Archivo mensual: septiembre 2016

El quinquenio de Cuba profunda

el-quinquenio-de-cuba-profundaCreía yo que sería cuestión de coser y cantar esto de alimentar un blog una vez por semana. Creía yo que tendría siempre sobre qué escribir —controversial y desconcertante como es la realidad cubana— y, sobre todo, tiempo y ganas para hacerlo. En cinco años, no obstante, me han sobrado oportunidades para poner los pies sobre la tierra.

Sigo creyendo, eso sí, lo que publiqué a modo de editorial en aquel septiembre de 2011: “Hay demasiada hojarasca, demasiada información insulsa en Internet, al punto de exacerbar mi ya de por sí exacerbado escepticismo. Sin embargo, me confieso en deuda con la red de redes precisamente por haber despabilado en mí esa capacidad de dudar, de poner en tela de juicio todo, o casi todo, que no es lo mismo, como se sabe, pero es igual.

“Así que de pronto me encuentro tirando esta botella al mar de los gigabytes, intentando mantener a flote un blog similar a otros miles que se erigen en esa suerte de trinchera para la libertad de expresión.

“Ni siquiera sabría explicar exactamente de qué vamos, tampoco lo creo necesario: hay misterios indefinibles, como las metáforas o la poesía. Tal vez de eso es que vamos, en busca del misterio”. Sigue leyendo

Bajo el mostrador

bajo-el-mostradorEl vendedor debió compadecerse cuando me vio allí, parada frente a la tarima con cara de perro triste, justo la cara que se te pone cuando buscas desesperadamente con qué hacer una sopa y apenas distingues boniato, ají cachucha y plátano burro sobre el mostrador. Eso sí, boniato, ají cachucha y plátano burro con sus precios visibles en la tablilla y en total correspondencia con las cotas fijadas para su comercialización.

Pero con boniato, ají cachucha y plátano burro no se hace una sopa para paliar la ingesta —lo que mi abuela llamaba un empacho—, sino con malanga, esa vianda que, no sé en el resto de Cuba, pero en Sancti Spíritus pareciera estar en peligro de extinción. Tú preguntas en los Mercados Agropecuarios Estatales y los dependientes te miran como si anduvieras buscando la pieza de un trasbordador espacial.

Este vendedor, sin embargo, debió percibir que mi malestar generalizado y mi insistencia con la malanga no eran un ardid de inspectora encubierta, sino una mala digestión como Dios manda, porque me miró de arriba abajo, se aseguró de que no hubiese nadie más en varios metros a la redonda y me asestó un “espérate, mima” mientras desaparecía bajo el mostrador con una jaba de nylon. Sigue leyendo

¿La cura contra el fraude eléctrico?

la-cura-contra-el-fraude-electrico“A ver, tía, dónde se lo pongo”, le dio a escoger el operario que llegó, metrocontador infrarrojo en mano, a sustituir el equipo digital que le habían instalado hace apenas unos años.

Tenía que ser en la fachada, por más que ella le explicara a la brigada de la empresa eléctrica que su vivienda estaba en pleno Centro Histórico y que esa caja plástica atornillada a unos centímetros de la puerta lucía fatal. “Lo sabemos, tía —le habían dicho—, pero eso ya no es culpa nuestra; lo de nosotros es dejar instalado el metrocontador infrarrojo y aquí afuera es donde tiene que estar”.

Sonia Guerra, como otros miles de trinitarios que habitan la zona declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad, no pensó que los nuevos equipos de medición eléctrica invadieran los gruesos muros de mampuesto levantados a finales del siglo XVIII o principios del XIX, ni que la Oficina del Conservador de Trinidad y el Valle de los Ingenios se rindiese sin siquiera luchar por la preservación de la visualidad urbana, seriamente comprometida con esos artefactos posmodernos.

“Pero donde manda capitán, no manda soldado, así que yo les dije: pónganlo ahí mismo, y ahí mismo está”, sostiene sin disimular demasiado la molestia que había comenzado algunos meses antes, cuando la nueva tecnología saltó del rumor a la realidad. Sigue leyendo