Archivo mensual: junio 2016

Una película de ficción

Una película de ficciónLa primera mentira que dijiste en tu vida fue aquella de “coppelia: kiosco grande para vender helado”. Lo tienes claro porque tu madre se ha encargado de recordártelo cada vez que te sorprende medio gaga, intentando ensartar excusas para no preocuparla. Pero ella, que te conoce como nadie porque te parió, te mira con una ceja arqueada y te desarma con su clásico: “¿Me vas a decir eso? ¿A mí?”.

Y no te queda más remedio que bajar la cabeza, cambiarle la conversación o hilvanarle otro argumento, esta vez redoblando el esfuerzo porque hay cosas que a los padres, definitivamente, no se les puede contar.

La segunda mentira ya fue más pública. Estarías en cuarto o quinto grado y era una de esas tardes en que los muchachos jugaban en el patio de la escuela a-la-una-mi-mula, a la solterona o a brincar dentro del tablero del pon que pintabas en el suelo con una tiza blanca. Era —eso sí— una época en que los padres no les hacían las tareas a los hijos con copia y pega de Internet y mucho menos las imprimían a láser. Todos merendaban discos de aceite y sal, con o sin limonada.

Estabas allí, sentada en un círculo con tus compañeras de aula, cada una intentando lucir más adulta que la de al lado. Que si una sale al parque los domingos, que si la otra está aprendiendo a cocinar, que si a aquella la dejan ver las películas del sábado. Sigue leyendo

Sueño de país

Sueño de paísNo hay que darle tantas vueltas: el tabloide que está siendo sometido a consulta popular desde el pasado 15 de junio y hasta el 20 de septiembre con dos textos emanados del VII Congreso del Partido es un documento denso. Denso y difícil de comprender para un ciudadano no avezado en abstracciones y estrategias.

La suerte, al menos para mí, es el glosario que le encasquetaron al final y hace las veces de tabla salvadora para quienes no chocan a diario con términos especializados como sociedad civil socialista, deuda pública, políticas macroeconómicas, prospectiva, formación bruta de capital…

Sin embargo, muy a pesar del intenso ejercicio de concentración que demanda, un cubano medianamente interesado en el país donde vive y, sobre todo, en el que vivirá los próximos años, tiene el deber cívico de desmontar cada párrafo y buscarle la quinta pata al gato de la nación que se le propone en dos documentos: Conceptualización del modelo económico y social cubano de desarrollo socialista y Plan nacional de desarrollo económico y social hasta 2030: Propuesta de visión de la nación, ejes y sectores estratégicos.

Sobre qué principios se sustentaría la Cuba idílica, cuáles serían sus relaciones de propiedad sobre los medios de producción, quién llevaría las riendas de su economía y los ejes de su política social trata, esencialmente, el primero de los textos, que establece los límites del socialismo próspero y sostenible perfilado en el Congreso del Partido. Sigue leyendo

El cuento de Bonilla

El cuento de BonillaPara Dayamis y Brito, que lo vivieron en tiempo real. Para Castellanos, donde quiera que esté.

Bonilla se llamaba el hombre, y era un negro alto y corpulento al que habían escogido como delegado en Corina para que toreara los problemas de la comunidad. Y al parecer habían escogido bien, porque cuando llegué dando tumbos a aquel paraje medio perdido en el monte de Fomento todos los lugareños me lo encomendaban: “Tienes que ver a Bonilla, que de eso que tú preguntas nadie te puede hablar mejor que él”.

Y entrevisté guajiros de todo tipo, de los que se dejaban poner la grabadora delante y los que halaban para atrás cuando les decía que era periodista; de los que habían nacido en esos rumbos a la buena de Dios y no querían bajar nunca al pueblo y de los que se aburrían de lo lindo mientras intentaban —casi siempre en vano— mudarse para la ciudad; gente sana como no suele cultivarse en el asfalto, espontánea como para llenar de frases ocurrente el reportaje y tan hospitalaria como para brindarme cada cinco minutos una jícara de café.

Un día entero en aquel fin del mundo tratando de entender cómo se vive en los caseríos que no aparecen en el mapa y, aun así, no coincidí ni una sola vez con Bonilla. “Pero, ¿no lo has visto? —me decían—. Acaba de pasar por aquí”. Y, a seguidas, la descripción: “Muchacha, si no tiene pérdida: es un negro altísimo, traba’o, que anda con un pullover azul. Cuando lo veas, vas a saber que es él”. Sigue leyendo

Orden por cuenta propia

Orden por cuenta propiaEn una caja de zapatos Maritza González conserva religiosamente los comprobantes de todo lo que adquiere: aceite de oliva, carne de res, cajas de pollo, langosta, condimentos, servilletas, papel sanitario, menaje de cocina…

“Por guardar, guardo hasta los bonos de recarga de mi cuenta de Internet”, se defiende como gata boca arriba mientras enseña la caja repleta de tickets, esa especie de alcancía donde va depositando los recibos con la esperanza de que les sean descontados luego como gastos, tal y como dicta la ley.

Semejante estrategia han adoptado casi todos los dueños de negocios consultados por este equipo de prensa en Sancti Spíritus, y los que no, han llegado a contratar a alguien para que se encargue de las cuentas. “De eso ni me preguntes —se desentiende el propietario del paladar Bola 8—, a mí el papeleo me lo lleva el gestor”.

Lo que ninguno de ellos pone en el mural pero se infiere de la diversidad de los menús y de la estabilidad del servicio es que una parte para nada despreciable de las materias primas no han sido adquiridas en las shoppings ni en los mercados estatales, una realidad con la que ha venido dándose cabezazos el trabajo por cuenta propia desde hace décadas pero que resulta particularmente notoria hoy, cuando más de medio millón de personas se dedican en Cuba a alguna de las más de 200 actividades descritas en la Resolución 42/2013 de Ministerio de Trabajo y Seguridad Social. Sigue leyendo

Hay patentes y patentes

Hay patentes y patentesApenas unos meses antes de que Cuba abriera las talanqueras para la iniciativa privada, un proceso al que se le dio el eufemístico nombre de “flexibilización del trabajo por cuenta propia”; apenas unos meses antes de tal parteaguas andaba yo presumiendo de haber entrevistado a un desmochador de palmas.

Reinaldo Lorenzo Rodríguez Castellanos se llama. O se llamaba, no sé bien, porque aquel guajiro de ley cogía palma arriba con unos instintos y una resolución que parecían de gato temerario. Reinaldo Lorenzo Rodríguez Castellanos, aunque desde hace décadas en ese fin del mundo que es El Cacahual, metido en medio del Escambray espirituano, todos lo conocen por Nene.

Y sucede que a Nene le pagaban hasta entonces por trepar con dos sogas y más coraje que nervios en palmas reales y palmas canas, por lidiar con los troncos resbalosos y los repletos de espinas, por aguantarse allá arriba solo con los arreos y “dar más machete que Maceo en Peralejo” para tumbar pencas y palmiche, y deslizarlos por otra soga para que no se maltrataran. A Nene le pagaron por eso durante más de 40 años en una empresa forestal.

Pero desde octubre de 2010, cuando la figura del desmochador de palmas cayó en la lista de 178 actividades que el país autorizó a que sus ciudadanos ejercieran por su cuenta y riesgo —lo de riesgo, en el caso de Nene, léase literalmente—, ya él no recibe un salario del Estado por tusar como gallo fino las lomas del Escambray. Ahora Nene, si no se ha recostado a la palma de la jubilación con sus más de 70 años, debe estar pagando una patente por ejercer un oficio que no quiere casi nadie. Sigue leyendo