincial a mover fichas en un dominó que no es de su competencia.

“El fondo solo puede ser empleado en el territorio donde se genera”, enfatiza Roberto Fajardo Veloso, vicepresidente del Consejo de la Administración Provincial que atiende el programa de desarrollo económico y social, a sabiendas de que esa determinación rotunda es un arma de doble filo: por un lado, asegura que el dinero recogido por ese concepto no salga de la jurisdicción; pero, por otro, pone en desventaja a los municipios con menos actividad económica que, como es lógico, conseguirán montos más exiguos.

En tal desbalance ya han reparado los economistas de academia, que no consideran la diferencia de ingresos como un elemento demasiado conflictivo, y los economistas de la vida doméstica, algunos de los cuales han dejado constancia de su preocupación en los foros de Cubadebate.

“Está bien que los territorios tengan un presupuesto para gastos internos, pero los municipios que no tengan casi nada van a quedar muy por detrás de aquellos que cuenten con empresas grandes —comentó un internauta que se hacía llamar Efe—. Me pregunto, ¿dónde queda la igualdad? Yo vivo en Yaguajay, Sancti Spíritus, aquí qué pudiera pasar”.

Las estadísticas son elocuentes: la ciudad que más ha recaudado por concepto del célebre 1 por ciento es la capital provincial, porque a ella tributan las grandes empresas enclavadas en su perímetro, y los beneficios comienzan a notarse en el remozamiento de centros de Salud y de Educación, en áreas bajo el patronato de Comunales y, sobre todo, en la reparación de viales rurales, confirman fuentes de la Dirección Provincial de Finanzas y Precios.

No obstante, una simple ojeada a los rumbos que hasta ahora ha tomado el tributo revela que aún ha sido insuficiente la inversión de estos dineros en contextos que estimulen efectivamente el desarrollo.

Para conseguirlo, sin embargo, los Consejos de la Administración Municipales aún deberán ganar en autonomía, pues aunque se decide en esa instancia de gobierno, corresponde al Ministerio de Finanzas y Precios permitir centralmente la ejecución del fondo.

“Hasta ahora, cada vez que lo hemos pedido no ha habido problemas, el dinero se ha autorizado, pero el país está evaluando la posibilidad de eliminar este paso, que es un burocratismo innecesario”, acota Yudiana Afonso. Innecesario y que contradice el espíritu mismo de la contribución, una suerte de maná caído del cielo para los menguados presupuestos territoriales.

Eso es, en definitiva, lo que la gente reclamaba con vehemencia: que sea en el propio municipio donde se decida qué rumbo tomará cada centavo, que se invierta en algo más que planes cosméticos y curitas de ocasión y, sobre todo, que el tan cacareado desarrollo local deje de ser un asunto que se incluye en los informes porque está de moda, pero que se cuela con cierta suspicacia.

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3 comentarios en “Acercar el pienso a la guanaja

  1. Se supone que en los pueblos que tienen centros turisticos y que generan divisas, haya “cierta” prosperidad, pero no es asi. Y cito 2 ejemplos concretos: Soroa, en Pinar del Rio y Lagos de Mayajigua, en Santi Spiritus. Lo que se aprecia en ambos lugares en pura miseria y abandono. El dinero sale disparado para las arcas del estado, pero no se invierte ni un centavo en los pueblos aledaños. No se si llamarle sicateria o indolencia. Pudieran ser ambas.

  2. Creo que puede ser una oportunidad para mejoras en pueblos nuestros como los mencionados por Jose. No sé hasta que punto las mejoras puedan ser significativas con el nuevo presupuesto que deberían haber comenzado a percibir según nos expone Gissi, desde el septiembre pasado aproximadamente. Por otra parte sí me parece bien, por ahora al menos, que el presupuesto se invierta únicamente en las zonas donde se obtienen, es un primer paso para contribuir un poquitico, a que dichas zonas continúen percibiendo tales entradas, pues dichas zonas siempre van a necesitar intercambiar de una forma u otra con su entorno. Garantizar y fortalecer tales puntos, creo que pudiera significar contribuir a garantizar y fortalecer nuestra economía en general. Sobre el resto de los municipos… no sé si sea idílico pedir, buscar, promover, trabajar en que sean también rentables, en construir sus fuentes de desarrollo sostenibles, no sé si pudieran estar por ese camino las respuestas, porque de lo contrario temo que sea como el chiste de hacer sopa con el pollo sano…

    Ahora, sobre estos otros municipios nuestros que no tendrían la entrada del 1% o que sería como si no la tuvieran, que urgen de construcción de fuentes que financien su desarrollo ¿pudieran provenir estas fuentes únicamente de las actividades económicas aprobadas hasta el momento en el sector privado?

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